domingo, 15 de marzo de 2026

El loberíco de Albadalejo y el campo de Montiel

El siguiente texto fue escrito a inicios del año 2026, formando parte de un estudio mas extenso que publiqué en un fanzine distribuido en PDF llamado: Lobos Hechizados, la licantropía en la Castilla del siglo XIX. 

En dicho artículo, el cual podéis encontrar en mi patreon, abordaba de una forma extensa el origen del mito del hombre lobo, y especialmente de la tradición folklórica de dicho mito en su ámbito castellano. 

El extracto que os comparto a continuación, se llama: el Loberíco de Albadalejo y el campo de Montiel. En líneas generales, trata de una tradición actual castellano manchega, que ahonda sus raíces folklóricas en creencias propias del siglo XIX, enlazadas con las creencias populares de los Lobos Hechizados de las dos castillas. 

Es posible por tanto, que al leer solo este extracto del articulo en cuestión, no se entienda en su totalidad. Pues el mismo fue escrito como complemento de un estudio mas amplio. En cualquier caso espero que os guste, y que sepáis entenderle como parte de un contexto mayor y más amplio que englobaría todo lo que es la tradición del mito del hombre lobo en Castilla a lo largo del siglo XIX.

(..) Me veo obligado a tratar de forma concreta y personal, la figura del Loberico de Castilla la Nueva, una figura carnavalesca relacionada con las mascaradas invernales castellanas.

En lo estrictamente folclórico, es un personaje enmascarado, de aspecto salvaje, Suele vestir pieles de animales, llevar cencerros, la cara pintada de negro o cubierta con una máscara animal, y a veces va armado con palos o utensilios para hacer ruido.

Durante el Carnaval recorre las calles asustando y provocando a la gente, especialmente a niños y jóvenes, siempre en tono festivo. Se ha teorizado mucho sobre el posible origen del personaje, relacionándolo normalmente como una representación de lo animal, lo indómito y lo transgresor. Elementos, por otro lado, típicos de las fiestas y las mascaradas de invierno castellana que simbolizan el caos antes del orden primaveral.

El loberico en la actualidad, está emparentado en las fiestas patronales con otras figuras manchegas y castellanas como las botargas, los zangarrones o los diablos de Carnaval. Pero lo que oculta en su transfondo tradicional, es la creencia en la licantropía de las gentes de Castilla. Hoy en día se mantiene como seña de identidad cultural de Albadalejo, gracias a la participación vecinal y a la recuperación de tradiciones.

No obstante, Desde una perspectiva histórico-antropológica, la figura del Loberico puede interpretarse como una derivación folclorizada de creencias mucho más antiguas, vinculadas a la tradición castellana del lobo hechizado o lobo encantado, ampliamente documentada en la literatura oral del siglo XIX e incluso en fuentes anteriores. Aunque en la actualidad el Loberico se manifiesta como un personaje festivo integrado en el ciclo carnavalesco, su trasfondo simbólico remite a un imaginario rural donde la licantropía era concebida como una posibilidad real, o al menos verosímil, dentro del sistema de creencias populares.

Julio Caro Baroja, en sus estudios sobre las mascaradas de invierno y el Carnaval peninsular, señala que muchas de estas figuras rituales proceden de antiguas representaciones del mal, lo animal y lo marginal, posteriormente domesticadas por la cultura festiva (Caro Baroja, El carnaval, 1965).

En este sentido, el Loberico participa de un proceso similar: una figura originalmente temida, asociada a la pérdida de la condición humana, que es progresivamente absorbida por el ritual colectivo hasta convertirse en un elemento identitario y lúdico. Tal como recoge Lisón Tolosana en sus análisis sobre creencias mágicas y marginalidad (Antropología cultural de España, 1971), la transformación en animal suele interpretarse como consecuencia de una falta, un castigo o una situación liminal, lo que refuerza su carácter de figura ejemplarizante dentro del relato popular. Esta ambigüedad moral se refleja en el Loberico, que no es un ser completamente maligno, sino un personaje que transgrede, asusta y provoca, pero sin romper definitivamente el marco comunitario.

Desde el punto de vista simbólico, la hibridación hombre-animal constituye un motivo recurrente en las culturas europeas, especialmente en aquellas de base pastoril. Claude Lévi-Strauss subrayó que los animales, en el pensamiento simbólico, funcionan como operadores conceptuales que permiten expresar tensiones sociales y contradicciones internas (La pensée sauvage, 1962). El lobo, en particular, ocupa un lugar central en el imaginario castellano como encarnación de lo salvaje, lo nocturno y lo exterior a la comunidad, lo que explica su frecuente asociación con relatos de hechicería y licantropía del siglo XIX.

El Carnaval, como marco ritual en el que se inscribe actualmente el Loberico, actúa como un espacio de inversión simbólica del orden social. Siguiendo a Mijaíl Bajtín (La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, 1965), el tiempo carnavalesco permite la suspensión temporal de normas, la burla del miedo y la materialización de lo grotesco. En este contexto, la figura del lobo hechizado deja de ser un motivo de terror para convertirse en una presencia controlada y ritualizada, integrada en la fiesta.

No obstante, esta transformación no implica una pérdida total de significado. Como apunta Victor Turner en su teoría de la liminalidad (The Ritual Process, 1969), los personajes que actúan en los márgenes del orden social cumplen una función esencial en los rituales de tránsito. En ellos el Loberico encarna precisamente esa condición liminar: ni completamente humano ni plenamente animal, ni peligro real ni simple máscara, situándose en un espacio simbólico intermedio que remite directamente a las antiguas creencias en la licantropía.

Por tanto, puede afirmarse que el Loberico de Albadalejo constituye un ejemplo paradigmático de continuidad cultural, en el que una creencia ancestral (la del lobo hechizado) ha sido reinterpretada y resignificada dentro de un marco festivo contemporáneo. 

Su pervivencia demuestra cómo las comunidades rurales han sabido canalizar narrativas de miedo y exclusión a través del ritual, transformando la leyenda en patrimonio cultural y la superstición en tradición. O lo que es lo mismo, el Loberico representa en la actualidad, el miedo ancestral a la figura del Lobo Hechizado en el pasado, mezclado con distintos elementos de corte pagano que vinculan a los Españoles del siglo presente, con los arcaicos habitantes de la península ibérica desde la edad de piedra, al menos en su aspecto cultural y tradicional ( algo que ya trate en: los orígenes paganos del hombre lobo 2025).

Alvar Ordoño - Lobos Hechizados, la licantropía en la Castilla del siglo XIX - El loberico de ALbadalejo y el campo de Montiel - 2026 - 

sábado, 7 de marzo de 2026

Reinos del Norte, pronto subido a youtube en La Era del Hierro video canal.

Hace algún tiempo, creo que exactamente un año y pico, publiqué un CD en el que se recopilaban una serie de canciones instrumentales ambientadas en la edad media española. El CD lo llamé Reinos del Norte, aludiendo a los reinos alto medievales que surgieron tras el colapso político del mundo hispano godo con la invasión islámica del año 711. 

El CD fue editado tan solo a 50 copias, y en el recopilaba distintas canciones creadas con teclado, a las que había incorporado IA con la finalidad de crear un fondo de instrumentos medievales tales como flautas, gaitas etc. El objetivo de dicho trabajo, era poner música a distintos periodos de la historia de España, así como acompañar musicalmente a los distintos videos que realizo para el canal de la Era del Hierro. 

Sinceramente trabajar en youtube con los constantes derechos de copyright es complicado, por lo que vi en esta iniciativa una oportunidad de librarme de la censura del copyright. Sea como fuere, y a pesar de que el CD esta disponible con todas las paginas del libreto en formato WAV en el canal de bandcamp de la Era del Hierro, voy a subirlo íntegramente a youtube en los próximos días para que todos lo podáis escuchar, y si así lo decidís, descargar y tener en vuestras computadoras. 


Dos soldados godos en una granja hispano romana.

Una imagen que bien podría haber sido sacada de una fotografía de su época. En ella se ve a dos soldados godos, bien vestidos con panoplia militar de influencia romana. Hablan en un patio de una villa hispana dentro de las campañas del rey Walia en España. 

El rey de los godos llegó a Hispania para combatir bajo alianza romana a los vándalos y a los Alanos en el año 416. Terminando sus campañas en el año 418. Durante estos años, Walia dirigió campañas militares en nuestro suelo contra los Silingos de la Bética, y contra los Alanos de la Lusitania y Cartaginense (su rey Addax murió en combate). Tras estas derrotas, los alanos supervivientes se sometieron a los vándalos asdingos, lo que acabaría fortaleciendo al grupo que después cruzaría a África con Genserico en 429

Como consecuencia de estas victorias, y después de estas campañas, Roma permitió a los visigodos establecerse como federados en Aquitania (418), con capital en Tolosa (Toulouse). Esto marcaría el inicio del Reino visigodo de Tolosa. Permitiendo a los visigodos tener gran parte de Hispania bajo su control militar como federados del tardo imperio romano. 

Hablando de la imagen en términos estrictos, vemos como los dos godos portan elementos propios del mundo tardo romano. Panoplia militar muy frecuente entre los bárbaros del siglo V, y que ya comenzaron a tener en siglos anteriores por medio de la influencia que Roma tenía en todos ellos, así como por los constantes servicios como mercenarios, que los bárbaros hacían en los ejércitos romanos tardo imperiales. 

El soldado de la derecha porta en su mano un Draco. Mítico y espectacular elemento romano con cabeza de Dragon, cuya utilidad servía para marcar en el campo de batalla a la unidad a la que se pertenecía, así como la dirección del viento. También se especula que podría tener un carácter intimidatorio para el enemigo, pues al entrar el viento por la boca del Dragon de metal, emitía una especie de silbido / viento. El elemento, si bien fue usado por los romanos, quienes lo popularizaron. No es creación de Roma, sino de los pueblos sármatas de las estepas, de quienes los romanos lo copiaron. El portador del Draco era llamado Draconarius

lunes, 2 de marzo de 2026

Caballeros pactando sus mesnadas

El profesor Amancio Isla, nos describe en su libro ejercito y sociedad de la península ibérica entre los siglos VII y XI. Como para el siglo XI la guerra y el arte militar era una cuestión de nobleza aristocrática. Es decir, eran los nobles los que pactaban las guerras, acudían a las guerras y se preocupaban por la política de guerra. El campesino veía todos estos conflictos como una forma de poder asemejarse a la aristocracia cuando participaban en los conflictos o litigios bélicos. 

(...) El ejercito no se pretende ya el conjunto del pueblo como en la época visigoda. En la alta edad media no era sino la aristocracia la que llamaba a la guerra. Aunque existían obligaciones generales de acudir a la expedición, el ejercito era el colectivo de los magnates y la cuantía de hombres dispuestos al combate que aportaban, es decir, lo que en las fuentes podría perfilarse como los aristócratas y sus gentes; las mesnadas, los sequitos  (..)

Esto viene relacionado con la formación anárquica de los ejércitos alto medievales en la Hispania cristiana. Pues realmente los mismos no existían como tales, sino que como describe Amancio Isla, eran los nobles, los que convocaban a las mesnadas sacadas de campesinado, formando grupos indeterminados en numero de gentes sin formación para la guerra, mercenarios de pago, a los que se unían los caballeros y aristócratas. 

Diferentes ejemplos de caballeros europeos con escudo de cometa durante los siglos XI y XII



domingo, 1 de marzo de 2026

Un guerrero vándalo en Hispania y el casco de Deurne

La imagen representa a un guerrero vándalo del siglo V, exactamente perteneciente a las invasiones del año 409, cuando varias tribus germánicas del nombrado pueblo, atravesaron los pirineos aliados de los alanos. Tras el una ermita románica muy habitual en los paisajes de la mitad norte de Hispania. A día de hoy se sabe que los vándalos, liderados por el rey Gunderico, hijo de Godegisilio, saquearon los cuarteles tardo romanos de las Galias y los pirineos, incorporando a su panoplia militar elementos propios del mundo romano. 

Esto se sabe gracias a las descripciones que hay de algunos autores clásicos, y de algunos investigadores contemporáneos, como Michael Kazanski, quien menciona Amiens, Reims y Tréveris como puntos claves de la fabricación de armamento romano para el uso del ejercito. Todas estas plazas y fabricas fueron saqueadas entre los años 406 y 407 por varios pueblos germánicos, entre ellos los vándalos, quienes tan solo dos años después atravesarían los pirineos. 

Reforzando la idea del uso de elementos romanos a manos de los vándalos, tenemos tambien una referencia en Procopio de Cesarea (Guerra de los vándalos), quien describe a los vándalos asentados en África como un ejercito que vestía y se armaba al estilo romano. Habiendo abandonado sus costumbres primitivas tras su paso por las Galias e Hispania. 

Si nos fijamos en el guerrero representado de la imagen, porta sobre su cabeza un casco tardo romano. Una replica del yelmo de Deurme. Pieza del siglo IV encontrada en las turberas del año 1910 en los países bajos. Seguramente el yelmo perteneció a un oficial alto de la caballería romana (equites stablesiani) hacia el año 319. Se piensa que su entierro pudiera ser un actor ritual tras finalizar el servicio militar. La pieza se encuentra expuesta en el musei de Rijksmuseum Van Oudheden (Museo nacional de Antiguedades) en Leiden, Paises Bajos.

En Hispania los vándalos se dividieron en dos grandes grupos. Por un lado los Silingos y por otro los Asdingos. Unos ocuparon la actual Andalucía, y los otros la zona norte de Castilla León fronteriza con Galicia. En el año 419 Gunderico planifico asestar una derrota a los Suevos de Hermenerico . Y estuvo a punto de hacerlo tras sitiarlos en las montañas. Se supone que el grupo étnico de los vándalos en Hispania ascendía hasta 80.000 pobladores. Mientras que los suevos prácticamente eran solo unos 25.000. Finalmente y contra todo pronostico, los vándalos de Gunderico no pudieron vencer en sus ansias de exterminar a los suevos, todo ello gracias a la intervención romana de Asterio.

Se ha especulado mucho acerca de la razón por la cual los romanos de la costa Mediterránea española se posicionaron a favor de los suevos.. pudiendo ser una razón la geopolítica. A los romanos (ya debilitados) no les interesaba que un grupo germánico muy numeroso venciera a los Suevos controlando toda la península.  

sábado, 28 de febrero de 2026

Recreando godos del siglo V





Caballero Castellano de finales del siglo XI y de inicios del siglo XII basado en la ermita de San Miguel de Gormaz

Basado en la iconografía pictórica de la ermita soriana de San Miguel de Gormaz, donde se ve como varios caballeros armados con cotas de malla, caballos, almofar en sus cabezas y yelmos con protección nasal de tipo Olmutz compuestos de una sola pieza de metal, cabalgan al combate enfrentandose entre ellos. 

En la imagen recreada, un caballero vigila en los campos castellanos, como trabajan los campesinos realizando sus tareas diarias en beneficio del noble o señor local. Obligación que en Castilla y el viejo reino leones, recibía el nombre de Corveas o Sernas. Se trataba de trabajos periódicos en los campos bajo regencia de nobleza señorial, en beneficio del alfoz o señorío.  La ermita de San Miguel de Gormaz (en la provincia de Soria, España) es un templo medieval cuya construcción principal se sitúa entre los siglos XI y XII, poco después de que Fernando I conquistase la fortaleza de Gormaz en la década de 1060 y se repoblase la zona bajo dominio cristiano.

Hay indicios de que la ermita pudo tener un origen muy anterior (posiblemente visigodo, siglo VI) en el mismo emplazamiento, aunque la construcción actual corresponde a la época medieval tras la Reconquista cristiana.

Los trabajos señalados de las Corveas, consistían en prestaciones obligatorias que los campesinos debían al señor. Estos trabajos no se pagaban, y solían consistir en labrar las tierras, reparar caminos, cuidar al ganado etc. Normalmente se realizaban durante varios días al año. Su termino procede del latín  corrogata opera y fue común en gran parte de la Europa medieval.

El el termino Sernas, tiene una relación muy similar, si bien fue mas común en los reinos de Castilla, león y Navarra. Igualmente se trataba de trabajos obligatorios para cultivar la tierra del señor, o bien trabajar los campos recogiendo la siega. 


viernes, 27 de febrero de 2026

Gardingo visigodo en el Norte de Hispania

En la siguiente imagen vemos la recreación de un gardingo visigodo del siglo VI, representado durante alguna de sus campañas en el norte de la península ibérica. La escena permite evocar la figura de estos nobles guerreros en su dimensión militar, lejos del palacio pero aún definidos por su condición de hombres de confianza del rey y miembros de su séquito armado.

En el entramado político del reino visigodo de Hispania, el palacio real constituyó mucho más que un espacio residencial: fue el núcleo efectivo del poder. En torno a la figura del monarca se articulaba un círculo de fidelidades personales que garantizaba la defensa, la administración y la proyección de la autoridad regia. Dentro de este ámbito destaca la presencia de los gardingos, cuya propia denominación remite a su función y posición. El término, de origen germánico (garding, vinculado a gard, “casa” o “recinto”), designaba al “hombre de la casa”, es decir, al integrante del séquito palatino unido al rey por lazos de lealtad directa.

La institución de los gardingos hunde sus raíces en la tradición germánica del comitatus, según la cual un jefe militar se rodeaba de guerreros nobles que le debían fidelidad personal a cambio de prestigio, botín y protección. En el contexto visigodo, este modelo se integró en la estructura política heredada del mundo romano, generando una aristocracia palatina que participaba activamente en el gobierno del reino. Los gardingos, por tanto, no fueron meros guardias, sino miembros de una élite cortesana con relevancia militar y política.

Su presencia en el palacio se manifestaba en funciones diversas. Actuaban como custodios de la persona real y del espacio palatino, pero también como consejeros y colaboradores en la toma de decisiones. La cercanía al monarca facilitaba su promoción a cargos administrativos o territoriales, así como el ejercicio de mandos militares en campañas y operaciones defensivas. En este sentido, los gardingos formaban parte de la red de poder que conectaba el centro palatino con el control efectivo del territorio.

La importancia de este grupo radica en que encarnaba el carácter personalista de la monarquía visigoda. En un sistema donde la elección del rey y las tensiones nobiliarias generaban frecuentes conflictos sucesorios, la fidelidad de los gardingos podía resultar decisiva tanto para sostener la estabilidad del trono como para favorecer su sustitución. Su figura ilustra, en definitiva, la centralidad del palacio como espacio político y la persistencia de formas germánicas de organización del poder en la Hispania de época visigoda.

De este modo, los gardingos deben entenderse como una aristocracia de proximidad al monarca: “hombres de la casa” cuya actividad en el ámbito palatino y en los mandos militares contribuyó a articular el funcionamiento y las dinámicas de poder del reino visigodo hasta su desaparición a comienzos del siglo VIII.

lunes, 16 de febrero de 2026

Fiesta de mascaras de la Baixada de Marela.

He hablado muchas veces de las festividades castellanas de las Mascaradas invernales. Unas fiestas de las cuales, incluso hice un video bastante interesante, a pesar de que casi no ha tenido visitas. Aún así, y estando emparentadas directamente, pocas veces he dedicado tiempo para hablar de otras festividades de mascaras carnavalescas españolas. Una de ellas, es la Baixada de Marelam en Galicia. 

Se realiza en el corazón de Redondela, allí donde las rías dibujan una geografía de agua y montes suaves, cada año la Baixada de Marela irrumpe en el calendario como un estallido de color, música y memoria compartida. No es solo una fiesta: es un gesto colectivo, una forma de contarse a sí mismos quiénes son y de dónde vienen.

La celebración suele tener lugar a finales del verano, cuando el calor empieza a aflojar y las noches invitan a quedarse en la calle. En ese momento del año, cuando el ciclo agrícola tradicional ya ha dado sus frutos y la comunidad se permite un respiro, la villa se transforma. Las mascaradas desfilan entre risas y tambores, los disfraces exageran rasgos, caricaturizan personajes y convierten la plaza en un escenario abierto. Todo parece espontáneo, casi improvisado, pero en el fondo late una tradición que hunde sus raíces en formas antiguas de celebración popular.

Porque, aunque la Baixada de Marela tenga una formulación contemporánea, su espíritu conecta con algo mucho más antiguo en Galicia: la cultura de la máscara. Desde el Entroido rural hasta las comparsas satíricas, la máscara en el noroeste peninsular ha sido históricamente un instrumento de inversión simbólica. Quien se cubre el rostro deja de ser individuo para convertirse en personaje; puede decir lo que normalmente callaría, puede exagerar defectos colectivos, puede reírse del poder o de sí mismo. Antropológicamente, estas prácticas han funcionado como válvulas de escape social, momentos ritualizados en los que el orden cotidiano se suspende para reforzarse después con más fuerza.

La “baixada”, esa bajada festiva que da nombre a la celebración, también tiene una dimensión simbólica: descender juntos, ocupar el espacio público, fundirse en una identidad compartida. Es un movimiento físico que representa otro más profundo, el de volver a la comunidad, reconocerse en ella y celebrarla. Así, entre música, ironía y disfraces, la Baixada de Marela se convierte en un espejo alegre donde Redondela se mira cada año y se reafirma, no como postal turística, sino como pueblo vivo que transforma la tradición en presente.








Reino Antiguo. Una cruz en las montañas.

Reino Antiguo es un grupo de temática folk que he creado mezclando música con teclados a la que incorporo Inteligencia Artificial para crear instrumentos medievales. El resultado es un estilo de folk medieval que suelo utilizar como banda sonora de los videos que hago en youtube.
Este nuevo trabajo he decidido llamarlo: Una cruz en las montañas, en honor al renacer de la restauratio hispánica en Covadonga. Un tiempo oscuro, aparentemente sin futuro para el reino godo. Pero todo cambio gracias a un grupo de rebeldes que ofrecieron resistencia al imperio del califato musulmán de Córdoba.

El título de las canciones es:
01 - Una cruz en las montañas
02 - Un juramento en el viejo dolmen
03 - Ad fonsatum Crux Vocat (La cruz llama al fonsado)
04 - El primer sol del reino.

Una cruz en las montañas, intenta representar con acordes musicales la proclamación en Asturias del reino Astur tras la batalla de Covadonga. Momento en el que Pelayo, fue alzado como rey del reino rebelde sobre un escudo, al estilo de los viejos monarca germánicos.

La segunda canción, un juramento en el viejo Dolmen, intenta representar el pacto de los nobles godos exiliados de Toledo con las poblaciones astures aisladas en las montañas, muchas de ellas cristianas, pero aun ancladas en supersticiones pagadas del pasado. En esas brumas, entre la cruz y los pastores de las montañas, nació la alianza que derrotaría al imperio mas poderoso del mundo en aquellos tiempos... el califato.

Ad Fonsatum Cruz Vocat, es una llamada al Fonsado.. obligación militar de todo hombre en edad militar de ofrecerse para combatir en defensa del reino. Y finalmente El primer sol del reino, representa el amanecer tras la batalla de Covadonga.. Muertos, heridos y doloridos.. Madres sin hijos e hijos sin padres... Muchos cayeron en Covadonga, gracias a lo cual otros muchos pudieron ver el primer sol del renacer de una nueva Hispania libre de la espada invasora.

Los interesados en escuchar la música, lo podéis hacer tras activar el modo miembros del Patreon de: Reino Antiguo- Una cruz en las montañas 
 

viernes, 26 de diciembre de 2025

El ciervo de las calendas: Tradición y mito en el umbral del Año Nuevo medieval

Entre las festividades de invierno del calendario tardo-romano y altomedieval, pocas resultan tan sugerentes —y, al mismo tiempo, tan problemáticas para la Iglesia— como la Hênula Cervula, también documentada como Hennula, Henula, Cervula o Cervulus. Este ritual, celebrado en torno a las calendas de enero, es decir, durante el Año Nuevo, constituye un ejemplo privilegiado de cómo las comunidades europeas conservaron prácticas simbólicas de raíz pagana mientras estas se hibridaban con el emergente marco cristiano del medievo.

Las referencias conservadas sitúan la Hênula Cervula entre los siglos IV y VIII, con especial presencia en la Galia, Hispania y el norte de Italia. El término procede del latín cervus (“ciervo”), acompañado del diminutivo popular -ula, de modo que cervula significaría literalmente “pequeño ciervo”.

Las fuentes altomedievales describen la Cervula como una práctica festiva en la que hombres —con frecuencia jóvenes— se disfrazaban con máscaras, cornamentas, pieles o atuendos zoomorfos semejantes a los de las bestias del bosque. Recorriendo aldeas y ciudades, cantaban, danzaban y solicitaban comida o presentes. Este carácter procesional y comunitario la convirtió en una de las mascaradas de invierno mejor documentadas del período, aunque, con el paso de los siglos, fue cayendo progresivamente en el olvido.

La amplitud de la práctica se revela, paradójicamente, a través de su reiterada condena eclesiástica. Diversos autores y concilios la mencionan explícitamente como una supervivencia pagana incompatible con la disciplina cristiana. San Agustín alude a los disfraces de animales durante las calendas; San Cesáreo de Arlés, en el siglo VI, critica a quienes “se visten como ciervos o animalesen Año Nuevo; el Concilio de Auxerre, hacia el año 578, prohíbe las cervula y las kalendae paganorum; y el Concilio de Braga, en Hispania, censura igualmente las celebraciones con máscaras zoomorfas. La insistencia normativa sugiere que la práctica no era marginal, sino que se hallaba profundamente arraigada en la cultura popular de la Europa occidental medieval.

El protagonismo del ciervo dentro de la festividad no es en absoluto casual. En la religiosidad precristiana europea este animal poseía un rico y denso valor simbólico: representaba la renovación cíclica derivada de la muda anual de las astas, la fertilidad y la abundancia, así como una condición liminal entre el bosque y el espacio humano. En los ámbitos célticos y germánicos se asociaba, además, al invierno y al retorno de la luz. En este sentido, la Hênula Cervula se integra de manera coherente en el imaginario de fin de ciclo e inicio de año, donde el ciervo actúa como mediador entre la muerte simbólica y el renacimiento, encarnando también un simbolismo de la fertilidad invocada con la entrada del nuevo año, el “año de Jano”, del que deriva el mes de enero.

En sus fases tardías, la tradición probablemente había perdido gran parte de su contenido religioso explícito. Más que un culto organizado, parece haber funcionado como una mascarada de invierno, una fiesta de inversión social o incluso un precedente de ciertos carnavales medievales. En este sentido, no puede decirse que la Hênula Cervula fuese simplemente olvidada, sino que, como tantos otros rituales paganos europeos, fue mutando y adaptándose a los tiempos y contextos que fueron sucediéndose.

Con todo, la Iglesia continuó percibiendo en ella elementos inquietantes: el uso de máscaras y disfraces animales, la risa ritual, el desorden festivo o la persistencia de símbolos no cristianos que evocaban, en clave medieval, la figura demoníaca, especialmente en lo relativo a las cornamentas de antiguos animales totémicos. Estas tensiones explican los intentos reiterados de suprimir la práctica o “cristianizarla”. Aunque la Hênula Cervula desapareció como festividad específica, su imaginario no se extinguió por completo. Numerosos estudiosos han señalado posibles continuidades en las mascaradas alpinas y pirenaicas, en figuras de “hombres-ciervo” del folclore europeo y en diversas tradiciones rurales invernales y procesionales. De igual modo, ciertos rasgos pueden rastrearse de forma lejana en algunas tradiciones navideñas con animales o en festividades solsticiales transformadas por la influencia cristiana.

En el caso hispano, quizá la referencia más detallada proceda del obispo barcelonés Paciano, fallecido en el año 391. Este religioso escribió un tratado titulado Cervus o Cervulum, en el que intenta desprestigiar y alertar a los habitantes del ámbito rural sobre lo pecaminoso de participar en las celebraciones de Año Nuevo. Tal como recoge Alberto del Campo Tejedor en su obra Historia de la Navidad, donde el autor nos detalla sobre la costumbre de disfrazarse de ciervos y cabras en la celebración del año nuevo —facere o exercere cervulum—. La fiesta llamada Hebula cervula fue censurada igualmente por San Esterio, puesto que tradiciones semejantes se documentaban también en la Iglesia oriental.

Lamentablemente, al haberse perdido cualquier documento descriptivo directo de la tradición, desconocemos si quienes se disfrazaban de ciervo en Hispania durante el Año Nuevo actuaban bajo la influencia del dios celta Cernunnos o de alguna divinidad similar. Podemos, no obstante, conjeturar que la práctica estaba vinculada a un simbolismo animal que expresaba las fuerzas de la naturaleza, fuerzas que se manifestaban especialmente en el cambio de ciclo, cuando el ser humano aspiraba, mediante gestos rituales, a incidir mágicamente en el futuro por venir. El Año Nuevo simbolizaba así una regeneración cósmica, que subrayaba simultáneamente el deseo de fecundidad y el temor al espíritu del invierno. El estudioso José María Blázquez afirma con convicción que ciertas mascaradas poseen origen prerromano y vincula algunos de sus ecos con los vasos de Numancia, donde se representan extrañas escenas de hombres con cabezas de animales, como caballos o ciervos.

A pesar de todo ello, y muy a pesar nuestro. seguimos sin conocer con certeza cuál era el proceder ritual de la Hênula Cervula; tan solo sabemos de su existencia a través de algunos sermones que advertían a los lugareños del peligro espiritual de su práctica. Todo documento medieval relacionado con la descripción del ritual anual y sus costumbres se han perdido. 

Lo que sí parece claro es que debió de tratarse de una tradición relevante en la Francia, España e Italia altomedievales: posiblemente un ritual relacionado con la fecundidad del Año Nuevo, una celebración de raigambre pagana en la que las gentes se vestían de ciervos y de animales del bosque, danzando y solicitando comida por las casas de las ciudades y aldeas, en el umbral simbólico entre el invierno y el renacer del tiempo. Siendo uno de los muchos rituales tradicionales que se realizaban los días previos a la llegada del año nuevo en la Europa medieval. 

Alvar Ordoño (2025)