sábado, 1 de agosto de 2026

¿Está Israel y EEUU detrás de la invasión marroquí de Ceuta?. ¿Esto exculpa a Marruecos?

Estamos acostumbrándonos, peligrosamente, a que los socialistas tiren constantemente balones fuera en un intento de evadir sus responsabilidades en España. Es algo que vemos una y otra vez: lo vimos durante la COVID, lo vimos con el volcán de La Palma, lo vimos con la DANA, lo vimos con los trenes de Adamuz, lo vemos con los incendios forestales que asolan España todos los años sin que nadie haga nada y lo vemos ahora con la invasión de Marruecos contra nuestro país.

Como todos supondréis, nuestro gobierno socialista y todos sus voceros en redes sociales, TV y prensa, no solo no se consideran responsables de nada, si no que ya están empezando a buscar culpables entre todo su catalogo; Franco, Israel, Hitler, la Ultra derecha, VOX, el PP, o el propio Pelayo si hace falta... Hay que encontrar alguien rápidamente que exculpe al gobierno que manda en España; el PSOE y sus aliados de Podemos, Mas País, ERC, Junts, PNV, Bildu etc.

El chivo espiatório que han encontrado y en el que ahora están centrando toda su opinión sincronizada desde la Moncloa, es el siguiente. Israel y EEUU sabían todo y lo han orquestado. ¿Es esto cierto?.

Empezare diciendo... lo curioso que me resulta que desde hace unos meses, quizás un año, Israel es el nuevo demonio de la izquierda. Algo curioso, porque a este paso terminaran dando la razón al pintor austriaco un siglo después de su muerte. La cosa es que si, evidentemente Israel y EEUU están detrás de la operación, la han validado y han dado su aprobación. 

Pero esto no debe de ocultar el verdadero culpable y el verdadero objetivo de toda la invasión. Y es que aquí, no hay más enemigo que Marruecos en su intento expansionista hacia España, como por otra parte lleva la "ultra derecha" advirtiendo a la sociedad frente a la negación de la propia izquierda pija progre. Hoy resulta muy fácil decir que Marruecos nos ha querido invadir, pero hace tres días, a todos los que planteábamos esa suposición, la izquierda nos acusaba de racistas, fascistas o terraplanistas.

Marruecos, es nuestro enemigo natural desde hace 50 años. Marruecos, nos quitó (invadió) el Sáhara occidental con una marcha verde  por medio de una invasión terrestre tal día como un 6 de Noviembre de 1975. Marruecos, nos intentó tantear en la invasión del islote de Perejil en el año 2022. Marruecos, desde hace décadas utiliza a la izquierda española como agentes sobre los que posicionar sus espías de cara a ingeniería social. Marruecos, nos está metiendo una quinta columna de inmigrantes en España, de cara a un futuro tener una fuerza militar de hombres capaces de crear un frente en la retaguardia española. 

Marruecos controla a los imanes islamistas en las mezquitas nacionales. Marruecos, tuvo un papel fundamental en el atentado terrorista del 11 de Marzo en Madrid. Un atentado por intereses políticos en beneficio del propio país magrebí que benefició al PSOE. Marruecos, lleva siendo el enemigo de España desde hace medio siglo, y la izquierda intelectual pijo progre universitaria española lo ha descubierto hoy. O quizás ya lo sabían, pero lo omitían y pactaban con ellos por beneficio propio y personal, lo cual es bastante peor.. eso se llama traición a España.  

Marruecos ha jugado su papel en el tablero del ajedrez internacional desbancando a España como aliado preferente de USA en el Mediterraneo. Marruecos se está armando con un objetivo militar contra España. Marruecos ha declarado en numerosas ocasiones que Ceuta, Melilla y las Canarias son tierras marroquies ocupadas por España. Marruecos ha llegado a reivindicar delante de ZP el imperio almohade que suponía la mitad de Hispania y el Sáhara occidental.  

Marruecos, ayer 30 de Julio del año 2026, hizo únicamente lo que ha estado preparando décadas.. atacar y presionar a una España debilitada, sin aliados, y aislada completamente en el tablero internacional por culpa del socialismo. Un socialismo que ha dejado España al borde del tercer mundo y en vías de extinción.  

Que no os confunda la prensa de la izquierda pijo progre.. la invasión civil terrestre del pasado día, no fue orquestada ni por Israel ni por EEUU. estos dos elementos únicamente dieron el visto bueno a Marruecos. Dicho de otra forma. Marruecos se alió con ellos, estableció alianzas, y llegado el día les llamó por tlf y les comunico.. Voy a presionar a España, ¿tengo vuestro permiso?. Si.. y Marruecos actuó. 

la culpa de la facilidad con la que  Marruecos operó, la tiene únicamente la izquierda pijo progre española que nos gobierna, la cual hasta hace dos días, defendía a ultranza la abolición de las fronteras, no poner barreras a la inmigración, no expulsar inmigrantes ilegales con antecedentes penales, la construcción de mezquitas, el arraigo de la cultura musulmana en España, e incluso el burka y el niqab como elementos feministas que empoderaban a la mujer. 

la izquierda española es un puto cáncer para esta nación. Desde las ONG's que operan como entidades financieras para agentes extranjeros, hasta las asociaciones vecinales y agrupaciones municipales que son en realidad chiringos y lobbys políticos que no defienden a ningún colectivo que no sea de izquierda pijo progre. 

El PSOE de Pedro Sánchez, sabía de sobra desde hace tiempo que Marruecos planteaba una operación migratoria sobre Ceuta y Melilla. El propio CNI le había avisado. ¿Hizo algo?.. no. ¿razón? lo desconocemos (¿qué ocultas en Pegasus Pedro?). A estas alturas de la película creo que no sorprenderemos a nadie si decimos y aseguramos que el PSOE, y todos sus aliados, venderían a España, a nuestras madres, a las novias, a nuestros padres y los huesos de nuestros abuelos si con ello pudieran perpetuarse 1 año más en el poder. La izquierda española ya no esta gobernando España, está sobreviviendo en el trono. Y si España arde, que arda.. para ellos lo importante es el poder. 

Es evidente que Israel y USA sabían que Marruecos nos quería invadir. Y es evidente que han mirado para otro lado. Por eso, cuando la ultra derecha nos dice y nos asegura lo necesario de tener política internacional, militar y geopolítica en el mundo. No lo dice porque sea "terraplanista". Lo dice porque tiene los pies en la tierra mucho mejor puestos que la surrealista @zquierd@ XXXpañol@. 

Y es que la @zquierd@ XXXpañol@ ha conseguido que el sentido común sea fascismo. Esto no va a terminar aquí.. la inmigración marroquí (1 millón ya) no está siendo introducida en España por amor al arte. Tienen una finalidad y un objetivo militar. Y lo veremos y sufriremos en un futuro inmediato.. 5 años, 10 años, depende. Marruecos no se va a detener aquí, y por mucho que la izquierda española este ahora pataleando por que está en el poder, y la toca sufrir las consecuencias. Todos sabemos que el día que no lo este, los lideres de izquierdas se reunirá con los lideres marroquies, y planificaran en conjunto acciones en las calles para hacer caer al gobierno de derechas o extrema derecha que toque. Incendiando las calles con actos delictivos, coches quemados, pueblos arrasados por insurrectos,  y atentados terroristas. Por eso la izquierda española lleva apoyando y defendiendo al inmigración descontrolada y sin sentido desde hace décadas. Con lo que no contaba la izquierda española, es con que Marruecos ha traicionado principalmente a la propia izquierda con esta invasión

Ni ellos se la esperaban, y ni ellos estaban preparados para ver como su aliados políticos les metían un palo por el culo. Ya sabéis.. ¿que vienen gritando los moros por la frontera? Pitro Sanchez, Pitro Sanchez, PISOE, PISOE.. pues eso. 

viernes, 31 de julio de 2026

Os lo dijimos, os lo advertimos...

Os lo dijimos y os avisamos. Os advertimos que la inmigración era un arma política utilizada por las elites para desestabilizar occidente. Os dijimos que Marruecos no era nuestro amigo vecino, y que usaban la inmigración como caballo de Troya para sus objetivos políticos.

Ahora, tras varias décadas la izquierda despierta y se da cuenta que las intenciones de Marruecos, y sus pactos y alianzas con Israel y USA, no eran para salvar a la humanidad, sino con claros objetivos geopolíticos y estratégicos sobre Ceuta y Melilla (por ahora) y sobre Andalucía y Canarias en un futuro. 

La izquierda no hace mucho pedía abolir las fronteras, papeles para todos, y no expulsar delincuentes e inmigrantes ilegales de España. Cuando nosotros, los malos, los fachas, les decíamos.. Marruecos esta utilizando la inmigración como caballo de Troya para condicionar la política española, desestabilizarnos, y crear conflictos sociales en un futuro de cara a conquistar territorio español. Nos llamaban imbéciles, locos, ultra derechistas o maquinas de fango. 

Marruecos se esta armando militarmente con ayuda de EEUU con un claro objetivo. Tener una posición militar de peso de cara a Argelia, y de cara a invadir una, cada vez más, debilitada España, Cuando les decíamos esto, la izquierda pija progre de niños de papa con títulos universitarios, nos llamaban imbéciles, locos, ultra derechistas o maquinas de fango. 

Lo cierto es que nadie se arma por amor a la paz, y desde hace décadas Marruecos ha comprendido que en el mundo geopolítico no eres nadie si no tienes una posición de peso militar en el tablero político. Por eso se rearma comprando (entre otras muchas armas) misiles a EEUU capaces de llegar a Madrid o Andalucía. Los famosos ATACMS para los sistemas HIMARS. comprados en Abril del año 2023 por unos 524,3 millones de dólares, incluyendo 18 lanzadores de M142 HIMARS y 40 misiles M57 ATACMS, además de cohetes GMLRS y otros equipos. La notificación oficial estadounidense especifica para esos ATACMS un alcance de hasta 270 km de cobertura. 


Misiles que no hace mucho posicionó en la frontera con Ceuta, donde el ejercito marroquí  estuvo siendo adiestrado por el propio ejercito de los EEUU en su manejo. Algo que ya de entrada podría parecer una declaración de guerra oficial contra España. ¿Qué es eso de realizar ejercicios de entrenamiento militar con misiles en la frontera de Ceuta?. 

Pero como siempre, nuestra querida izquierda universitaria estaba a otras cosas.. ellos pedían la abolición del ejercito español, que no se usaran presupuestos del estado para gastos militares, que se abolieran las fronteras, y que ningún ser humano era ilegal. 

Cuando nosotros, los malos, los herejes, los adoradores del "satán fascismo" advertíamos a nuestra querida izquierda universitaria española del uso estratégico y político de la inmigración por parte de Marruecos. Siendo una verdadera amenaza para España al suponer un caballo de Troya en nuestra nación. Se reían en nuestra cara y nos acusaban de "terraplanistas".

Para nuestra querida y amada izquierda pija de niños universitarios españoles, era incomprensible que la llegada masiva y sin control de inmigrantes a nuestro país, pudiera suponer una amenaza para desestabilizar el territorio en caso de un conflicto armado con Marruecos. Pues en ese hipotético caso, a Marruecos no le costaría demasiado activar a células de resistencia en nuestro propio país, llegados a modo de inmigrantes, desestabilizando pueblos, barrios y municipios en la retaguardia de una hipotética guerra. Ya sabéis.. nosotros, los fachas, los herejes del siglo XXI. éramos imbéciles e incultos. 

Eso si, luego la pija mayor del barrio, Irene Montero (Podemos) tras reunirse PSOE y su partido, reconoció en un mitin como la inmigración era deseada y utilizada por ellos con objetivos políticos para sustituir étnicamente y hacer desaparecer a los españoles de su propio país 

Tampoco sonó las alarmas en las cabezas de nuestra querida y cultureta izquierda de niños pijos  de papá universitarios, cuando  se les decía que el Islam y la construcción de mezquitas en España, estaba siendo supeditada y controlada por Marruecos, cuyos servicios de inteligencia estaban utilizando centros religiosos en España, para controlar a su población con discursos nacionalistas marroquis. Algo, que por otro lado ya denunciaban insistentemente lideres del Frente Polisario y de la resistencia saharaui afincados en España, como sin ir mas lejos Abdulah Arabí, o el quizás mas popular  Taleb Alisalem, quien en no pocas ocasiones nos advertía de como la política de Marruecos en España, iba encaminada a una sustitución poblacional por medio de la inmigración. Algo que la monarquía marroquí ya había practicado en el Sahara.. mandando inmigrantes, los cuales actuaban como auténticos colonos desplazando a la población local saharaui hasta que esta desaparecía. 

Es decir, la inmigración que Marruecos nos mandaba en miles de pateras diarias tras vaciar sus cárceles, estaba organizada y respondía a intereses geopolíticos del país vecino. Y no, esto no significa que los inmigrantes no tuvieran necesidades. Lo que significa es que Marruecos utiliza esas necesidades para meter una población inmigrante en España, que posteriormente pasa a ser radicalizada en el arraigo y nacionalismo marroquí al entrar en contacto con círculos marroquís asentados en nuestro propio país. os acordáis que os hablé de como Marruecos controla las mezquitas de España con agentes religiosos y espías?.. pues eso.

El objetivo es claro, y ha quedado evidenciado en la invasión del 30 de Julio del 2026. se puede conquistar y desestabilizar un país por medio de una inmigración descontrolada. Hoy Ceuta, ¿Mañana Canarias?, ¿después Barcelona? ¿Madrid?.. y sí, nuestros queridos niños pijos progres de izquierda universitaria española, os dirán ante este argumento: Esto no va a suceder nunca, facha terraplanista conspiranoico. Ningún ser humano es ilegal. 

Vamos a retroceder.. no son los mismos niños pijos universitarios progres de izquierda española que nos dijeron: Marruecos nunca invadirá Ceuta, las mezquitas no son agentes extranjeros de control religioso, Marruecos no se está armando para la guerra contra España, la inmigración no va a suponer nunca un problema, bla bla bla bla...

En efecto, habéis acertado, son los mismos negacionistas que nos negaban toda la decadencia y degradación que estamos sufriendo en occidente. Por eso, cuando un niño pijo de izquierdas universitaria española os diga; esto no va a pasar. Poneros a temblar y preparaos para lo peor. 

Estamos ante la antesala de una guerra cultural en Europa. Esto son solo pequeños esbozos de lo que viene. Ahora mismo estamos posicionando fichas en el tablero de Ajedrez, y ellos, gracias a las políticas absurdas de nuestra querida izquierda de niños pijos universitarios españoles, van con ventaja.

Marruecos tiene aspiraciones soberanistas sobre nuestro país, por eso ha establecido alianzas geoestratégicas con Israel y con USA, se está armando, y esta invadiendo religiosa, cultural y poblacionalmente España. Y lo peor de todo, estamos solos.. el PSOE ha creado un estado fallido en el que no funcionan ni las mas elementales estructuras del estado. La policía no puede hacerse cargo de la seguridad ciudadana, el ejercito no es capaz de controlar Ceuta, fuegos, volcanes, catástrofes, seguridad social, todo es un caos absoluto tras 10 años de socialismo. Solo el pueblo salva al pueblo. 

domingo, 26 de julio de 2026

Incendios forestales. ¿Qué está fallando?

 Todos los que, en mayor o menor medida, vivimos en el campo o solemos hacer vida en él conocemos perfectamente esta sensación. No es algo nuevo. Llevamos años viéndolo y comentándolo. En mi caso, quienes me conocen de cerca saben que he repetido miles de veces la misma frase mientras paseaba por el monte: «El día que esto prenda, no hay quien detenga el incendio».

Y para llegar a esa conclusión no hace falta ser ingeniero forestal ni haber estudiado durante años el comportamiento del fuego. A veces basta simplemente con caminar, mirar alrededor y, sobre todo, mirar al suelo.

Hay montes en los que décadas de abandono han ido dejando una enorme cantidad de material vegetal acumulado. Ramas derribadas por el viento, maleza que crece durante la primavera y termina completamente seca con la llegada del verano, piñas, arbustos, árboles muertos, troncos caídos que permanecen allí año tras año... Todo se va acumulando hasta formar una auténtica alfombra de combustible.

En algunas zonas, como ocurre alrededor del lugar donde vivo, la situación llega a ser alarmante. Hay puntos en los que resulta complicado incluso caminar fuera de los senderos por la cantidad de ramas, matorral y restos vegetales que se han ido acumulando durante años.

Por eso siempre termino pensando lo mismo: el día que esto prenda, será prácticamente imposible detenerlo.

Podemos invertir millones de euros en bomberos, helicópteros, aviones y medios de extinción, y evidentemente debemos disponer de todos ellos. Pero hay un momento en el que el fuego adquiere tal intensidad que deja de ser únicamente un problema de medios. Cuando coinciden temperaturas extremas, viento, baja humedad y kilómetros de vegetación seca esperando para arder, llega un punto en el que ningún ejército de bomberos puede hacer milagros.

Y entonces surge una pregunta bastante lógica. Si existe toda esa madera caída, si hay ramas secas, maleza y restos vegetales acumulándose año tras año, ¿por qué los habitantes de los pueblos no entran periódicamente en los montes y retiran parte de ese material?

Es una pregunta comprensible, especialmente para quien contempla el mundo rural desde una ciudad.

Pero la realidad actual es bastante más complicada.

El monte español está sometido a una extensa regulación. Dependiendo de dónde nos encontremos, de quién sea el propietario del terreno, del tipo de monte y de su nivel de protección, recoger madera, leña u otros productos forestales puede estar sometido a permisos, autorizaciones, declaraciones responsables o prohibiciones.

En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, la extracción de madera y leña puede tener la consideración de aprovechamiento forestal y no existe un derecho general del ciudadano a entrar en un monte y llevarse aquello que encuentra en el suelo simplemente porque esté seco o haya caído de manera natural.

Evidentemente, esto no significa que alguien vaya a recibir una multa de 100.000 euros por meter cuatro piñas en una bolsa. Las sanciones dependen de la gravedad de la infracción, del daño causado, de la cantidad extraída, del lugar donde se produzca y de otras muchas circunstancias. Pero el fondo del problema permanece: algo que durante generaciones formó parte de la vida cotidiana de nuestros pueblos se ha convertido en una actividad sometida a una importante burocracia.

Y aquí es donde aparece una contradicción que resulta difícil ignorar, pues durante generaciones, la gente utilizó el monte porque el monte era también un recurso. Se recogía leña para calentarse durante el invierno. Se recogían piñas. Se aprovechaba la madera. El ganado pastaba y consumía parte de la vegetación. Los campos se cultivaban. Los caminos eran transitados. Los alrededores de los pueblos estaban vivos porque había personas que obtenían de ellos parte de aquello que necesitaban para vivir.

Aquellas personas no recogían una rama pensando en prevenir un incendio forestal. La recogían porque necesitaban calentar su casa. No llevaban el ganado al monte pensando en reducir la biomasa. Lo hacían porque necesitaban alimentar a sus animales. No limpiaban determinados terrenos porque hubieran leído un plan de prevención de incendios. Lo hacían porque aquellos terrenos tenían un valor para ellos.

Pero precisamente ahí estaba la clave. El monte tenía valor y, por tanto, alguien tenía interés en aprovecharlo.

Yo mismo todavía recuerdo parte de aquel mundo. Recuerdo perfectamente aquellos inolvidables veranos de los años ochenta en los que acompañaba a mi abuelo al monte para recoger madera caída y piñas pensando ya en el invierno. No éramos los únicos. Lo hacía mucha gente. Era algo normal. Nadie consideraba que recoger unas ramas secas estuviera destruyendo la naturaleza.

Y mientras cada familia buscaba simplemente un beneficio para su propia casa, entre todos se estaba produciendo algo que hoy parece que hemos olvidado: se retiraba combustible del monte.

¿Eso evitaba los incendios? Evidentemente no. Los incendios forestales han existido siempre. También hubo incendios en España durante los años setenta y ochenta. Pero una cosa es que se produzca un incendio y otra muy diferente es la capacidad que ese incendio tenga para propagarse hasta convertirse en un monstruo prácticamente imposible de combatir. Algo que pasa ahora, en el 2026, con las leyes del 2026, y no con las leyes antiguas. Siendo así.. que ha ocurrido entre la prevención y relativo control de los incendios forestales de los años 70 y 80 (tiempos que yo recuerdo) y los incendios forestales del presente. ¿El cambio climático?.. No, los ecologistas de salón, los pijos universitarios que solo van al campo para hacer senderismo y sacarse unas fotos para el instagran con su correspondiente bandera de Palestina, su chapita de la LGTB y su camiseta feminista.

Lo cierto es que defender la causa del cambio climático como causa del fuego a día de hoy, cuando todos los veranos detienen a 5 "fulanos" en España por incendios.. Digamos que esta más relacionado con el sectarismo político y la retorica interesada que otra cosa, pero bueno.  

Realmente la comparación con el franquismo resulta incomoda en el presente, por que la modernidad se ha construido basada en una retorica de perfección que impide cualquier comparativa critica con el pasado. Es decir, el tiempo en el que vivimos es perfecto, y todo tiempo pasado, a exclusión de la idealizada 2º republica, es malo y negativo. Pero no, no es así.. todo periodo tiene sus cosas buenas y malas, y es de necios o de sectarios no reconocerlas.

Durante el franquismo, y también durante las décadas inmediatamente posteriores, la relación entre el mundo rural y el monte era radicalmente diferente a la actual. No porque Franco hubiera descubierto ninguna fórmula mágica contra los incendios ni porque la política forestal de aquella época fuese perfecta. No lo fue. Hubo decisiones discutibles, repoblaciones masivas, conflictos relacionados con los aprovechamientos comunales y políticas forestales que pueden y deben analizarse críticamente.

Pero existía una realidad difícil de negar: el monte estaba mucho más integrado en la economía cotidiana de los pueblos.

Había más población viviendo en el medio rural. Había más ganado. Había más pequeñas explotaciones agrícolas. Se recogía leña. Se aprovechaba la madera. Se utilizaban terrenos que posteriormente fueron abandonados. Existía, en definitiva, una presencia humana constante que transformaba el paisaje y retiraba una parte importante de la vegetación que hoy permanece en él.

Después llegó el éxodo rural, desaparecieron miles de pequeñas explotaciones, disminuyó el pastoreo en numerosas zonas, muchos cultivos fueron abandonados y buena parte de aquellos aprovechamientos dejaron de resultar económicamente interesantes.

Y mientras el campo perdía habitantes, nuestra legislación ambiental se hacía cada vez más compleja.

Muchas de aquellas normas eran necesarias. Evidentemente no podemos regresar a una época en la que cualquiera pueda entrar en un monte, cortar árboles o llevarse aquello que quiera sin ningún control. Proteger nuestros espacios naturales es necesario. Pero proteger no puede significar abandonar. Y regular no debería significar expulsar a las personas que durante generaciones formaron parte del propio ecosistema rural.

Porque hemos llegado a una situación paradójica. En determinados lugares ponemos enormes dificultades para que un vecino aproveche gratuitamente una parte de la biomasa del monte y, posteriormente, destinamos dinero público a contratar trabajos para retirar esa misma biomasa.

Primero convertimos algo que tenía valor en algo que nadie puede o quiere recoger. Después dejamos que se acumule. Y finalmente pagamos para eliminarlo. Y Es precisamente aquí donde comienza mi crítica al ecologismo actual.

No al ecologismo entendido como respeto por la naturaleza, porque proteger nuestros bosques, nuestros ríos y nuestra fauna debería ser una preocupación de cualquiera que ame el campo. Mi crítica va dirigida a otra cosa: al ecologismo convertido en estructura burocrática, económica e institucional, no pocas veces politizada desde la izquierda. 

Durante las últimas décadas hemos creado alrededor de la protección ambiental una enorme maquinaria formada por administraciones, organismos, empresas, consultoras, asociaciones, subvenciones, fondos europeos, certificaciones, proyectos, estudios, campañas y programas públicos.

Todo ello mueve enormes cantidades de dinero. Y que exista dinero alrededor de la protección del medio ambiente no significa automáticamente que exista corrupción, ni mucho menos que toda política ambiental sea inútil. Sería absurdo afirmarlo.

Pero cuando alrededor de una causa aparecen miles de puestos de trabajo, presupuestos millonarios, subvenciones, contratos públicos e intereses empresariales, esa causa deja de ser únicamente una idea y comienza también a convertirse en una industria.

Y cualquier industria termina desarrollando intereses propios. Por eso quizá deberíamos hacernos una pregunta incómoda: ¿estamos protegiendo nuestros montes o estamos protegiendo la enorme estructura que hemos construido alrededor de la idea de protegerlos? Y tristemente esto es aplicable a todas las causas actuales, desde el negocio del feminismo, al negocio de la LGTB, al negocio de las ONg's

la realidad es que podemos redactar miles de páginas de legislación ambiental y permitir, al mismo tiempo, que determinados montes acumulen combustible durante décadas.

Podemos invertir cantidades cada vez mayores en apagar incendios mientras olvidamos que quizá sería más inteligente evitar que el territorio llegue al verano convertido en una inmensa masa continua de combustible.

Podemos llenar despachos de técnicos, crear organismos, aprobar planes, conceder subvenciones y desarrollar campañas institucionales, pero cuando un fulano en alguna parte de España, decide prender una montaña cubierta de vegetación seca, y esta comienza a arder con cuarenta grados y viento fuerte, al fuego le importa bastante poco cuántas páginas tenía nuestro último plan medioambiental.

Quizá ha llegado el momento de recuperar algo del sentido práctico que durante siglos tuvo el mundo rural. Y plantearnos que en el pasado, no todo fue malo y desastroso, mas bien al contrario, ejemplo de como deberíamos de hacer el futuro.. máxime cuando a la vista está, las cosas no están funcionando bien. 

No se trata de regresar al pasado como tal. Ni de permitir que cualquiera haga lo que quiera en nuestros montes (como ya he comentado). Se trata de comprender que la presencia humana no siempre es enemiga de la naturaleza y que, en determinados ecosistemas, el abandono tampoco significa conservación, sino negocio ecologista que mueve miles de millones anuales en toda Europa. 

Tal vez deberíamos volver a facilitar aprovechamientos controlados de leña y biomasa, recuperar el pastoreo donde sea posible, mantener caminos y cortafuegos, favorecer mosaicos agrícolas y forestales y conseguir, sobre todo, que vivir junto al monte vuelva a proporcionar algún beneficio a quienes tienen que cuidarlo durante todo el año.

Porque mientras continuemos tratando el mundo rural como un museo que debe contemplarse desde lejos, el monte seguirá creciendo, secándose y acumulando combustible. 

Los incendios seguirán existiendo. Siempre han existido y siempre existirán. La cuestión es qué encontrarán cuando comiencen. Y que podemos hacer para controlarlos evitando que tengan combustible para arder de forma incontrolada.

Y quizá, después de tantos años hablando de políticas ambientales, sostenibilidad, transición ecológica y millones de euros destinados a proteger nuestros espacios naturales, deberíamos volver a escuchar a aquellos que viven todos los días junto al monte. Los cuales, os puedo asegurar, que no están de acuerdo con los pijo corbatitas ecologistas de Bruselas con bandera palestina, y fin de semana senderista en Guadarrama por la causa feminista. 

Lo cierto es que muchos lugareños de pueblos y montes, llevan años mirando esa acumulación de ramas, árboles caídos y vegetación seca mientras repiten exactamente la misma frase que yo os he comentado:

«El día que esto prenda, no hay quien lo pare». Ni el ecologismo, ni los universitarios, ni los bomberos forestales, ni la bandera Palestina. 

jueves, 9 de julio de 2026

Mercenarios germanos en la Hispania Roaman.. los Salii iuniores Gallicani del Comes Hispaniarum

Los Salii iuniores Gallicani eran una unidad de auxilia palatina del ejército romano tardío cuyo nombre hace referencia a los francos salios, uno de los principales pueblos germánicos establecidos en el bajo Rin. Su denominación indica un origen vinculado a este grupo étnico, cuyos guerreros fueron incorporados progresivamente al ejército romano como parte de la política imperial de integración de contingentes bárbaros en las fuerzas militares de Occidente. El calificativo Gallicani sugiere además su vinculación previa con el ejército de la Galia antes de su asignación a otro teatro de operaciones.

La Notitia Dignitatum, compilada entre finales del siglo IV y comienzos del V, sitúa a los Salii iuniores Gallicani bajo el mando del Comes Hispaniarum, comandante del ejército de campaña de las provincias hispanas. Su inclusión en este documento demuestra que una unidad de origen franco, y por tanto germánico, formaba parte de las fuerzas imperiales destinadas administrativamente en Hispania durante el Bajo Imperio. Aunque es probable que en esa época la unidad ya estuviera integrada por soldados de procedencias diversas, consecuencia del sistema de reemplazos del ejército romano, conservó su nombre tradicional, que seguía reflejando su origen entre los francos salios y evidencia la creciente presencia de contingentes germánicos en el ejército romano occidental.

Soldados germanos en la Hispania romana. La unidad de los Brisigavi seniores

Los Brisigavi seniores eran una unidad de auxilia palatina del ejército romano tardío cuyo nombre deriva de los Brisigavi, un pueblo germánico perteneciente al grupo de los alamanes, asentado en la región del Breisgau, al este del Rin. Su denominación conserva el recuerdo de ese origen étnico, lo que los identifica como una formación inicialmente reclutada entre guerreros germanos incorporados al servicio de Roma.

La Notitia Dignitatum, compilada entre finales del siglo IV y comienzos del V, sitúa a los Brisigavi seniores bajo el mando del Comes Hispaniarum, el comandante del ejército de campaña de las provincias hispanas. Esta es una de las pruebas más claras de la presencia de una unidad de origen germánico destinada administrativamente en Hispania durante el Bajo Imperio. Aunque en esa época la composición de la unidad probablemente ya era diversa debido al sistema de reemplazos del ejército romano, el nombre Brisigavi seniores seguía reflejando su procedencia original y constituye un ejemplo de la integración de pueblos germánicos en las fuerzas militares del Imperio romano occidental.

Mercenarios germanos en la Hispania romana, los Tubantes del Comes Hispaniarum

Los Tubantes eran una unidad de auxilia palatina del ejército romano tardío cuyo nombre procede de los Tubantes, un pueblo germánico asentado en la región de Twente, en el actual este de los Países Bajos, dentro del área del bajo Rin. Su denominación conserva el origen étnico de la unidad, indicando que fue formada inicialmente con guerreros de este pueblo germánico incorporados al servicio del Imperio romano.

La Notitia Dignitatum, redactada entre finales del siglo IV y comienzos del V, incluye a los Tubantes entre las tropas bajo el mando del Comes Hispaniarum, responsable del ejército de campaña de las provincias hispanas. Su presencia en este documento constituye una evidencia de que una unidad de origen germánico estaba destinada administrativamente en Hispania durante el Bajo Imperio. Aunque para entonces sus efectivos probablemente ya no estuvieran compuestos exclusivamente por tubantes debido al sistema de reclutamiento y reemplazo del ejército romano, la unidad conservó su nombre tradicional, que seguía recordando su procedencia germánica y el papel cada vez más importante de los pueblos germanos en las fuerzas militares de Roma.

domingo, 5 de julio de 2026

Germanos al servicio de Roma: la presencia de tropas del Rin en la Hispania tardoimperial

Cuando se aborda la presencia de pueblos germánicos en Hispania, la historiografía tradicional suele situar el inicio de este fenómeno en el año 409 d.C., momento en el que suevos, vándalos y alanos atravesaron los Pirineos aprovechando la profunda crisis política y militar que afectaba al Imperio romano de Occidente. Aquellas invasiones marcaron el comienzo de una nueva etapa histórica que culminaría con el establecimiento de los primeros reinos germánicos en la Península. Sin embargo, esta visión, aunque correcta en términos generales, simplifica una realidad mucho más compleja.

Mucho antes de que los pueblos bárbaros penetraran en Hispania como invasores, hombres de origen germánico ya recorrían sus caminos, defendían sus ciudades y servían en sus guarniciones. No llegaron como enemigos del Imperio, sino como soldados del propio ejército romano. Formaban parte de un sistema militar profundamente transformado durante el siglo IV, en el que el origen étnico de los reclutas había dejado de ser un elemento determinante y donde la fidelidad al emperador y la disciplina militar prevalecían sobre cualquier consideración cultural.

Durante los siglos I y II d.C., las legiones romanas destinadas en Hispania estaban integradas principalmente por ciudadanos del propio Imperio y por auxiliares procedentes de diversas provincias. Sin embargo, las profundas reformas militares impulsadas a partir del siglo III, especialmente durante los reinados de Diocleciano y Constantino, modificaron radicalmente la estructura del ejército romano. La presión constante sobre las fronteras del Rin y del Danubio obligó a incrementar el reclutamiento en las regiones limítrofes, incorporando contingentes completos de pueblos germánicos que, una vez integrados en el ejército, pasaban a formar parte del aparato militar imperial.


Lejos de tratarse de mercenarios ocasionales, muchos de estos soldados desarrollaron largas carreras militares dentro del ejército romano. Algunos alcanzaron incluso los más altos cargos del Imperio, demostrando hasta qué punto Roma había transformado su política de integración. Batavos, francos, salios, bructeros, tubantes, hérulos o ampsivarios aparecen documentados sirviendo bajo las enseñas imperiales en numerosas campañas desarrolladas durante los siglos IV y V.

Una de las fuentes más valiosas para conocer esta realidad es la Notitia Dignitatum, un extraordinario documento administrativo elaborado entre finales del siglo IV y comienzos del V que recoge la organización civil y militar del Imperio romano. Aunque el texto conservado es el resultado de varias actualizaciones, constituye el inventario más completo que poseemos sobre la distribución del ejército romano tardío.

Para Hispania, la Notitia Dignitatum resulta especialmente reveladora. Bajo la autoridad del Comes Hispaniarum, comandante del ejército de campaña destinado en la diócesis hispana, aparecen registradas diversas unidades de infantería y caballería pertenecientes al ejército móvil de Occidente (comitatenses y auxilia palatina). Entre ellas destacan varios cuerpos cuya propia denominación remite a las provincias del Rin inferior y de la Galia Bélgica, regiones donde el ejército romano obtenía desde hacía décadas una parte muy importante de sus efectivos.

Especial interés presentan los Batavi iuniores, unidad cuyo origen debe relacionarse con los antiguos batavos establecidos en el delta del Rin, en el territorio de los actuales Países Bajos. Los batavos habían mantenido una estrecha relación con Roma desde el siglo I d.C., proporcionando algunos de los mejores auxiliares del ejército imperial y adquiriendo una reputación militar que perduró durante toda la Antigüedad tardía. Aunque los Batavi iuniores del siglo IV ya no eran necesariamente descendientes directos de aquellos guerreros, su nombre refleja la continuidad de una tradición militar asociada a una de las regiones más importantes del limes renano.

Junto a ellos aparecen también los Cortoriacenses, cuyo nombre parece derivar de Cortoriacum (la actual Kortrijk o Courtrai, en Bélgica). Esta ciudad se encontraba en una zona fronteriza profundamente militarizada, donde convivían poblaciones galorromanas con numerosos grupos francos y otros pueblos germánicos incorporados progresivamente al sistema defensivo romano. Aunque la Notitia Dignitatum no especifica la composición étnica de la unidad, resulta razonable pensar que buena parte de sus efectivos procediera de este entorno cultural y militar característico del bajo Rin.

Estas tropas pertenecían a los Auxilia Palatina, una categoría de unidades creada durante las reformas constantinianas y considerada entre la infantería de mayor prestigio del ejército romano tardío. A diferencia de los antiguos cuerpos auxiliares del Alto Imperio, los Auxilia Palatina constituían fuerzas de élite integradas en los ejércitos de campaña imperiales, con elevada movilidad, excelente entrenamiento y una importancia táctica fundamental en las operaciones militares del siglo IV. Numerosos estudios han señalado que una parte considerable de estas unidades fue reclutada precisamente entre las poblaciones germánicas asentadas en las provincias del Rin, convertidas ya en uno de los principales centros de reclutamiento del ejército imperial.

La presencia de estas unidades en Hispania adquiere una dimensión aún más interesante cuando se compara con la evidencia arqueológica. Desde mediados del siglo XX, excavaciones realizadas en diversos yacimientos de la Meseta Norte han documentado una notable concentración de objetos característicos del equipamiento militar del ejército romano tardío. Entre los hallazgos más significativos destacan las necrópolis de Simancas (Valladolid), La Olmeda (Palencia), Hornillos del Camino (Burgos) y otros enclaves distribuidos a lo largo del valle del Duero.

Los ajuares recuperados incluyen fíbulas tipo Ballenfibel, hebillas militares de tradición renana, cinturones decorados con placas metálicas, espadas tipo spatha, puntas de lanza y otros elementos cuya distribución coincide estrechamente con la cultura material documentada en las provincias del Rin entre mediados del siglo IV y comienzos del V. Su cronología, situada aproximadamente entre los años 350 y 410 d.C., coincide precisamente con el periodo en el que la Notitia Dignitatum documenta la presencia de unidades del ejército de campaña en Hispania.


Durante décadas, muchos de estos objetos fueron considerados indicadores de asentamientos bárbaros o de la llegada temprana de poblaciones germánicas a la Península. Sin embargo, los avances experimentados por la arqueología militar durante las últimas décadas han llevado a reconsiderar esta interpretación. Hoy resulta evidente que buena parte de este equipamiento formaba parte del armamento reglamentario utilizado por las tropas del ejército romano occidental, independientemente del lugar donde estuvieran destinadas. Un cinturón militar de tradición renana no identifica necesariamente a un invasor franco; puede pertenecer igualmente a un soldado romano destinado en Hispania tras haber servido en las fronteras del Rin.

Esta reinterpretación encuentra un sólido respaldo documental en la propia Notitia Dignitatum. Si el ejército del Comes Hispaniarum incluía unidades reclutadas originalmente en las provincias renanas, resulta perfectamente lógico que sus miembros conservaran parte de su equipo, de sus costumbres funerarias e incluso de determinados elementos culturales propios de su lugar de origen. En consecuencia, la aparición de materiales "germánicos" en las necrópolis hispanas no debe entenderse necesariamente como el resultado de migraciones independientes, sino como la expresión arqueológica de un ejército romano profundamente multicultural, en el que seguramente convivían romanos propiamente dichos, con elementos de etnia germánica. 

En realidad, esta situación refleja una de las transformaciones más profundas experimentadas por el Imperio durante la Antigüedad tardía. El ejército romano dejó de ser una institución formada exclusivamente por itálicos o provinciales romanizados para convertirse en un auténtico mosaico de pueblos integrados bajo una misma estructura política y militar. Francos, batavos, alamanes, hérulos o sármatas podían combatir hombro con hombro bajo las órdenes de oficiales romanos, utilizando tácticas romanas y defendiendo intereses romanos, sin que ello implicara la desaparición completa de sus identidades culturales.

Desde esta perspectiva, Hispania aparece no como una provincia aislada y alejada de las fronteras imperiales, sino como un territorio plenamente integrado en las dinámicas militares del Bajo Imperio. Los soldados que protegían sus ciudades y recorrían sus calzadas procedían de lugares tan diversos como la Galia, Britania, Panonia o las provincias del Rin, convirtiendo a la Península en un espacio donde confluyeron tradiciones militares, culturales y étnicas procedentes de todo el Occidente romano.

En definitiva, la combinación de las fuentes escritas y del registro arqueológico permite plantear una conclusión de gran interés histórico: la presencia de objetos de tradición germánica en Hispania durante la segunda mitad del siglo IV constituye, en muchos casos, la huella material de las propias tropas del ejército romano y no necesariamente la evidencia de invasiones o asentamientos bárbaros anteriores al año 409. Antes de la llegada de suevos, vándalos y alanos, hombres nacidos en las regiones del Rin ya defendían la Península como soldados del Imperio. Paradójicamente, fueron aquellos "bárbaros de Roma" quienes representaron una de las últimas líneas de defensa del poder imperial en Hispania, pocos años antes del colapso definitivo de la autoridad romana en Occidente.

¿Cuántos fueron? ¿En qué cantidad? ¿Cuál pudo ser su número? Evidentemente, resulta imposible establecer una cifra exacta. Las fuentes antiguas no indican el número de efectivos destinados en Hispania ni permiten conocer el origen étnico de cada soldado. Sin embargo, la documentación disponible demuestra que, varias décadas antes de las invasiones del año 409, la Península ya albergaba un contingente significativo de militares de origen germánico integrados en el ejército regular romano.

Aunque entramos inevitablemente en el terreno de la estimación, algunos datos permiten realizar una aproximación razonable. La mayoría de los especialistas, entre ellos A. H. M. Jones, Dietrich Hoffmann, Michael P. Speidel o Hugh Elton, consideran que un auxilium palatinum contaba normalmente con entre 500 y 800 hombres, si bien determinadas unidades pudieron alcanzar ocasionalmente cifras cercanas al millar de efectivos.

La Notitia Dignitatum atribuye al Comes Hispaniarum un ejército de campaña compuesto por varias unidades de Auxilia Palatina, comitatenses y vexillationes de caballería. Sumando las unidades documentadas, la mayoría de las estimaciones sitúan el contingente militar hispano entre 5.000 y 7.000 soldados, pudiendo alcanzar 8.000 o incluso 10.000 efectivos si todas las unidades se encontraban próximas a su plantilla teórica. Una cifra intermedia, cercana a los 6.000 hombres, suele considerarse hoy la hipótesis más verosímil.

Si una parte importante de estas tropas procedía originalmente de las provincias del Rin, tampoco resulta descabellado pensar que muchos de aquellos soldados estuvieran acompañados por sus familias. Desde finales del siglo III era habitual que los militares profesionales permanecieran largos periodos destinados en una misma provincia, formando hogares estables con esposas e hijos. Aunque no existen cifras concretas para Hispania, la presencia de varios miles de soldados podría haber dado lugar a comunidades vinculadas al ejército de entre 3.000 y 5.000 personas de origen o ascendencia germánica, plenamente integradas en la sociedad provincial y bajo la autoridad imperial.

En cuanto a su religión, una pregunta que seguramente muchos os estaréis haciendo. Tampoco puede establecerse una respuesta única. Entre aquellos soldados probablemente convivían individuos que conservaban las antiguas creencias paganas propias de los pueblos del Rin junto a otros que ya habían adoptado el cristianismo, especialmente entre quienes llevaban años sirviendo en el ejército romano. La diversidad religiosa debió de ser la norma en unas unidades donde el vínculo con Roma dependía más de la lealtad militar que de la identidad étnica o de las creencias personales.

Basándonos en la distribución de los hallazgos arqueológicos, parece probable que buena parte de estas unidades estuvieran acantonadas en un amplio corredor que comprendía Simancas, La Olmeda, Hornillos del Camino, el valle del Duero, el entorno de León y Astorga, e incluso algunos sectores del valle medio del Ebro. Desde esta posición estratégica, el ejército móvil podía desplazarse con relativa rapidez hacia cualquier punto de la Península en caso de necesidad.

Si aceptamos un ejército de campaña de unos 6.000 efectivos y un importante componente reclutado en las provincias renanas, es posible que la Hispania de finales del siglo IV albergara la mayor concentración de soldados de origen germánico conocida en la Península antes de las invasiones del año 409. No obstante, esta debe entenderse como una hipótesis histórica y no como un hecho demostrado, ya que las fuentes no permiten cuantificar con precisión la composición étnica de cada unidad. En cualquier caso, conviene recordar que el ejército romano tardío era una institución profundamente multicultural, en la que convivían soldados nacidos en Italia, Hispania, la Galia, Britania, Panonia o las fronteras del Rin, unidos no por su origen, sino por su servicio al Imperio.

Alvar Ordoño 2026

domingo, 14 de junio de 2026

Los íberos y la cuestión genética: continuidad biológica y diversidad cultural en la Hispania prerromana (últimos estudios genéticos)

Desde que apareció la genética en la arqueología, son constantes los cambios que observamos en la historia. Tambaleando en muchas ocasiones, los cimientos y conceptos sobre los que habíamos asentado nuestras creencias por décadas e incluso siglos. 

Hace poco ví una noticia referida a la genética de los iberos, un estudio bastante interesante, que pone al traste muchas de las cosas que se creían. Y aun cuando bien es cierto, que todos estos conceptos deben de ser tomados con cautela, pues ya de por si el estudio genético realizado, suele estar reducido a poblaciones considerablemente pequeñas de población ( en este caso 54 individuos), si que valen para tener una nueva idea o aproximación sobre cual podría haber sido la genética de las poblaciones ibéricas del noroeste peninsular. 

Y es que durante décadas, la historiografía tradicional presentó a los pueblos prerromanos de la Península Ibérica como entidades étnicas claramente diferenciadas. En esa visión clásica, los íberos aparecían como poblaciones autóctonas preindoeuropeas asentadas en la fachada mediterránea, mientras que celtas y celtíberos eran interpretados como pueblos invasores de origen indoeuropeo llegados desde Europa continental. Sin embargo, los avances recientes en arqueogenética están modificando profundamente esta interpretación, mostrando un panorama mucho más complejo y matizado.

Un estudio publicado en 2026 y difundido por medios especializados como La Brújula Verde sostiene que las poblaciones íberas del noreste peninsular mantuvieron una notable continuidad genética durante aproximadamente seis siglos, a pesar de su intenso contacto con fenicios, griegos y posteriormente cartagineses. El análisis de ADN antiguo procedente de diversos yacimientos arqueológicos reveló que la composición biológica de estas comunidades permaneció relativamente estable desde la Primera Edad del Hierro hasta la romanización.

Esta conclusión resulta especialmente significativa porque contradice antiguas hipótesis que interpretaban la aparición de la cultura ibérica como consecuencia de migraciones masivas procedentes del Mediterráneo oriental, incluso planteando que los iberos fueran pueblos del mar, o exiliados de Egipto. 

Los datos genéticos actuales indican, por el contrario, que los íberos fueron esencialmente descendientes de poblaciones locales que habían habitado la Península desde épocas anteriores. La influencia fenicia y griega existió, y fue enorme en términos culturales y económicos, pero no implicó un reemplazo demográfico sustancial.

No obstante, uno de los aspectos más interesantes de estos estudios es que muchos de los individuos analizados portaban el haplogrupo paterno R1b, un linaje asociado a las migraciones esteparias de la Edad del Bronce que transformaron genéticamente gran parte de Europa occidental entre el III y II milenio a.C. Este dato tiene implicaciones importantes para comprender la verdadera naturaleza de las poblaciones ibéricas.

Tradicionalmente se había tendido a identificar lo “preindoeuropeo” con una supuesta continuidad genética neolítica o paleolítica, diferenciada de las poblaciones célticas posteriores. Sin embargo, la arqueogenética moderna demuestra que esta asociación resulta simplista. La expansión de poblaciones con ascendencia esteparia y linajes R1b afectó a buena parte de la Península Ibérica, tanto a regiones posteriormente celtizadas como a aquellas que desarrollaron culturas no indoeuropeas.

En consecuencia, íberos y celtíberos probablemente compartían una base genética relativamente similar. Ambos grupos descendían en gran medida de poblaciones mezcladas surgidas tras las migraciones de la Edad del Bronce. Las diferencias entre ellos no eran tanto biológicas como lingüísticas y culturales. Mientras los celtíberos, y poblaciones de las mesetas indoeuropeas (celtas) hablaban lenguas célticas, mantenían cultura celta y tenían dioses celtas, claramente indoeuropeas, los íberos conservaron una lengua no indoeuropea cuya filiación exacta sigue siendo discutida. Del mismo modo, sus estructuras sociales, sus formas urbanas y sus influencias culturales divergieron notablemente, estando el mundo ibero mas influenciado por el mundo mediterraneo y pre indoeuropeo en su aspecto cultural y artistico (no genético) 

La cultura ibérica se desarrolló en estrecho contacto con el Mediterráneo colonial. Fenicios y griegos introdujeron sistemas de escritura, redes comerciales, nuevas formas artísticas y modelos urbanos que transformaron profundamente las sociedades indígenas de la costa oriental y meridional de Hispania. Sin embargo, esta mediterraneización cultural no implicó necesariamente una sustitución poblacional. Los íberos adoptaron elementos culturales externos mientras mantenían una continuidad biológica esencialmente local.

Este fenómeno no es excepcional en la historia humana. Numerosos pueblos han cambiado de lengua, religión o cultura sin experimentar grandes alteraciones genéticas. El caso de los íberos demuestra precisamente que genética y cultura no son categorías equivalentes. Compartir determinados linajes biológicos no implica hablar la misma lengua ni poseer la misma identidad colectiva.

De hecho, el propio concepto de “pueblo” en la Antigüedad debe entenderse de manera mucho más flexible de lo que sugerían las interpretaciones nacionalistas del siglo XIX. En parte porque en aquellos tiempos, el pueblo o los estados nación, no estaban tan ligados a la territorialidad de un lugar, como al parentesco étnico y racial que tenían sus gens entre ellos. Así pues, por ejemplo en el tema de los iberos.. hablaríamos de distintas tribus que ocupaban un territorio amplísimo, pero que por su semejanza física, cultural, étnica, linguistica, fueron llamados todos ellos con el nombre de Iberos por cartagineses, griegos y romanos. Pueblos extranjeros todos ellos, que si observaron semejanzas entre los habitantes de una zona que mantenían parentestco étnico y cultural entre si, a pesar de formar parte de tribus distintas.  

En este contexto, la Península Ibérica prerromana aparece cada vez menos como un mosaico de razas separadas y más como un espacio de interacción continua entre comunidades emparentadas biológicamente pero diferenciadas por sus tradiciones culturales y lingüísticas. La llegada de Roma sí produjo posteriormente un cambio demográfico mucho más intenso, incorporando poblaciones procedentes de múltiples regiones del Mediterráneo y favoreciendo una integración genética a gran escala dentro del Imperio.

Los nuevos estudios arqueogenéticos no eliminan las diferencias entre íberos y celtas, pero obligan a reinterpretarlas. Más que pueblos radicalmente distintos desde un punto de vista biológico, probablemente fueron sociedades vecinas surgidas de una base poblacional común, que evolucionaron de manera diferente según sus contactos culturales, sus lenguas y sus procesos históricos particulares. Seguramente las poblaciones iberas de las costas mediterraneas no dejaban de ser "hispanos" emparentados con los celtiberos del interior mesetario, desde la propia llegada de las oleadas de yamnayas a Iberia. Momento en el que el mundo pre indoeuropeo desaparece paulatinamente, ante el empuje de los guerreros indoeuropeos llegados de las estepas. Algo que afecto por igual en mayor o menor porcentaje genetico tanto a iberos como a celtas de las mesetas y norte peninsular. 

sábado, 13 de junio de 2026

El viejo rey Alfonso II, rey de Asturias y por extensión de Gallaecia (Hispania cristiana)

Yo, Siervo de todos los siervos de Dios, Rey Alfonso, hijo del Rey Froila, después de que, con la ayuda de Dios, tomé la cumbre de todo el Reino de Gallaecia, y/mismo/también de Hispania, que perdiera por el fraude de Mauregato y, de su destrucción, con ayuda de Dios, tomado el mando del reino, aseguré firmemente todas las fortificaciones, pues fueram vengadas por nuestro victorioso rey Señor Alfonso [I], hijo del Duque Pedro, y rescatándolas de manos de los sarracenos por todas las fronteras de Gallaecia [...] me complace establecer el Trono del Reino en Oviedo y construir allí una iglesia en honra de San Salvador a semejanza de la iglesia de Santa María de la ciudad de Lugo.

"Tumbo viejo de la Catedral de Lugo (AHN, Cod., L. 1043) Nº8, fol. 7v: Testamentum Domini Adefonsis Regis de Sancta Christina um.

viernes, 15 de mayo de 2026

El feminismo se olvido de Isabel de Castilla ¿Casualidad?

Isabel I de Castilla fue, sin duda, una de las figuras femeninas más poderosas y decisivas de la Europa del siglo XV. Su nombre y su extensa titulatura reflejaban no solo la magnitud territorial de sus dominios, sino también la autoridad política efectiva que ejercía en un mundo profundamente condicionado por estructuras masculinas. Isabel ostentó los títulos de Reina de Castilla, de León, de Toledo, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén y del Algarve; Señora de Vizcaya y de Molina; y, tras la caída del reino nazarí, Reina de Granada. A ello se añadiría posteriormente la legitimidad política derivada de las tierras descubiertas allende el océano, quedando vinculada a la expansión de la Monarquía Hispánica hacia las Indias.

Su ascenso al trono no fue el resultado de una concesión ceremonial, sino de una compleja lucha sucesoria en la que demostró una extraordinaria capacidad estratégica. Isabel comprendió antes que muchos gobernantes de su tiempo que el poder no dependía únicamente de la sangre o del derecho dinástico, sino también de la legitimidad política, del apoyo institucional y de la construcción de una imagen de autoridad. Gobernó con plena soberanía, firmó leyes, dirigió reformas administrativas, impulsó la reorganización del Estado y participó activamente en decisiones militares y diplomáticas. Mientras buena parte de Europa concebía a las mujeres nobles como instrumentos matrimoniales o figuras de representación cortesana, Castilla era gobernada por una mujer cuya autoridad nadie podía ignorar. Sin duda un buen argumento para una novela, o para que el sistema mainstream financiado por las elites, usara su figura como empoderamiento feminista, verdad?. Cual es el problema entonces para que ello no ocurra?... En términos genéricos, y como veremos más adelante, simplemente Isabel de Castilla no entra en el estereotipo feminista diseñado por el sistema, sobre lo que una autentica mujer debe de ser. Ella era parte de la historia de España, heterosexual, tradicionalista, y católica. 


La relevancia histórica de Isabel adquiere una dimensión todavía mayor cuando se analiza desde la perspectiva de la evolución de la mujer en distintas civilizaciones. La Europa cristiana medieval, pese a sus limitaciones y contradicciones, permitió en determinados momentos la aparición de mujeres con poder político efectivo: Leonor de Aquitania, Urraca de León, Blanca de Castilla o la propia Isabel constituyen ejemplos de soberanas capaces de intervenir directamente en la política, la guerra y la administración del reino. La tradición jurídica europea, heredera del derecho romano, del cristianismo y de las estructuras feudales occidentales, generó espacios de poder femenino que, aunque excepcionales, fueron reales.

En contraste, numerosos territorios del ámbito islámico histórico desarrollaron modelos sociales más restrictivos respecto al papel político y jurídico de la mujer. La estructura predominante tendió a situar la autoridad masculina como eje central de la organización familiar y social, impidiendo a la mujer, por el simple hecho de ser mujer, a tomar cargos de poder sociales o religiosos relevantes. Discriminando al genero femenino a un simple complemento del hombre para estar en casa cuidada, y engendrando hijos para los varones. En muchos países islámicos contemporáneos continúan existiendo limitaciones relativas al matrimonio, la herencia, la tutela legal, la libertad de movimiento o la participación pública de las mujeres. Estas realidades son reconocidas incluso por organizaciones internacionales de derechos humanos y por movimientos feministas nacidos dentro del propio mundo musulmán.

Sin embargo, el debate contemporáneo alrededor de estas cuestiones suele verse condicionado por factores ideológicos y geopolíticos. En determinadas corrientes políticas occidentales de izquierdas existe una tendencia a evitar comparaciones culturales profundas por temor a ser acusados de intolerancia o etnocentrismo. O simplemente por evidenciar cuestiones históricas que atentan contra sus propios intereses políticos. Llegando a modificar y condicionar la historia a sus intereses en cada momento (últimamente lo estamos viendo en el cine con la sustitución de personajes históricos del mundo europeo por africanos)

Ello ha provocado, en ocasiones, una curiosa paradoja: figuras históricas europeas como Isabel de Castilla, que encarnaron formas reales de autoridad femenina siglos antes del feminismo moderno, son tratadas con incomodidad o reducidas a caricaturas ideológicas, mientras que ciertos sistemas culturales claramente restrictivos hacia la mujer reciben críticas mucho más prudentes o ambiguas, cuando no, directamente se nos intenta vender que el Burka o Niqab es multicultural, feminista y empoderador de la mujer. 


Esta reinterpretación selectiva del pasado responde, en parte, a una batalla cultural por el control del relato histórico. La historia ya no se entiende únicamente como una disciplina destinada a comprender el pasado, sino como un instrumento político capaz de legitimar discursos presentes. Personajes históricos complejos son simplificados, descontextualizados o reinterpretados para adaptarlos a categorías morales contemporáneas. El riesgo de esta tendencia es evidente: cuando la historia deja de estudiarse para empezar a utilizarse como herramienta ideológica, el pasado deja de ser comprendido y pasa a ser manipulado.

En este sentido, la comparación con 1984 resulta particularmente pertinente. En la obra de Orwell, el poder político no se limita a controlar el presente, sino que reescribe constantemente el pasado para garantizar el dominio ideológico sobre la sociedad. La célebre máxima del Partido “quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado” resume una dinámica que continúa siendo profundamente actual. La manipulación de símbolos históricos, la resignificación constante de personajes del pasado y la imposición de lecturas morales únicas recuerdan, salvando las distancias, a ese mecanismo descrito por Orwell, donde nos advertía sobre las dictaduras socialistas futuras que estaban por llegar: adaptar la memoria colectiva a las necesidades ideológicas del momento.

Isabel de Castilla constituye precisamente una figura incómoda para ciertos relatos contemporáneos, como ya advertimos anteriormente, porque rompe numerosos esquemas prefabricados. Fue mujer y gobernante; profundamente religiosa y políticamente pragmática; defensora de una monarquía fuerte y, al mismo tiempo, protagonista de uno de los procesos históricos más decisivos de Occidente. Su figura demuestra que el poder femenino no nació en los laboratorios ideológicos del siglo XX, sino que ha existido bajo formas distintas a lo largo de la historia europea. Siendo España, la odiada España de forma incomprensible por toda la izquierda, su matriz cultural, "racial" e identitario. 

Reducir personajes históricos complejos a etiquetas modernas implica empobrecer la comprensión del pasado. Isabel no puede analizarse únicamente desde categorías políticas actuales, del mismo modo que tampoco puede juzgarse el siglo XV con criterios completamente ajenos a su contexto histórico. La historia exige matices, profundidad y honestidad intelectual. Y precisamente por eso figuras como Isabel siguen generando debate: porque representan realidades históricas demasiado grandes y complejas como para ser absorbidas fácilmente por los marcos ideológicos simplificados del presente.

Siendo casualmente el Caso de Isabel un problema en el presente, pues aun cuando reuniendo todos los factores para ser un icono de las luchas prediseñadas en despachos de grandes lobbys, con claros objetivos de ingeniería social, como no hace mucho aceptó y reconoció Larry Flink, CEO del grupo BlackRocks. No responde a la idealización necesaria de estos grupos y sus izquierdas como exponente feminista para mostrarse como ejemplo de las jóvenes, adolescentes y mujeres. Insistimos.. Isabel fue la mujer mas poderosa de la historia de España, y de su propio tiempo. Pero ni fue feminista, ni trans, ni poliamorosa, ni pro abortista ni activista ecológica, ni vegetariana. Fue española, Cristiana y tradicionalista. Algo que no interesa resaltar a los lobbys que financian todas las luchas sociales en la actualidad. 

No quisiera terminar este artículo, o columna de pensamiento. Sin plantear al mismo tiempo una simple cuestión. Mucho más en la actualidad, donde los mismos grupos que financian el feminismo, y el aborto, financian y apoyan, por intereses políticos, las ventajas del Islam y la multiculturalidad en Europa. ¿Puede alguien darme un ejemplo, solo uno.. ya no que supere, sino que iguale el peso y poder de Isabel de Castilla en el mundo musulmán?. Creo que todos sabemos la respuesta no?. 

López de Zuñiga y el asedio de los 300 españoles en Budapest

El verano de 1686 encontró a Europa inmersa en una de las fases más decisivas de la larga confrontación entre la Cristiandad y el Imperio Otomano. Apenas tres años antes, las murallas de Viena habían resistido el empuje del ejército del gran visir Kara Mustafa en un episodio que alteró profundamente el equilibrio político del continente. La victoria cristiana en el Siege of Vienna no solo frenó la expansión otomana hacia el corazón de Europa central, sino que inauguró una vasta contraofensiva promovida por la Santa Liga bajo patrocinio pontificio. En aquel escenario de fervor religioso, rivalidades dinásticas y ambición imperial, la ciudad de Buda se convirtió en el objetivo principal de las potencias cristianas.

Desde 1541, Buda había permanecido bajo dominio turco, transformándose en el principal bastión otomano en Hungría y en una de las fortalezas más importantes del Danubio. Sus murallas medievales, reforzadas durante más de un siglo de ocupación, dominaban las colinas sobre el río y constituían un símbolo visible del poder otomano en Europa. Para los Habsburgo, su recuperación poseía un valor estratégico incalculable; para numerosos cronistas de la época, en cambio, la campaña adquiría dimensiones casi escatológicas, como si la guerra librada en Hungría representara el último gran enfrentamiento entre dos civilizaciones irreconciliables.

El ejército reunido por la Santa Liga era inmenso y heterogéneo. Bajo el mando de Charles V, Duke of Lorraine se congregaron contingentes imperiales, alemanes, húngaros, bávaros, italianos, croatas y polacos. Entre aquellas tropas figuraba también un pequeño grupo de voluntarios españoles cuya presencia, aunque reducida en número, adquiriría con el tiempo un peso legendario dentro de la memoria militar europea. Las fuentes contemporáneas mencionan a unos trescientos españoles, muchos de ellos veteranos formados en las campañas de Flandes y Lombardía, hombres pertenecientes a esa tradición militar heredera de los antiguos Tercios cuya reputación aún inspiraba respeto en todos los campos de batalla del continente.

Aquellos soldados llegaron a Hungría en una época particularmente compleja para la Monarquía Hispánica. El reinado de Carlos II de España atravesaba una etapa de evidente agotamiento político y económico. Sin embargo, pese al declive de la maquinaria imperial construida en el siglo anterior, el prestigio del soldado español permanecía intacto en gran parte de Europa. La experiencia acumulada durante más de cien años de guerras continuas había convertido a aquellos veteranos en figuras casi míticas, asociadas a la disciplina, la resistencia y una extraordinaria capacidad de combate en circunstancias extremas.

Entre los oficiales españoles presentes en Buda destacaba Manuel Diego López de Zúñiga, miembro de una antigua familia nobiliaria castellana vinculada desde hacía generaciones al servicio de armas. Los Zúñiga, cuyo linaje se remontaba a la Baja Edad Media, habían ocupado posiciones de relevancia tanto en la corte como en el ámbito militar de la Monarquía Católica. Manuel Diego había crecido en un ambiente profundamente marcado por la tradición guerrera y por la idea del servicio al rey como deber inseparable de la condición nobiliaria. Como muchos jóvenes aristócratas españoles del siglo XVII, recibió formación militar desde temprana edad y desarrolló su carrera en los distintos frentes europeos donde combatían las tropas hispánicas.

Las crónicas lo describen como un hombre severo, de profunda religiosidad y notable prestigio entre sus subordinados. Había servido en diversas campañas antes de acudir a Hungría, donde la guerra contra el turco era percibida no únicamente como una empresa política, sino como una cruzada en defensa de la Cristiandad. Esa dimensión ideológica resulta esencial para comprender el espíritu que animaba a numerosos voluntarios europeos en la campaña de Buda. Muchos de ellos consideraban que luchaban en una frontera histórica donde se decidía el destino espiritual de Europa.

El asedio comenzó formalmente en junio de 1686. Durante semanas, la artillería imperial castigó sin descanso las murallas otomanas mientras ingenieros militares abrían trincheras y levantaban baterías cada vez más próximas a la ciudad. Las condiciones eran extremadamente duras. El calor del verano húngaro, las enfermedades, la escasez de agua y la violencia constante de los combates transformaron el campamento cristiano en un escenario de agotamiento físico permanente. Sin embargo, la resistencia otomana resultó aún más feroz de lo esperado. Los defensores luchaban conscientes de la importancia simbólica de la plaza y rechazaban una capitulación que habría significado el derrumbe de todo el sistema otomano en Hungría.

A medida que avanzaba el asedio, los ataques contra las brechas abiertas por la artillería se volvieron cada vez más sangrientos. Fue en uno de esos asaltos donde la tradición sitúa la acción de los llamados “300 españoles”. Diversos testimonios contemporáneos relatan que el contingente hispano fue empleado como fuerza de choque en uno de los sectores más peligrosos de la muralla. La elección no era casual: los veteranos españoles conservaban fama de tropas especialmente aptas para el combate cercano y para las operaciones de asalto urbano.

El avance sobre las ruinas de la brecha se produjo bajo un fuego devastador de arcabuces, mosquetes y piezas ligeras otomanas. Las fuentes describen un escenario envuelto en humo, polvo y gritos, donde los atacantes debían escalar montones de escombros mientras combatían prácticamente cuerpo a cuerpo con los defensores turcos. En aquel caos de acero, fuego y piedra cayó Manuel Diego López de Zúñiga. Algunas crónicas afirman que murió encabezando personalmente a sus hombres; otras sostienen que fue alcanzado mientras intentaba reorganizar el avance en medio de la confusión del combate. Más allá de las diferencias narrativas, todas coinciden en presentar su muerte como un acto de sacrificio heroico.

La caída de López de Zúñiga impresionó profundamente a sus contemporáneos. Su figura encarnaba el modelo idealizado del noble guerrero barroco: valiente, piadoso y dispuesto a entregar la vida en defensa de la fe y del honor militar. En los años posteriores, la memoria de los españoles muertos en Buda comenzó a adquirir dimensiones legendarias tanto en España como en Hungría. La cifra de “trescientos” pasó a simbolizar el sacrificio colectivo de aquellos voluntarios y fue incorporada progresivamente a la literatura militar y patriótica de los siglos posteriores.

Finalmente, en septiembre de 1686, las fuerzas de la Santa Liga lograron penetrar definitivamente en la ciudad. La conquista de Buda marcó un punto de inflexión en la gran guerra contra el turco y señaló el inicio del retroceso irreversible del poder otomano en Europa central. Para los Habsburgo, la victoria consolidó su dominio sobre Hungría; para la Europa cristiana, el acontecimiento fue celebrado como una prueba de que el avance turco podía ser detenido y revertido.

En medio de aquella transformación geopolítica, el episodio de los españoles adquirió un significado que trascendía su dimensión estrictamente militar. Representaba la supervivencia de una tradición bélica nacida durante el apogeo imperial de los Austrias y todavía capaz de proyectar una poderosa imagen heroica en los últimos años del siglo XVII. Aunque los viejos Tercios estaban desapareciendo como estructura militar, el imaginario asociado al soldado español continuaba vivo en la conciencia europea.

Todavía hoy, en Budapest, algunos monumentos y referencias históricas recuerdan a aquellos combatientes hispanos que participaron en la reconquista de la ciudad. Su memoria permanece ligada a las murallas de Buda, donde durante unas jornadas de sangre y fuego un reducido grupo de veteranos españoles escribió uno de los episodios más singulares y olvidados de la historia militar europea.