miércoles, 16 de septiembre de 2026
sábado, 18 de abril de 2026
Cascos con protección nasal del mundo hispano alto medieval, y escandinavo del siglo XI
En esta ocasión os voy a hablar del denominado spangenhelm con protección nasal, el cual constituye uno de los tipos de casco más difundidos en la Europa altomedieval, siendo ampliamente reconocido tanto en contextos cristianos como escandinavos. Su uso se documenta, al menos, desde el siglo IX, momento en el cual se consolida como una pieza fundamental del equipo defensivo de las élites guerreras.
Durante el siglo IX, este tipo de casco se caracterizaba por una construcción segmentada: varias placas metálicas se ensamblaban mediante remaches sobre una estructura, generalmente reforzada por bandas (los spangen), que convergían en la parte superior. Este sistema permitía una fabricación relativamente eficiente y adaptable, lo que favoreció su amplia difusión por Europa occidental.
A lo largo del siglo X se observa una fase de transición en su desarrollo técnico. Progresivamente, el modelo segmentado fue dando paso a cascos forjados en una sola pieza de metal, eliminando la necesidad de remaches estructurales. Este proceso culmina en el siglo XI con la aparición de formas más evolucionadas, como el denominado tipo “Olmutz”, en el que tanto la calota como el nasal se integran en una única estructura metálica.
Desde el punto de vista tipológico, el casco mantiene una notable continuidad: un capacete de forma semiesférica o cónica provisto de protección nasal. No obstante, el cambio en las técnicas de fabricación supone una mejora significativa en términos de resistencia y durabilidad.
En el ámbito de la Península Ibérica, este tipo de casco tuvo una notable presencia entre los siglos IX y XI, siendo probablemente uno de los más utilizados por las élites militares y los caballeros. Su difusión en este territorio se inscribe dentro de un contexto más amplio de intercambios culturales y tecnológicos en la Europa medieval.
Resulta particularmente significativo que este modelo terminara por imponerse también en el mundo escandinavo. Mientras que los cascos de los siglos IX y comienzos del X en Escandinavia presentan características propias, en el siglo XI se observa una clara convergencia hacia formas más comunes en Europa occidental. En consecuencia, la imagen del guerrero escandinavo de este periodo se aproxima más a la de sus contemporáneos francos o hispanos que a la de los vikingos de épocas anteriores.
Hispania de los Vikingos 2026. Los yelmos de Gjermundbu (siglo IX inicios del X). Fotos de caballeros de Ulver
Hispania de los Vikingos 2026. Fotos de la Voz de El Espinar
sábado, 7 de marzo de 2026
Dos soldados godos en una granja hispano romana.
jueves, 5 de marzo de 2026
lunes, 2 de marzo de 2026
Caballeros pactando sus mesnadas
El profesor Amancio Isla, nos describe en su libro ejercito y sociedad de la península ibérica entre los siglos VII y XI. Como para el siglo XI la guerra y el arte militar era una cuestión de nobleza aristocrática. Es decir, eran los nobles los que pactaban las guerras, acudían a las guerras y se preocupaban por la política de guerra. El campesino veía todos estos conflictos como una forma de poder asemejarse a la aristocracia cuando participaban en los conflictos o litigios bélicos.
(...) El ejercito no se pretende ya el conjunto del pueblo como en la época visigoda. En la alta edad media no era sino la aristocracia la que llamaba a la guerra. Aunque existían obligaciones generales de acudir a la expedición, el ejercito era el colectivo de los magnates y la cuantía de hombres dispuestos al combate que aportaban, es decir, lo que en las fuentes podría perfilarse como los aristócratas y sus gentes; las mesnadas, los sequitos (..)
Esto viene relacionado con la formación anárquica de los ejércitos alto medievales en la Hispania cristiana. Pues realmente los mismos no existían como tales, sino que como describe Amancio Isla, eran los nobles, los que convocaban a las mesnadas sacadas de campesinado, formando grupos indeterminados en numero de gentes sin formación para la guerra, mercenarios de pago, a los que se unían los caballeros y aristócratas.
















































