lunes, 28 de septiembre de 2026

El negro Pereira: el falangista africano que la historia olvidó

El episodio que vamos a abordar hoy es uno de esos relatos poco conocidos que apenas han logrado sobrevivir al paso de los años. Más aún en una época en la que determinados capítulos del pasado difícilmente encuentran espacio para el análisis y el debate cuando se apartan de la interpretación considerada oficial. Desde esta perspectiva, hablar de un negro falangista, miembro destacado del partido, activista, y estimado por sus compañeros, se hace difícil de entender, al presentarnos de manera oficial el nacional sindicalismo de la falange, como una ideología cercana al Nacional Socialismo alemán. pero no... lo cierto es que las ideas del nacional sindicalismo español, nunca fueron, o se centraron en la raza como eje fundamental de sus ideas.. Prueba de ello es la historia que voy a abordar hoy, rescatando con ello este curioso episodio, y dándole el peso historio que se merece. Hoy vamos a hablar del conocido como; El negro Pereira.

Para ello retrocedamos a las fotografías de la Falange de los primeros años, donde aparecen rostros que el tiempo terminó convirtiendo en nombres conocidos. José Antonio Primo de Rivera, Julio Ruiz de Alda, Ramiro Ledesma Ramos, Onésimo Redondo. Hombres fotografiados en mítines, reuniones políticas, entierros o formaciones de camisas azules. Junto a ellos aparecen otros a quienes la Historia apenas concedió unas líneas. Entre estos últimos hubo un hombre cuya presencia resultaba difícil de ignorar. Era negro. Se llamaba Antonio Gonzálvez Pereira, aunque para sus camaradas fue sencillamente el Negro Pereira.

Su historia constituye una de las biografías más singulares de aquella primera Falange anterior a la Guerra Civil. Pereira no fue un teórico del nacionalsindicalismo, no escribió libros ni artículos doctrinales, no pronunció grandes discursos y tampoco perteneció al pequeño círculo de intelectuales que intentó dotar de contenido ideológico al nuevo movimiento. Su nombre apenas ocupa espacio en las grandes historias dedicadas al fascismo español. Y, sin embargo, estuvo extraordinariamente cerca de algunos de sus fundadores, participó en aquella organización cuando pertenecer a Falange significaba todavía militar en un pequeño partido radical y terminó muriendo junto a varios de sus dirigentes en uno de los episodios más trágicos del Madrid de 1936.

Reconstruir su vida no resulta sencillo. Muchos de los datos biográficos que conocemos actualmente fueron recuperados décadas después, entre otros, por Juan Manuel Cepeda en sus investigaciones sobre la primera Falange y la denominada memoria azul. Esto obliga a caminar con cierta prudencia. Algunos episodios pueden contrastarse mediante documentación contemporánea; otros proceden de recuerdos, testimonios y reconstrucciones posteriores. La historia de Pereira se encuentra precisamente en esa frontera incómoda entre el documento y la memoria, entre aquello que sabemos y aquello que durante décadas se contó sobre él.

Había nacido hacia 1904 en lo que las fuentes de la época denominaban África portuguesa. Su origen africano explica probablemente el apellido portugués y, naturalmente, aquel rasgo físico que terminaría sustituyendo prácticamente a su nombre en el recuerdo de sus camaradas. En la España de los años veinte un hombre negro constituía todavía una presencia poco habitual, y más aún dentro de los ambientes militares y políticos en los que acabaría desenvolviéndose.

Siendo joven ingresó en la Legión Española. No era una institución cualquiera. Creada en 1920 para combatir fundamentalmente en Marruecos, la Legión había desarrollado rápidamente una identidad propia construida alrededor de la disciplina, el compañerismo, el sacrificio y una relación casi mística con la muerte. Aquella retórica, que hoy puede resultar extraña, impregnaba profundamente el espíritu legionario de la época. Para un joven africano llegado a España, además, el Ejército podía constituir una poderosa vía de integración social.

Según las reconstrucciones biográficas publicadas sobre él, Pereira alcanzó el empleo de sargento y habría recibido en 1927 la Cruz de María Cristina por sus servicios militares. Es uno de esos datos repetidos posteriormente en las semblanzas dedicadas a su figura que merecería todavía una investigación documental específica en los archivos militares, porque su expediente completo permitiría conocer mucho mejor unos años de su vida sobre los que apenas sabemos nada.

En algún momento de aquel recorrido su destino se cruzó con el de Julio Ruiz de Alda. El encuentro cambiaría su vida.

Ruiz de Alda era entonces una celebridad nacional. Aviador militar y uno de los tripulantes del Plus Ultra, había participado en 1926 en el histórico vuelo que unió Palos de la Frontera con Buenos Aires. Aquella hazaña había convertido a sus protagonistas en personajes populares en toda España. Cuando Pereira dejó la Legión terminó trabajando como chófer de Ruiz de Alda y, con el tiempo, desempeñó también funciones de acompañamiento y protección personal.

La relación entre ambos parece haber sido mucho más estrecha que la existente entre un simple empleado y su patrón. Debió de desarrollarse entre ellos una considerable confianza personal. Y esa relación explica en buena medida que cuando Ruiz de Alda se involucró en la creación de un nuevo movimiento político, Pereira terminara siguiéndolo.

El 29 de octubre de 1933 tuvo lugar en el Teatro de la Comedia de Madrid el acto considerado tradicionalmente como la presentación pública de Falange Española. Allí hablaron Alfonso García Valdecasas, Julio Ruiz de Alda y José Antonio Primo de Rivera. La imagen posterior de Falange, inevitablemente condicionada por la Guerra Civil y por su posterior integración en el sistema político franquista, puede deformar nuestra percepción de lo que aquel movimiento representaba en 1933.

Stanley G. Payne, en su conocido estudio Falange. Historia del fascismo español, insistió precisamente en las reducidas dimensiones iniciales del movimiento y en sus dificultades para conquistar un espacio propio dentro de la política española. La Falange que conoció Pereira no era todavía una organización de masas. Era un partido pequeño, radical, con escasos recursos y rodeado de adversarios.

Pereira se incorporó a aquella primera Falange y quedó también relacionado con la Central Obrera Nacional-Sindicalista, la CONS, mediante la cual los falangistas pretendían introducir su proyecto nacionalsindicalista en el mundo obrero. Su militancia parece haber estado estrechamente vinculada a Ruiz de Alda. No conservamos escritos políticos de Pereira ni reflexiones suyas acerca del fascismo, el sindicalismo o el nacionalismo, de modo que sería aventurado atribuirle una sofisticación doctrinal que desconocemos. Lo que sí aparece constantemente cuando se rastrea su trayectoria es su fidelidad personal hacia el aviador y su patriotismo español. 

Pereira conducía su automóvil, lo acompañaba y, cuando las circunstancias lo exigían, contribuía a protegerlo. Era uno de aquellos hombres que permanecían unos pasos detrás de quienes ocupaban el centro de las fotografías.

La España republicana estaba entrando en una etapa cada vez más violenta. La política comenzaba a abandonar los parlamentos para continuar en las calles. Organizaciones de diferentes tendencias desarrollaban grupos de protección, juventudes uniformadas y estructuras de carácter paramilitar. Los atentados y las represalias comenzaron a alimentar una dinámica en la que cada muerto justificaba el siguiente.

El historiador Eduardo González Calleja ha dedicado buena parte de sus investigaciones precisamente al fenómeno de la violencia política durante la Segunda República. Sus trabajos permiten comprender que aquella violencia no perteneció exclusivamente a una organización o a un único espacio ideológico. Existieron culturas de confrontación revolucionarias y contrarrevolucionarias que fueron alimentándose mutuamente dentro de una sociedad progresivamente polarizada. En el caso de Falange, la violencia adquirió además una dimensión doctrinal particular: la acción directa, la disciplina, el sacrificio y la imagen del militante dispuesto a morir comenzaron a formar parte de su propia cultura política. Es de suponer que un antiguo legionario como Pereira no debía de sentirse extraño dentro de aquel universo.

El 3 de julio de 1934 fue detenido en Madrid junto a Sinforiano Moldes, otro personaje peculiar de aquella Falange primitiva, procedente del mundo anarcosindicalista. Según la documentación recuperada posteriormente por Juan Manuel Cepeda, la policía encontró a Pereira una pistola del calibre 7,65 y ocho cartuchos. Fue puesto en libertad, aunque poco después volvió a ser detenido durante una redada policial realizada en la sede falangista de la calle Marqués de Riscal.

Fuera de aquel mundo de política, pistolas y enfrentamientos existía, sin embargo, otro Pereira. Estaba casado con una mujer sevillana llamada María Galindo Cano y el matrimonio vivía en Madrid, en el número 82 de la calle Zurbano. Es uno de esos pequeños datos aparentemente irrelevantes que de pronto devuelven humanidad a un personaje histórico. Pereira tenía una casa, una esposa, un trabajo y una existencia cotidiana. Antes de convertirse en una pequeña nota al pie de la historia de Falange había sido simplemente un hombre intentando construir una vida en Madrid.

Las elecciones de febrero de 1936 y la victoria del Frente Popular abrieron una nueva fase de enfrentamiento político. Durante aquella primavera se multiplicaron las agresiones, los atentados y las represalias. Falange participó activamente en aquella espiral violenta y, al mismo tiempo, sufrió la muerte de numerosos militantes. Joan Maria Thomàs, uno de los historiadores que más extensamente ha estudiado el falangismo, ha mostrado cómo durante aquellos meses el movimiento se radicalizó mientras la represión gubernamental trataba de desarticularlo. La organización fue ilegalizada y José Antonio Primo de Rivera y numerosos dirigentes y militantes acabaron detenidos.

Pereira fue arrestado nuevamente en marzo de 1936 y terminó encerrado en la Cárcel Modelo de Madrid. Allí volvió a encontrarse con Julio Ruiz de Alda.

Cuando el 18 de julio comenzó la sublevación militar que desembocaría en la Guerra Civil, Pereira continuaba preso. Madrid permaneció bajo control de la República y las cárceles de la capital comenzaron a concentrar a militares, falangistas, monárquicos, derechistas y personas consideradas sospechosas de simpatizar con la rebelión. La Modelo se convirtió así en una prisión en la que estaban recluidos algunos personajes importantes de la derecha española. Entre ellos se encontraban Julio Ruiz de Alda y Fernando Primo de Rivera, hermano de José Antonio. También estaba Pereira.

El antiguo chófer permanecía nuevamente cerca del hombre al que había acompañado durante años, aunque esta vez ninguno de los dos disponía de un automóvil con el que marcharse.

El 22 de agosto de 1936 todo terminó.

Madrid vivía entonces bajo una tensión difícil de imaginar. La guerra apenas llevaba unas semanas, circulaban noticias sobre asesinatos cometidos en ambos territorios, existía un miedo obsesivo a la quinta columna y los rumores sobre conspiraciones y fugas se propagaban con enorme facilidad. Aquel día se produjo un incendio en la Cárcel Modelo y grupos de milicianos acabaron penetrando en el recinto. Las autoridades republicanas fueron incapaces de recuperar eficazmente el control de la situación. Se improvisaron interrogatorios y comenzaron las ejecuciones.

Fue uno de los episodios más graves de violencia política ocurridos en Madrid durante aquellos primeros meses de guerra. los "rojos" entraron en la carcel para fusilar a todos los disidentes ideologicos que estaban encerrados sin poder defenderse

Entre los asesinados se encontraban Julio Ruiz de Alda, Fernando Primo de Rivera y José María Albiñana. También murió Sinforiano Moldes. Y si, también Antonio Gonzálvez Pereira.

Una referencia periodística posterior hablaría expresamente de la muerte de «Julio Ruiz de Alda y su chófer, el negro Pereira». Incluso después de muerto seguía siendo identificado por las dos características que habían marcado su existencia pública: su color y su relación con Ruiz de Alda.

Existe una narración mucho más dramática acerca de sus últimos minutos. Según la reconstrucción difundida posteriormente por Juan Manuel Cepeda a partir de testimonios sobre lo sucedido en la prisión, Pereira habría recibido varios disparos sin morir inmediatamente. El doctor Groizard y Gerardo González Sampedro, que tenía conocimientos sanitarios, habrían intentado atenderlo. Mientras trataban de salvarle la vida, una miliciana relacionada con la CNT habría aparecido y lo habría rematado de un disparo, en el suelo, a sangre fría y completamente indefenso. 

Algunas versiones no demostrables, pues todo lo relacionado con Pereira es muy difuso y carente de documentación historia evidente, atribuyen determinadas palabras a su mujer mujer antes de que fuera asesinado a sangre fría. 

Es precisamente aquí donde conviene detenerse. El asesinato de Pereira durante los sucesos de la Modelo está suficientemente establecido. Los detalles exactos de sus últimos minutos no poseen necesariamente el mismo grado de certeza documental. Proceden fundamentalmente de testimonios y reconstrucciones posteriores conservados dentro de la memoria falangista. Pueden contener elementos ciertos, pero el historiador debe distinguir entre un hecho acreditado y una escena reconstruida décadas después. Sabemos que Pereira murió. Sabemos dónde y cuándo. Resulta mucho más difícil afirmar exactamente cómo fueron sus últimos segundos.

En el día de su muerte tenía aproximadamente treinta y dos años. Su amigo y compañero Julio Ruiz de Alda murió aquel mismo día. En el mismo lugar, y junto a su camarada.

De alguna manera, aquella relación que había comenzado años atrás terminó también junta.

No obstante, a pesar de su trágico final, Pereira todavía iba a aparecer una última vez en la documentación de aquella España en guerra, y esta vez no sería a través de un recuerdo escrito muchos años después.

En noviembre de 1936 José Antonio Primo de Rivera estaba siendo juzgado en Alicante. Durante uno de los interrogatorios apareció una pregunta acerca de un hombre negro supuestamente relacionado con su protección personal. José Antonio negó reconocer al individuo al que parecía referirse la acusación y realizó entonces una precisión extraordinariamente reveladora. El único negro que conocía, explicó, era Antonio Pereira, afiliado a Falange y especialmente vinculado a Ruiz de Alda.

Más allá de las pequeñas diferencias existentes entre las transcripciones que posteriormente circularon del proceso, la referencia posee un considerable valor histórico. José Antonio conocía a Pereira. Sabía que pertenecía a Falange y, sobre todo, lo identificaba por el vínculo personal que había unido al africano con Julio Ruiz de Alda.

Cuando José Antonio pronunció aquellas palabras, Pereira llevaba casi tres meses muerto. Ruiz de Alda también. Y pocos días después, el 20 de noviembre de 1936, el propio José Antonio sería fusilado en Alicante.

La presencia de Antonio Gonzálvez Pereira dentro de la Falange fundacional plantea inevitablemente otra cuestión. Un hombre negro militando en una organización fascista europea de los años treinta parece, contemplado desde el presente, una contradicción inmediata. Pero esa impresión nace en buena medida de identificar automáticamente todos los fascismos europeos con el sistema racial desarrollado por el nacionalsocialismo alemán.

No eran fenómenos idénticos. La historiografía del fascismo español, desde los trabajos clásicos de Stanley G. Payne hasta investigaciones posteriores de autores como Joan Maria Thomàs, ha mostrado las semejanzas existentes entre Falange y los movimientos fascistas europeos, pero también sus peculiaridades. El falangismo compartió con ellos el ultranacionalismo, el antiparlamentarismo, la organización jerárquica, la exaltación de la juventud, la movilización política y la legitimación de la violencia. Sin embargo, su concepción nacional estaba profundamente condicionada por la tradición histórica española, el pasado imperial y la idea de Hispanidad. La cuestión racial no ocupó en la doctrina falangista fundacional la posición central y biológica que alcanzó en el nacionalsocialismo alemán.

La existencia de Pereira no permite, naturalmente, sacar conclusiones generales sobre las actitudes raciales de todos los falangistas. Pero sí demuestra algo mucho más concreto y difícil de discutir: un hombre negro pudo militar en la Falange fundacional, relacionarse personalmente con sus dirigentes y desenvolverse durante años en el círculo inmediato de uno de sus fundadores sin que su origen africano impidiera su integración en el movimiento.

Y quizá sea precisamente ahí donde su historia adquiere una dimensión que supera la mera curiosidad.

Los movimientos políticos suelen sobrevivir en los libros a través de quienes escribieron sus doctrinas y pronunciaron sus discursos. Recordamos a los fundadores, a los ideólogos y a quienes llegaron al poder. Pero las organizaciones políticas estuvieron compuestas también por hombres cuyos nombres raramente alcanzaron las páginas de los grandes estudios históricos. Chóferes, escoltas, enlaces, militantes que transportaban propaganda, vigilaban una puerta, conducían durante la noche o acompañaban a un dirigente. Pereira fue uno de ellos.

Un africano nacido bajo dominio portugués que terminó vistiendo el uniforme de la Legión española. Un soldado que acabó conduciendo el automóvil de uno de los aviadores más famosos de España. Un chófer que siguió a aquel hombre hasta una pequeña organización política recién fundada. Un negro entre las camisas azules de la primera Falange. Un hombre casado con una sevillana que vivía en la calle Zurbano. Un militante armado durante los años violentos de la República. Un preso encerrado en la Modelo cuando España comenzó a matarse a sí misma.

Y finalmente, uno de los muertos del 22 de agosto de 1936.

Pereira no llegó a conocer la Falange multitudinaria de la Guerra Civil ni su unificación forzosa por Franco en 1937. No conoció el partido único, ni los ministerios, ni los gobernadores civiles, ni los grandes desfiles de la posguerra. La Falange que él conoció había sido otra. La pequeña. La peligrosa. La de las reuniones clandestinas en locales modestos, las detenciones, las pistolas ocultas bajo la ropa y los militantes que conocían personalmente a sus dirigentes.

Su Falange fue la de antes de la guerra. Tal vez por eso resulte insuficiente contemplar al Negro Pereira simplemente como una extravagancia histórica, como aquel extraño «falangista negro» que aparece inesperadamente en una fotografía de los años treinta. Su breve biografía contiene muchas de las contradicciones de aquella generación: África y España, la guerra de Marruecos y la política madrileña, la Legión y el fascismo, la camaradería y la violencia propia de la inestabilidad política de la 2º republica, la vida cotidiana y finalmente la Guerra Civil.

La Historia conservó muy pocas palabras de Antonio Gonzálvez Pereira. En realidad, casi ninguna. Fueron siempre otros quienes hablaron de él.

Quizá por eso, cuando intentamos reconstruir hoy su existencia, encontramos una y otra vez la misma imagen: la de un hombre situado unos pasos detrás de los protagonistas, suficientemente cerca para acompañarlos en la Historia, pero demasiado lejos para que la Historia se acordara de preguntarle quién era. Posiblemente su temprano asesinato en la cárcel a manos de republicanos madrileños, impidió igualmente que el personaje jugara un rol importante en la guerra civil, quien sabe.. ¿habría sido conocido?, ¿habría realizado grandes hazañas?, ¿hoy su nombre sería mencionado?.. Nunca lo sabremos. Solo sabemos, que él, junto con otros muchos "idealistas de ambos bandos en aquellos tiempos, jugaron un papel secundario dentro del protagonismo principal de la historia. 

viernes, 18 de septiembre de 2026

Las cruzadas nacieron como respuesta a la conquista islámica del reino Bizantino

Normalmente, en el inconsciente popular europeo, solemos ver las Cruzadas como una empresa de los caballeros cristianos occidentales por conquistar, dominar y acaparar una tierra lejana y ajena a nosotros. Una tierra en la que el islam vivía controlando pacíficamente sus territorios, sin meterse con nadie, hasta la llegada de los imperialistas europeos.

Pocas veces, sin embargo, se enfoca el contexto de las Cruzadas desde una perspectiva histórica más amplia: como el intento por parte de la cristiandad de recuperar unas tierras que habían sido cristianas durante siglos antes de quedar bajo dominio musulmán.

Porque la realidad es que las Cruzadas no surgieron de la nada ni comenzaron con la llegada de los caballeros occidentales a Oriente. Las cruzadas, Fueron precedidas por siglos de expansión y conquistas musulmanas sobre territorios que anteriormente habían formado parte del mundo cristiano.

Por tanto, reducir las Cruzadas simplemente a un intento imperialista occidental por conquistar tierras árabes deja fuera una parte fundamental de su contexto histórico. Una respuesta a una expansión y a unos conflictos que habían comenzado mucho antes con el auge y apogeo del islam

Pero para comprender realmente cómo se llegó hasta allí, debemos empezar desde el principio.. 

Cuando el papa Urbano II tomó la palabra ante los reunidos en el Concilio de Clermont, el 27 de noviembre de 1095, Jerusalén llevaba más de cuatro siglos bajo gobiernos musulmanes. Habían transcurrido aproximadamente 457 años desde la conquista árabe de la ciudad en el siglo VII. Para los hombres que escuchaban al pontífice, por tanto, la pérdida de Jerusalén pertenecía a un pasado remoto. Ninguno de ellos había conocido una Jerusalén cristiana y tampoco sus padres, sus abuelos ni muchas generaciones anteriores. Sin embargo, en la memoria religiosa de la cristiandad aquella ciudad nunca había dejado de ocupar un lugar central.

Este hecho permite abordar las Cruzadas desde una perspectiva que a menudo queda oscurecida cuando la narración comienza directamente en 1095. Porque el Oriente hacia el que marcharon los cruzados no había sido siempre islámico. Al contrario: el islam era históricamente posterior al cristianismo en Jerusalén, Palestina, Siria, Egipto y buena parte del Mediterráneo oriental y norteafricano.

Aún así, y siendo realistas, no podemos ni deseamos afirmar que todo el territorio que acabaría componiendo el mundo islámico hubiera sido anteriormente cristiano. La Arabia en la que nació Mahoma contenía comunidades cristianas y judías, pero también diferentes cultos paganos árabes; Persia era fundamentalmente zoroastriana, aunque poseía importantes comunidades cristianas. Sin embargo, cuando desplazamos la mirada hacia Siria, Palestina y Egipto, la situación cambia radicalmente. A comienzos del siglo VII estas regiones pertenecían al Imperio romano de Oriente y estaban pobladas por comunidades cristianas de diferentes tradiciones. 

El Metropolitan Museum of Art describe precisamente aquel mundo anterior a las conquistas árabes señalando que, al comenzar el siglo VII, los territorios desde Siria hasta Egipto y el norte de África estaban gobernados desde Constantinopla y eran hogar de cristianos ortodoxos, coptos y siríacos, además de comunidades judías y otros grupos religiosos paganos.

El cristianismo, además, no había llegado allí desde Europa. Había nacido allí. Jerusalén era el escenario de la crucifixión y, para los cristianos, de la resurrección de Cristo. Antioquía había sido uno de los grandes centros del cristianismo primitivo. Alejandría se convirtió en una de las grandes sedes episcopales e intelectuales de la Iglesia antigua. Siria produjo teólogos, ascetas y tradiciones monásticas fundamentales. Durante los siglos IV, V y VI, iglesias, monasterios, basílicas y lugares de peregrinación habían transformado profundamente el paisaje religioso de aquellas regiones.

Por ello, cuando los primeros ejércitos musulmanes comenzaron a penetrar en los territorios bizantinos durante el siglo VII no estaban conquistando tierras históricamente islámicas, algo cronológicamente imposible, sino provincias que llevaban siglos vinculadas al cristianismo.

Insisto, evidente no en su totalidad. No podemos afirmar que Palestina había sido «cristiana durante seiscientos años». En el siglo I los cristianos eran una minoría. La transformación religiosa del Imperio romano necesitó siglos. Es históricamente más exacto afirmar que, cuando los ejércitos musulmanes entraron en Palestina, el cristianismo llevaba allí unos seis siglos de existencia y aproximadamente tres siglos ocupando una posición predominante dentro del Imperio romano cristianizado. Lo que si se puede y se debe de afirmar, es que el Islam no ocupó Palestina al menos hasta el siglo VII de nuestra era. 

Mohamed nació aproximadamente en el año 570 después de Cristo, proclamándose el enviado de Dios en el año 610 d C, muriendo en el año 632 d C. En ese momento difícilmente podía imaginarse en la Constantinopla cristiana que, apenas unas décadas después, algunas de las provincias más antiguas y ricas del Imperio habrían desaparecido de su control siendo controladas por una nueva religión de los desiertos. 

La expansión del islam coincidió además con un Bizancio agotado. Durante décadas había combatido contra el Imperio sasánida. Los persas habían conquistado Jerusalén en 614 (no eran aun musulmanes) y se habían apoderado de la Vera Cruz, una catástrofe de enorme significado simbólico para los cristianos. El emperador Heraclio reaccionó mediante una extraordinaria contraofensiva que terminó destruyendo la capacidad persa. Jerusalén regresó al dominio bizantino y Heraclio restituyó solemnemente la reliquia de la Cruz.

Parecía una restauración, pero en realidad era el final de una época.

Los primeros enfrentamientos entre las fuerzas procedentes de Arabia y el mundo bizantino aparecieron ya durante los últimos años de vida de Mahoma. En 629, cerca de Mu'ta, en la actual Jordania, se produjo un enfrentamiento entre una expedición musulmana y fuerzas vinculadas al Imperio bizantino. No fue todavía la gran invasión que transformaría Oriente Próximo, pero anunciaba una frontera que estaba comenzando a moverse.

Tras la muerte de Mahoma y la consolidación del primer califato, la expansión adquirió otra dimensión. En 634 los ejércitos musulmanes penetraron decisivamente en Siria y Palestina. Las fuerzas bizantinas intentaron contenerlos. Cerca de Ajnadayn, probablemente en Palestina, se produjo aquel verano una importante derrota cristiano romana. Meses después, en Fihl, en el valle del Jordán, las fuerzas musulmanas consiguieron otra victoria... el fin del cristainismo en esa parte del mundo era cuestión de tiempos frente al avance de la espada del islam. 

Aún así, si tuviéramos que destacar un enfrentamiento de aquella época, nos decantaríamos por el sucedido en el verano del año 636

A orillas del Yarmuk, un afluente del Jordán, se decidió buena parte del futuro de Oriente Próximo. Allí se enfrentaron las fuerzas del califato y el ejército del emperador Heraclio. Walter E. Kaegi, uno de los grandes especialistas modernos en las conquistas islámicas tempranas, ha señalado la necesidad de reconstruir aquellos acontecimientos utilizando conjuntamente las tradiciones árabes y testimonios cristianos tempranos, pues las cifras proporcionadas por las fuentes medievales son frecuentemente exageradas. Lo que no ofrece dudas es el resultado.

Bizancio sufrió una derrota decisiva. Robert Schick resume la secuencia señalando cómo las victorias musulmanas en Ajnadayn y Fihl desembocaron finalmente en la derrota de un gran ejército cristiano romano en Yarmuk, en agosto de 636. La consecuencia fue extraordinaria: el Imperio perdió su capacidad inmediata para mantener Siria y Palestina.

Damasco quedó bajo dominio musulmán. Las ciudades fueron cayendo o negociando su capitulación. La Jerusalén cristiana resistió durante algún tiempo, pero hacia 638 también ella capituló. El patriarca cristiano de la ciudad era entonces Sofronio de Jerusalén.

Su figura resulta especialmente interesante porque permite contemplar la conquista no desde las crónicas posteriores, sino desde los ojos de un cristiano que vivió aquella catástrofe. Los textos atribuidos a Sofronio reflejan la angustia causada por las incursiones árabes, las matanzas de cristianos y las dificultades para acceder a los lugares santos. 

Sarah Davis-Secord ha estudiado testimonios cristianos griegos, siríacos y coptos relacionados con las primeras conquistas y ha mostrado que estas produjeron episodios de violencia, miedo, cautiverio y desplazamiento, aunque las circunstancias variaron considerablemente según el lugar y el momento.

Jerusalén pasó así de soberanía cristiana a soberanía musulmana. Pero aquí se encuentra uno de los aspectos más interesantes y menos comprendidos de aquella transformación: la conquista musulmana de Palestina (Jerusalén) no convirtió inmediatamente a los territorios en musulmanes. A lo largo de la historia, ninguna conquista trasforma la totalidad de sus gentes y territorios de un día para otro. 

Una cosa era conquistar un área geográfica y otra completamente diferente transformar su religión, su lengua y su cultura.

Las gentes de Jerusalén y Palestina continuaron durante generaciones viviendo allí con grandes comunidades cristianas, eso si, bajo la correspondiente multa o impuesto religioso a los no musulmanes, la popular yizya. Las iglesias no desaparecieron de repente. Los monasterios siguieron funcionando. Los cristianos continuaron peregrinando, comerciando y relacionándose con las nuevas autoridades. La islamización fue un proceso de siglos.

Michael Ehrlich, al estudiar la islamización de Tierra Santa desde la conquista de 634, insiste precisamente en esta dimensión gradual. La conquista inició procesos que terminarían haciendo del islam la religión mayoritaria, pero esa transformación no se produjo simultáneamente con la victoria militar.

Lo mismo sucedió en otras regiones. Después de Siria y Palestina llegó Egipto. Los ejércitos musulmanes dirigidos por Amr ibn al-As penetraron en la provincia bizantina a partir de 639. La fortaleza de Babilonia cayó y Alejandría, una de las grandes capitales intelectuales del cristianismo antiguo, terminó también bajo dominio árabe. Desde Egipto la expansión continuó hacia el oeste y alcanzó progresivamente las antiguas provincias romanas del norte de África.

En apenas unas generaciones, el mapa mediterráneo había cambiado de una forma que habría resultado inimaginable un siglo antes.

El islam, que había comenzado como una religión predicadora de Paz, terminó con un Mahoma capitaneando ejércitos militares contra otros árabes, y tras su muerte, como un impulso militar expansionista que había eliminado y sometido a cuantos pueblos tenía como vecinos. 

De todas formas, la historia tampoco fue una línea continua de expansión islámica y retroceso cristiano. Durante siglos hubo contraataques, treguas, intercambios de prisioneros, comercio, alianzas e incursiones en ambas direcciones. Bizancio nunca olvidó completamente los territorios perdidos. En el siglo X, bajo emperadores como Nicéforo II Focas, los bizantinos recuperaron extensos territorios y regresaron a Antioquía y al norte de Siria.

La frontera se desplazaba de un lado a otro.  Cristianos y musulmanes combatían, pero también comerciaban. Y, cuando la política lo exigía, cristianos podían aliarse con musulmanes contra otros cristianos, del mismo modo que gobernantes musulmanes podían buscar aliados cristianos contra rivales musulmanes. La imagen de dos civilizaciones separadas durante siglos por una frontera perfectamente definida pertenece más a la imaginación posterior que a la complejidad política del Mediterráneo medieval.

Esa situación volvió a modificarse radicalmente durante el siglo XI con la expansión de los turcos selyúcidas. Y aquí quiero comentar un pequeño matiz. Los turcos Selyúcidas, no eran como los turcos actuales. Se trataba de guerreros de las estepas de Asia, con apariencia asiática, y cultura militar asiática, que había incorporado elementos musulmanes y étnicos caucásicos e iranios. 

Es importante aclarar esto, pues normalmente se suele ver al islam como una raza vinculada a un pueblo, y eso es terriblemente inexacto. El islam es una religión, que tuvo sus orígenes en el mundo árabe, pero que al expandirse y dominar otros pueblos, fue islamizando a cuantas razas y tierras empezó a dominar. Por ello, en el siglo XI, gran parte de los pueblos de Eurasia, como los turcos, eran ya musulmanes de religión, pero no árabes.

El 26 de agosto de 1071, cerca de la ciudad armenia de Manzikert, el emperador Romano IV Diógenes se enfrentó al ejército del sultán Alp Arslan. El resultado fue una humillación extraordinaria: el ejército bizantino fue derrotado y el propio emperador capturado.

Durante mucho tiempo se presentó Manzikert como el momento exacto en que Bizancio perdió Anatolia. La historiografía moderna ha matizado esta interpretación. La batalla fue importantísima, pero la posterior desintegración de la autoridad bizantina, las guerras civiles y las luchas internas facilitaron enormemente la expansión turca. No existió un único día en el que Anatolia dejara de ser bizantina.

Sin embargo, el resultado final fue indiscutible. En las décadas posteriores a Manzikert, el poder turco penetró profundamente en una región que durante siglos había constituido uno de los principales territorios del Imperio bizantino cristiano.

Fue precisamente esta situación la que terminó vinculando Constantinopla con los acontecimientos de Clermont.

El emperador Alejo I Comneno necesitaba soldados. Buscó ayuda occidental. Pero la respuesta que recibió fue mucho mayor de lo que probablemente esperaba.

Cuando Urbano II habló en Clermont en noviembre de 1095, la petición bizantina se transformó en algo distinto. El pontífice habló de los cristianos de Oriente y de los lugares santos. Las diferentes versiones medievales de su discurso impiden reconstruir literalmente cada una de sus palabras, pero otros documentos contemporáneos confirman la importancia concedida a la ayuda a las Iglesias orientales y a Jerusalén.

Jonathan Riley-Smith, uno de los historiadores que más profundamente estudió las motivaciones de los primeros cruzados, señaló que en el llamamiento papal estaban presentes tanto la ayuda a los cristianos orientales como la liberación del Santo Sepulcro. Una carta papal dirigida a los fieles de Flandes poco después de Clermont empleaba una expresión particularmente reveladora: ad liberationem Orientalium ecclesiarum, «para la liberación de las Iglesias orientales».

Aparecía así una idea fundamental: recuperar / reconquistar

Pero ¿qué significaba exactamente recuperar después de más de cuatrocientos años?. Aquí se encuentra uno de los grandes problemas interpretativos de las Cruzadas.

Para un observador moderno, cuatro siglos y medio constituyen un periodo inmenso. Para la mentalidad religiosa medieval, sin embargo, Jerusalén no era simplemente una ciudad que había pertenecido hacía mucho tiempo a otro Estado. Era el lugar de la muerte y resurrección de Cristo. El Santo Sepulcro continuaba allí. Belén continuaba allí. Los Evangelios continuaban situando en aquellas tierras los acontecimientos fundacionales del cristianismo. Y, además, seguían existiendo comunidades cristianas orientales oprimidas bajo el mando musulmán. Y quizás, por encima de todo.. aun existía un sentimiento de perdida de una tierra que en el pasado había sido cristiana, y hoy, causa efecto de conquistas y guerras fruto de la expansión islámica eran musulmanas

Desde esta perspectiva puede comprenderse por qué muchos participantes de la Primera Cruzada no interpretaban necesariamente su viaje como la conquista de un territorio extraño, sino como una peregrinación armada destinada a recuperar los lugares santos y ayudar a otros cristianos.

Esto no significa que sus acciones posteriores quedaran moralmente justificadas por esa percepción. Tampoco significa que las Cruzadas fueran exclusivamente guerras defensivas. Las motivaciones fueron religiosas, penitenciales, políticas, familiares, económicas y militares, y variaron según los individuos y los momentos. Significa simplemente que la idea de recuperación formaba realmente parte del universo mental de los cruzados y no constituye una interpretación inventada retrospectivamente.

Los ejércitos comenzaron a desplazarse hacia Oriente en 1096. Después de los desastres sufridos por algunas expediciones iniciales, los principales contingentes cruzados llegaron a Constantinopla y atravesaron el Bósforo.

En 1097 apareció ante ellos Nicea, entonces en poder del sultanato selyúcida de Rum. La ciudad terminó rindiéndose a los bizantinos. Después los cruzados continuaron su marcha a través de Anatolia, soportando hambre, sed y enfermedades, hasta llegar ante una ciudad cuyo nombre poseía un significado extraordinario para cualquier cristiano medieval: Antioquía.

Allí, según los Hechos de los Apóstoles, los seguidores de Jesús habían sido llamados cristianos por primera vez.

El sitio comenzó en octubre de 1097 y se prolongó durante meses. El hambre llegó a extremos terribles. Hombres y caballos murieron. Hubo deserciones. Finalmente, en junio de 1098, los cruzados consiguieron penetrar en Antioquía gracias a contactos con un defensor de las murallas.

La victoria estuvo a punto de convertirse inmediatamente en desastre. Pocos días después llegó un gran ejército dirigido por Kerbogha de Mosul. Los cruzados quedaron atrapados dentro de la ciudad que acababan de conquistar. Debilitados por meses de hambre, salieron finalmente a enfrentarse con sus sitiadores y, contra unas expectativas aparentemente muy desfavorables, consiguieron derrotarlos.

Un año después, el objetivo que había alimentado todo el movimiento apareció finalmente ante ellos.... Jerusalén.

Los cruzados llegaron a sus murallas en junio de 1099. Para entonces Jerusalén estaba controlada por los fatimíes de Egipto, que se la habían arrebatado recientemente a sus adversarios musulmanes. Este detalle recuerda nuevamente hasta qué punto sería incorrecto imaginar la guerra como un enfrentamiento permanente entre dos bloques homogéneos.

El 15 de julio de 1099 los cruzados atravesaron las defensas. Siguió una matanza de habitantes musulmanes y judíos. Las fuentes cristianas celebraron la conquista utilizando un lenguaje religioso y frecuentemente brutal; las fuentes musulmanas conservaron la memoria de la catástrofe. Las cifras ofrecidas por los cronistas medievales son difíciles de aceptar literalmente, pero la violencia de la conquista está fuera de duda.

Jerusalén había vuelto a estar bajo gobierno cristiano aproximadamente cuatro siglos y medio después de la conquista árabe del siglo VII.

La recuperación tampoco fue definitiva. Ochenta y ocho años después, el 4 de julio de 1187, el ejército del Reino de Jerusalén se enfrentó a Saladino cerca de los llamados Cuernos de Hattin. El calor, la falta de agua y la estrategia de las fuerzas de Saladino contribuyeron a destruir prácticamente el ejército cristiano. La Vera Cruz que los cruzados llevaban consigo cayó en manos musulmanas y buena parte de la nobleza del reino fue capturada.

Podríamos estar así durante horas, hablando de batallas entre moros y cristianos, cruzados contra islamistas, matanzas de uno y de otro lado. Si bien todos esos acontecimientos tienen un valor histórico, carecen de sentido señalarlos al detalle para el objetivo de este articulo. 

Por eso el punto desde el que decidimos comenzar la narración condiciona profundamente nuestra percepción de los acontecimientos con respecto a la creencia popular. Si como hemos dicho, comenzamos con la idea inicial del siglo XI, contemplamos ejércitos europeos penetrando en territorios gobernados por musulmanes y conquistando violentamente sus ciudades.

Pero si retrocedemos hasta el siglo VII, al inicio del conflicto. Encontramos primero ejércitos musulmanes procedentes de Arabia penetrando en territorios gobernados por cristianos y conquistando Siria, Palestina, Jerusalén y Egipto.

La cuestión verdaderamente interesante no consiste, por tanto, en decidir quién poseía un derecho eterno sobre aquellas tierras, una categoría que difícilmente puede aplicarse sin anacronismo al mundo medieval. Consiste en comprender por qué, para los hombres que emprendieron la Primera Cruzada, Jerusalén podía ser percibida simultáneamente como una ciudad situada a miles de kilómetros de sus hogares y como algo que pertenecía íntimamente a su propia historia religiosa, e incluso cultural. 

Los francos que atravesaron sus murallas en 1099 no eran los descendientes políticos directos de los bizantinos derrotados en Yarmuk. Habían transcurrido más de cuatrocientos años y pertenecían a sociedades distintas. Pero rezaban ante los mismos lugares santos, leían las mismas Escrituras y consideraban Jerusalén el centro geográfico de la historia de la salvación cristiana. Un lugar que a partir del año 610, sufriría la invasión de une nueva religión que conquistaba todas las tierras en las que había nacido el cristianismo, y donde había gobernado el cristianismo durante unos 600 años. 

Ese componente permite comprender el significado que ellos mismos otorgaron a la palabra «liberación». recuperar unas tierras que les habían sido arrebatadas, liberando a los creyentes que vivían bajo la espada del Islam, en el mundo en el que sus tatarabuelos habían crecido libres, como cristianos del imperio bizantino. 

Las Cruzadas comenzaron formalmente en 1095, pero el territorio por el que se combatió poseía una historia cristiana muy anterior al nacimiento del islam. Olvidar las conquistas del siglo VII produce una historia incompleta del mismo modo que lo sería ocultar la violencia ejercida por los cruzados en 1099.

Las Cruzadas pertenecen al siglo XI. Pero para comprender por qué miles de hombres europeos estuvieron dispuestos a abandonar sus hogares y caminar hacia Jerusalén hay que retroceder mucho más. Hay que regresar al mundo anterior a su pérdida y al sentimiento existente en aquellos tiempos. El cual, haciendo un paralelismo actual, sería equiparable al ver Inglaterra, Alemania o Francia, tierras Europeas desde hace 2026 años, caer bajo el islam, y ser sometidas bajo el islam. 

Posiblemente los europeos de dentro de 200 años, recordaran aquellos tiempos en los que la tierra de sus abuelos, pertenecía a su entidad cultural, la cual fue perdida por la llegada de unos pueblos que trajeron otro mundo distinto al existente de forma nativa. 

Por eso debemos de comprender las cruzadas, como la respuesta del mundo cristiano a una previa invasión musulmana. De no haber existido esa usurpación de tierras, nunca habrían existido el sentimiento de las cruzadas. Como hemos visto, desde sus inicios el Islam fue predicado con la guerra, siendo Mohamed, o Mahoma como le llamamos en occidente, un caudillo militar que predicaba la paz, siempre que se aceptara el islam. Dominó pueblos paganos, cristianos, zoroástricos.. Extendió sus dominios por la guerra y la conquista a Persia, el Caucaso, Asia central, África, Europa y el Magreb.  

Gran parte de ese mundo, especialmente en fronterizo con Europa (norte de África) llevaba siendo cristiano por siglos antes que musulmán. Es comprensible que los cristianos de aquellos tiempos, y en los procesos que ya hemos comentado, vieran al Islam como una fuerza de ocupación invasora que había eliminado a sus hermanos cristianos de cuantas tierras habían dominado. Es mas, no solo eso, si no que vieran al Islam como una amenaza violenta en un momento de auge militar, que conquistada y depredaba tierras bajo los cascos de sus caballos. 

Surgieron en Arabia, destruyeron por la fuerza el imperio bizantino, a los sassanidas, pusieron fin al cristianismo en Egipto, Siria, Palestina.. se extendieron por todo el Magreb cristiano romano, y llegaron hasta el actual Marruecos y el Rif.. tierras cristianas bajo influencia romana. Pasando después a la península ibérica de los Godos, eliminando el reino cristiano, y subiendo hacia Francia con aspiraciones a dominar toda tierra conocida en occidente. 

Seguramente desde nuestra perspectiva occidental del siglo XXI, cueste entender porque los viejos europeos vieron el islam como una amenaza, y mucho mas porque se lanzaron en diferentes cruzadas a reconquistar Jerusalén. Pero para el europeo del siglo VII, o del siglo VIII o del X, aun resonaría en su memoria el recuerdo de sus tatarabuelos, viendo sus tierras devastadas en guerras contra los pueblos invasores llegados desde Arabia. 

Por ello desde nuestra perspectiva, y por supuesto desde nuestro análisis actual, no podemos entender las cruzadas mas que como una respuesta el imperialismo musulmán. Las cruzadas fueron la respuesta militar al expansionismo violento del Islam, y a como este conquistó y se apropió de tierras que previamente habían sido paganas durante 600 años antes del nacimiento de Mahoma. 

domingo, 2 de agosto de 2026

Como Marruecos controla la inmigración llegada a España y la usa como arma política.

Tras la invasión de Ceuta a manos de la inmigración organizada dirigida por los servicios de inteligencia de Marruecos. Mucha gente se ha llevado las manos a la cabeza, despertado en ellos una vieja idea que hasta hace 3 días ni se habían planteado, y mira que llevamos años avisándoles. La inmigración sin control y desorganizada, puede ser un problema en caso de un conflicto abierto con un tercer país.  Pero es más, la inmigración marroquí en España, no es tan casual como podría suponerse, obedeciendo en muchos casos de forma indirecta a planes estratégicos del país magrebí. 

Claro.. la situación de ver a 60.000 marroquís asaltar las fronteras de Ceuta por mar, tierra y "aire" hizo explotar las cabezas de todos los pijo progres mediáticos, desapareciendo sus recurridos discursos de: las fronteras son fascismo, papeles para todos, ningún ser humano es ilegal, o la no menos interesante vomitada por la "intelectual" Irene Montero; Ojalá el gran reemplazo, ojalá nos sustituyan a todos. Espetada en Zaragoza tal día como un 31 de Enero del año 2026 en un mitin de Podemos, como no podía ser de otra forma. 

La situación real, de ver hordas de inmigrantes entrar en una ciudad como si se tratara de hunos saqueando Roma, alarmó a todo el mundo, incluso a los propios inmigrantes que viven en España, o a los magrebíes nacidos en Ceuta, que no dudaron en salir a las calles con espadas, palos y pistolas para expulsar a los "invasores. Por primera vez los españoles del siglo XXI, del año 2026, percibimos una amenaza real de invasión promovida por un país vecino, Marruecos. 

Por primera vez vimos nuestra sociedad y estabilidad amenazada de forma real. Los cuentos de hadas y paz con los que nos habían hipnotizado durante 30 años desaparecieron. la guerra era real, podía ocurrir y no estamos preparados para ella. Youtubers abiertamente de izquierdas, incluso pagados por el PSOE para difundir sus ideas en defensa del gobierno como Alan Barroso, empezaron a hablar de la inmigración como un arma política de Marruecos para desestabilizar España. A pesar, de haber sido uno de los  defensores del eslogan: papeles para todos, las fronteras abiertas, y de acusar a todo opositor ideológico a esas ideas de racista y fascista en el pasado 

Por primera vez, y aun sin reconocerlo, el discurso "fascista" se hacía realidad.. en efecto, Marruecos no es un país amigo, y en efecto la inmigración puede ser utilizada como un arma estratégica para desestabilizar un país. El pasado 30 de Julio del 2026, fueron 60.000 mil marroquís de forma "pacifica" los que entraron de forma violenta en Ceuta. Pero que habría pasado si esos 60.000 marroquís mandados por Mohamed VI hubieran entrado con machetes, Ak47, o pistolas, disparando a los ciudadanos, saqueando tiendas, y fusilando a todo lo que encuentran en su camino?. ¿Habría reaccionado España a tiempo?. Es mas, hoy es Ceuta, pero, ¿que pasaría si mañana fuera Canarias?. Y quizás más importante. ¿Cuál sería la reacción del millón de ,marroquís que tenemos viviendo en España?. 

Todos recordamos los incidentes de Torre Pacheco fechados entre un 11 y 14 de Julio del año 2025 ¿cierto?. Tras una agresión hacia un anciano español de 68 años a manos de unos inmigrantes, el pueblo salió a las calles produciéndose disturbios y enfrentamientos contra la comunidad magrebí que vivía en el municipio. 

A modo de respuesta, estos, en diferentes grupos de whatsap y videos de Telegram, se organizaron para ofrecer una resistencia contra los españoles, organizando incluso quedadas para cazar lugareños. En distintos videos que circularon esos días por redes sociales, vimos a jóvenes marroquís nacidos en España, decir y asegurar que España era de Marruecos, y que volvería a ser de Marruecos.  

Pero lo más curioso, fue ver a los "famosos hombres enmascarados" surgidos de la nada. Hombres que lideraban  pandas de marroquís en las calles de Torre Pacheco. Hombres altos, de complexión atlética, enmascarados, que nadie sabía identificar con vecinos, dando coordenadas estratégicas a los jóvenes magrebíes sobre como ofrecer resistencia a la policía, y como dar caza a los españoles que habían salido a las calles.

Rápidamente se empezó a especular; ¿Quiénes eran?. Del pueblo no parecían, ¿Quiénes eran?. Militares marroquís?, servicio de inteligencia marroquí afincado en España?. En efecto, parece que se trataba de agentes especiales del servicio de marruecos (narcos) dirigiendo a los jóvenes magrebíes en sus tareas de resistencia. No porque fueran a conseguir nada destacable, simplemente a modo de prueba y ensayo por si algún día fuera necesario coordinarlos de forma mayor. 

Son muchos los investigadores y periodistas que han tratado el tema de la inmigración marroquí en España como un arma estratégica coordinada por parte de Mohamed VI. No es casual que diariamente lleguen cientos de hombres en edad militar, que tras llegar a Ceuta, Melilla, o Canarias, sean distribuidos por el gobierno del PSOE en el resto de la península. Les damos de comer, les damos casa, les damos una pensión para que tengan dinero.. ¿Quiénes son?. No se sabe de ellos nada. ¿Tienen antecedentes?, ¿son ex presos? ¿son ex militares?. quienes son. Por supuesto muchos de ellos son gente que llega en busca de una vida mejor. Pero otros muchos no, no es casual que gran parte de la delincuencia que sufren algunas ciudades de nuestro país, esté liderada por magrebíes, al mismo tiempo que Marruecos vacía sus cárceles, y se presenta como el país mas seguro para viajar del norte de África.  

La comunidad marroquí constituye el mayor colectivo extranjero residente en España y representa un activo estratégico para Rabat. Desde hace años, investigadores y centros de análisis coinciden en que el Estado marroquí desarrolla una política destinada a mantener el vínculo político, cultural y religioso con sus ciudadanos en el extranjero, utilizando para ello instituciones oficiales, asociaciones y una importante presencia religiosa en mezquitas repartidas por todo el país, además de youtubers e influencers en redes sociales para captar a los mas jóvenes. 

Uno de los análisis más completos sobre esta cuestión fue publicado por El Orden Mundial el 17 de septiembre de 2024. El reportaje, titulado «Cómo Marruecos y Arabia Saudí influyen en España a través de las mezquitas», fue escrito por el periodista Carlos Palomino, especializado en el mundo árabe y la geopolítica del Magreb y Oriente Próximo.

En él se explica como Marruecos financia numerosos centros islámicos, sufraga salarios de imanes y envía personal religioso a España, especialmente a Ceuta, Melilla, Cataluña y la Comunidad de Madrid. Según el reportaje, aunque Rabat justifica esta política como una asistencia religiosa a sus nacionales, "política y religión van de la mano en el reino alauí", ya que el rey Mohamed VI ejerce simultáneamente como jefe del Estado y Comendador de los Creyentes, máxima autoridad religiosa del país. El artículo concluye que esta estructura contribuye a mantener viva la identidad nacional marroquí entre la diáspora. Ejerciendo indirectamente las mezquitas repartidas por España, como centros de exaltación o arraigo nacionalista marroquí en el país (por supuesto no todas).

Es decir, Marruecos está financiando mezquitas e imanes que lideran esas mezquitas en nuestro país, donde a los inmigrantes marroquís asentados en España, se les inculca diariamente un arraigo nacionalista y expansionista religioso. Y muchos diréis.. El estado controla el islam radical, y es ilegal.

Correcto. El problema es que el nacionalismo marroquí vinculado a la religión, no es delito. Delito es predicar la tendencia islámica del wahabismo salafista (y con matices). Marruecos no predica un islam salafista, predica un islam sunita ultra nacionalista. Razón por la cual estamos cansados de ver en redes sociales a marroquís nacidos en España, reconocerse como nacionalistas, apestando de España, y soñando con la creación del "Gran Marruecos". La dictadura marroquí, utiliza la inmigración llegada a España para extender sus ideas expansionistas en nuestro propio país. 

Esta visión coincide con investigaciones académicas del CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs). En el estudio "Referentes sociales en diáspora: nuevos instrumentos de legitimación para el Estado marroquí" (2023), el investigador Rafael Camarero Montesinos sostiene que el Estado marroquí ha desarrollado mecanismos para reforzar su legitimidad entre las comunidades emigradas mediante líderes sociales, religiosos y asociativos vinculados a la diáspora. El trabajo concluye que estos referentes funcionan como instrumentos de proyección de la imagen y de la legitimidad del Estado marroquí tanto en el exterior como dentro del propio Marruecos.

Por su parte, el Real Instituto Elcano, uno de los principales centros españoles de estudios estratégicos, describe la relación entre España y Marruecos como una de las más complejas de la política exterior española. En su Informe Elcano 19: Relaciones España-Marruecos, señala que Rabat considera a sus inmigrantes un elemento prioritario de su política exterior y que las relaciones entre ambos países están marcadas por una fuerte interdependencia política, económica y social.

La influencia marroquí sobre sus nacionales residentes en el extranjero no se limita al ámbito religioso. Diversos analistas sostienen que Marruecos mantiene una política activa para preservar la identidad nacional de sus emigrantes mediante consulados, fundaciones culturales, programas educativos y actividades promovidas desde organismos oficiales. El objetivo sería evitar la desvinculación de las nuevas generaciones respecto al Estado marroquí y reforzar la lealtad hacia la monarquía alauí. 

Es decir, por si no ha quedado claro, evitar que el inmigrante marroquí llegado o nacido en España, se asimile con la sociedad española y su cultura, perdiendo la conexión y las raíces políticas con el Gran Marruecos nacionalista, y la empatía religiosa con su dinastía monárquica. 

En paralelo, varios episodios diplomáticos han alimentado el debate sobre el uso de la inmigración como herramienta de presión política. La crisis de Ceuta de 2021 y otros episodios posteriores fueron interpretados por numerosos analistas como ejemplos de la capacidad de Marruecos para modular el control de los flujos migratorios en función del contexto político bilateral. En informaciones recientes, El País recoge que responsables españoles interpretaron la relajación temporal del control fronterizo por parte de las autoridades marroquíes como una posible forma de presión diplomática, aunque Rabat ha rechazado oficialmente esa interpretación (que van a decir ¿no?).

Naturalmente, y como suele decirse en estos casos, no todos los marroquís forman parte de este juego y aceptan este juego. Pero lo que si no puede negarse, es que existe un plan detallado por parte del servicio de inteligencia de Marruecos, para usar o intentar utilizar la inmigración llegada a nuestro país, como un "caballo de Troya" en beneficio del ultra nacionalismo expansionista religioso marroquí. 

Llegados a este punto, y sabiendo lo que sabemos, la pregunta razonable es.. ¿Que pasaría si un día Marruecos decide invadir España?. ¿Que papel jugarían el millón de inmigrantes que reside en nuestro país, muchos de los cuales son educados en el nacionalismo Marroquí?. 

Por supuesto la izquierda intelectual pijo progresista, te dirá que nada.. Ningún ser humano es ilegal, papeles para todos, fronteras abiertas, racistas!!! fascistas!!! bla bla bla. Eslogan tras eslogan y mas eslogan. Pero.. en serio, tu, lector.. piensas que en caso de guerra, Marruecos no utilizaría el caballo de Troya de la inmigración en España y resto de Europa?.  

Creo que la invasión de Ceuta abrió los ojos incluso de los más ciegos. Aunque igualmente tampoco tengo duda de que regresarán a la ceguera tras ver 2 o 3 películas woke de Hollywood. El sistema se encarga de ello. No obstante, no será porque no os hemos avisado. Razón por la cual, no dejaré de decir, que hay que controlar la inmigración llegada a un país, expulsar a los que no se adaptan, y evitar políticas de arraigo. La comunidad que llega a nuestro país debe de adaptarse a nosotros. No nosotros a ellos. hay que invertir toda la política migratoria que se lleva aplicando sistemáticamente en Europa desde hace no menos de 20 años. Esa es la política que nos ha conducido hasta el punto en el que estamos, y no otra. 

Sobre cuanta responsabilidad tiene la izquierda y sus políticas absurdas y suicidas de Papeles para todos en España, es algo de lo que hablar largo y tendido en otro articulo. Y ¿cuanta culpa tiene la derecha globalista?.. Pues más de lo mismo, ya hablaremos de ello. De momento lo dejamos aquí. No es que vengan malos tiempos, es que nos han llevado a malos tiempos desde arriba, destrozando todo por lo que lucharon nuestros padres y abuelos. 

Alvar Ordoño 2026

sábado, 1 de agosto de 2026

¿Está Israel y EEUU detrás de la invasión marroquí de Ceuta?. ¿Esto exculpa a Marruecos?

Estamos acostumbrándonos, peligrosamente, a que los socialistas tiren constantemente balones fuera en un intento de evadir sus responsabilidades en España. Es algo que vemos una y otra vez: lo vimos durante la COVID, lo vimos con el volcán de La Palma, lo vimos con la DANA, lo vimos con los trenes de Adamuz, lo vemos con los incendios forestales que asolan España todos los años sin que nadie haga nada y lo vemos ahora con la invasión de Marruecos contra nuestro país.

Como todos supondréis, nuestro gobierno socialista y todos sus voceros en redes sociales, TV y prensa, no solo no se consideran responsables de nada, si no que ya están empezando a buscar culpables entre todo su catalogo; Franco, Israel, Hitler, la Ultra derecha, VOX, el PP, o el propio Pelayo si hace falta... Hay que encontrar alguien rápidamente que exculpe al gobierno que manda en España; el PSOE y sus aliados de Podemos, Mas País, ERC, Junts, PNV, Bildu etc.

El chivo espiatório que han encontrado y en el que ahora están centrando toda su opinión sincronizada desde la Moncloa, es el siguiente. Israel y EEUU sabían todo y lo han orquestado. ¿Es esto cierto?.

Empezare diciendo... lo curioso que me resulta que desde hace unos meses, quizás un año, Israel es el nuevo demonio de la izquierda. Algo curioso, porque a este paso terminaran dando la razón al pintor austriaco un siglo después de su muerte. La cosa es que si, evidentemente Israel y EEUU están detrás de la operación, la han validado y han dado su aprobación. 

Pero esto no debe de ocultar el verdadero culpable y el verdadero objetivo de toda la invasión. Y es que aquí, no hay más enemigo que Marruecos en su intento expansionista hacia España, como por otra parte lleva la "ultra derecha" advirtiendo a la sociedad frente a la negación de la propia izquierda pija progre. Hoy resulta muy fácil decir que Marruecos nos ha querido invadir, pero hace tres días, a todos los que planteábamos esa suposición, la izquierda nos acusaba de racistas, fascistas o terraplanistas.

Marruecos, es nuestro enemigo natural desde hace 50 años. Marruecos, nos quitó (invadió) el Sáhara occidental con una marcha verde  por medio de una invasión terrestre tal día como un 6 de Noviembre de 1975. Marruecos, nos intentó tantear en la invasión del islote de Perejil en el año 2022. Marruecos, desde hace décadas utiliza a la izquierda española como agentes sobre los que posicionar sus espías de cara a ingeniería social. Marruecos, nos está metiendo una quinta columna de inmigrantes en España, de cara a un futuro tener una fuerza militar de hombres capaces de crear un frente en la retaguardia española. 

Marruecos controla a los imanes islamistas en las mezquitas nacionales. Marruecos, tuvo un papel fundamental en el atentado terrorista del 11 de Marzo en Madrid. Un atentado por intereses políticos en beneficio del propio país magrebí que benefició al PSOE. Marruecos, lleva siendo el enemigo de España desde hace medio siglo, y la izquierda intelectual pijo progre universitaria española lo ha descubierto hoy. O quizás ya lo sabían, pero lo omitían y pactaban con ellos por beneficio propio y personal, lo cual es bastante peor.. eso se llama traición a España.  

Marruecos ha jugado su papel en el tablero del ajedrez internacional desbancando a España como aliado preferente de USA en el Mediterraneo. Marruecos se está armando con un objetivo militar contra España. Marruecos ha declarado en numerosas ocasiones que Ceuta, Melilla y las Canarias son tierras marroquies ocupadas por España. Marruecos ha llegado a reivindicar delante de ZP el imperio almohade que suponía la mitad de Hispania y el Sáhara occidental.  

Marruecos, ayer 30 de Julio del año 2026, hizo únicamente lo que ha estado preparando décadas.. atacar y presionar a una España debilitada, sin aliados, y aislada completamente en el tablero internacional por culpa del socialismo. Un socialismo que ha dejado España al borde del tercer mundo y en vías de extinción.  

Que no os confunda la prensa de la izquierda pijo progre.. la invasión civil terrestre del pasado día, no fue orquestada ni por Israel ni por EEUU. estos dos elementos únicamente dieron el visto bueno a Marruecos. Dicho de otra forma. Marruecos se alió con ellos, estableció alianzas, y llegado el día les llamó por tlf y les comunico.. Voy a presionar a España, ¿tengo vuestro permiso?. Si.. y Marruecos actuó. 

la culpa de la facilidad con la que  Marruecos operó, la tiene únicamente la izquierda pijo progre española que nos gobierna, la cual hasta hace dos días, defendía a ultranza la abolición de las fronteras, no poner barreras a la inmigración, no expulsar inmigrantes ilegales con antecedentes penales, la construcción de mezquitas, el arraigo de la cultura musulmana en España, e incluso el burka y el niqab como elementos feministas que empoderaban a la mujer. 

la izquierda española es un puto cáncer para esta nación. Desde las ONG's que operan como entidades financieras para agentes extranjeros, hasta las asociaciones vecinales y agrupaciones municipales que son en realidad chiringos y lobbys políticos que no defienden a ningún colectivo que no sea de izquierda pijo progre. 

El PSOE de Pedro Sánchez, sabía de sobra desde hace tiempo que Marruecos planteaba una operación migratoria sobre Ceuta y Melilla. El propio CNI le había avisado. ¿Hizo algo?.. no. ¿razón? lo desconocemos (¿qué ocultas en Pegasus Pedro?). A estas alturas de la película creo que no sorprenderemos a nadie si decimos y aseguramos que el PSOE, y todos sus aliados, venderían a España, a nuestras madres, a las novias, a nuestros padres y los huesos de nuestros abuelos si con ello pudieran perpetuarse 1 año más en el poder. La izquierda española ya no esta gobernando España, está sobreviviendo en el trono. Y si España arde, que arda.. para ellos lo importante es el poder. 

Es evidente que Israel y USA sabían que Marruecos nos quería invadir. Y es evidente que han mirado para otro lado. Por eso, cuando la ultra derecha nos dice y nos asegura lo necesario de tener política internacional, militar y geopolítica en el mundo. No lo dice porque sea "terraplanista". Lo dice porque tiene los pies en la tierra mucho mejor puestos que la surrealista @zquierd@ XXXpañol@. 

Y es que la @zquierd@ XXXpañol@ ha conseguido que el sentido común sea fascismo. Esto no va a terminar aquí.. la inmigración marroquí (1 millón ya) no está siendo introducida en España por amor al arte. Tienen una finalidad y un objetivo militar. Y lo veremos y sufriremos en un futuro inmediato.. 5 años, 10 años, depende. Marruecos no se va a detener aquí, y por mucho que la izquierda española este ahora pataleando por que está en el poder, y la toca sufrir las consecuencias. Todos sabemos que el día que no lo este, los lideres de izquierdas se reunirá con los lideres marroquies, y planificaran en conjunto acciones en las calles para hacer caer al gobierno de derechas o extrema derecha que toque. Incendiando las calles con actos delictivos, coches quemados, pueblos arrasados por insurrectos,  y atentados terroristas. Por eso la izquierda española lleva apoyando y defendiendo al inmigración descontrolada y sin sentido desde hace décadas. Con lo que no contaba la izquierda española, es con que Marruecos ha traicionado principalmente a la propia izquierda con esta invasión. 

Ni ellos se la esperaban, y ni ellos estaban preparados para ver como su aliados políticos les metían un palo por el culo. Ya sabéis.. ¿que vienen gritando los moros por la frontera? Pitro Sanchez, Pitro Sanchez, PISOE, PISOE.. pues eso. 

Alvar Ordoño 2026