jueves, 5 de marzo de 2026
lunes, 2 de marzo de 2026
Caballeros pactando sus mesnadas
El profesor Amancio Isla, nos describe en su libro ejercito y sociedad de la península ibérica entre los siglos VII y XI. Como para el siglo XI la guerra y el arte militar era una cuestión de nobleza aristocrática. Es decir, eran los nobles los que pactaban las guerras, acudían a las guerras y se preocupaban por la política de guerra. El campesino veía todos estos conflictos como una forma de poder asemejarse a la aristocracia cuando participaban en los conflictos o litigios bélicos.
(...) El ejercito no se pretende ya el conjunto del pueblo como en la época visigoda. En la alta edad media no era sino la aristocracia la que llamaba a la guerra. Aunque existían obligaciones generales de acudir a la expedición, el ejercito era el colectivo de los magnates y la cuantía de hombres dispuestos al combate que aportaban, es decir, lo que en las fuentes podría perfilarse como los aristócratas y sus gentes; las mesnadas, los sequitos (..)
Esto viene relacionado con la formación anárquica de los ejércitos alto medievales en la Hispania cristiana. Pues realmente los mismos no existían como tales, sino que como describe Amancio Isla, eran los nobles, los que convocaban a las mesnadas sacadas de campesinado, formando grupos indeterminados en numero de gentes sin formación para la guerra, mercenarios de pago, a los que se unían los caballeros y aristócratas.
domingo, 1 de marzo de 2026
Un guerrero vándalo en Hispania y el casco de Deurne
La imagen representa a un guerrero vándalo del siglo V, exactamente perteneciente a las invasiones del año 409, cuando varias tribus germánicas del nombrado pueblo, atravesaron los pirineos aliados de los alanos. Tras el una ermita románica muy habitual en los paisajes de la mitad norte de Hispania. A día de hoy se sabe que los vándalos, liderados por el rey Gunderico, hijo de Godegisilio, saquearon los cuarteles tardo romanos de las Galias y los pirineos, incorporando a su panoplia militar elementos propios del mundo romano.
Esto se sabe gracias a las descripciones que hay de algunos autores clásicos, y de algunos investigadores contemporáneos, como Michael Kazanski, quien menciona Amiens, Reims y Tréveris como puntos claves de la fabricación de armamento romano para el uso del ejercito. Todas estas plazas y fabricas fueron saqueadas entre los años 406 y 407 por varios pueblos germánicos, entre ellos los vándalos, quienes tan solo dos años después atravesarían los pirineos.
Reforzando la idea del uso de elementos romanos a manos de los vándalos, tenemos tambien una referencia en Procopio de Cesarea (Guerra de los vándalos), quien describe a los vándalos asentados en África como un ejercito que vestía y se armaba al estilo romano. Habiendo abandonado sus costumbres primitivas tras su paso por las Galias e Hispania.
Si nos fijamos en el guerrero representado de la imagen, porta sobre su cabeza un casco tardo romano. Una replica del yelmo de Deurme. Pieza del siglo IV encontrada en las turberas del año 1910 en los países bajos. Seguramente el yelmo perteneció a un oficial alto de la caballería romana (equites stablesiani) hacia el año 319. Se piensa que su entierro pudiera ser un actor ritual tras finalizar el servicio militar. La pieza se encuentra expuesta en el musei de Rijksmuseum Van Oudheden (Museo nacional de Antiguedades) en Leiden, Paises Bajos.
En Hispania los vándalos se dividieron en dos grandes grupos. Por un lado los Silingos y por otro los Asdingos. Unos ocuparon la actual Andalucía, y los otros la zona norte de Castilla León fronteriza con Galicia. En el año 419 Gunderico planifico asestar una derrota a los Suevos de Hermenerico . Y estuvo a punto de hacerlo tras sitiarlos en las montañas. Se supone que el grupo étnico de los vándalos en Hispania ascendía hasta 80.000 pobladores. Mientras que los suevos prácticamente eran solo unos 25.000. Finalmente y contra todo pronostico, los vándalos de Gunderico no pudieron vencer en sus ansias de exterminar a los suevos, todo ello gracias a la intervención romana de Asterio.
Se ha especulado mucho acerca de la razón por la cual los romanos de la costa Mediterránea española se posicionaron a favor de los suevos.. pudiendo ser una razón la geopolítica. A los romanos (ya debilitados) no les interesaba que un grupo germánico muy numeroso venciera a los Suevos controlando toda la península.
sábado, 28 de febrero de 2026
Caballero Castellano de finales del siglo XI y de inicios del siglo XII basado en la ermita de San Miguel de Gormaz
Basado en la iconografía pictórica de la ermita soriana de San Miguel de Gormaz, donde se ve como varios caballeros armados con cotas de malla, caballos, almofar en sus cabezas y yelmos con protección nasal de tipo Olmutz compuestos de una sola pieza de metal, cabalgan al combate enfrentandose entre ellos.
En la imagen recreada, un caballero vigila en los campos castellanos, como trabajan los campesinos realizando sus tareas diarias en beneficio del noble o señor local. Obligación que en Castilla y el viejo reino leones, recibía el nombre de Corveas o Sernas. Se trataba de trabajos periódicos en los campos bajo regencia de nobleza señorial, en beneficio del alfoz o señorío. La ermita de San Miguel de Gormaz (en la provincia de Soria, España) es un templo medieval cuya construcción principal se sitúa entre los siglos XI y XII, poco después de que Fernando I conquistase la fortaleza de Gormaz en la década de 1060 y se repoblase la zona bajo dominio cristiano.
Hay indicios de que la ermita pudo tener un origen muy anterior (posiblemente visigodo, siglo VI) en el mismo emplazamiento, aunque la construcción actual corresponde a la época medieval tras la Reconquista cristiana.
Los trabajos señalados de las Corveas, consistían en prestaciones obligatorias que los campesinos debían al señor. Estos trabajos no se pagaban, y solían consistir en labrar las tierras, reparar caminos, cuidar al ganado etc. Normalmente se realizaban durante varios días al año. Su termino procede del latín corrogata opera y fue común en gran parte de la Europa medieval.
El el termino Sernas, tiene una relación muy similar, si bien fue mas común en los reinos de Castilla, león y Navarra. Igualmente se trataba de trabajos obligatorios para cultivar la tierra del señor, o bien trabajar los campos recogiendo la siega.
viernes, 27 de febrero de 2026
Gardingo visigodo en el Norte de Hispania
En la siguiente imagen vemos la recreación de un gardingo visigodo del siglo VI, representado durante alguna de sus campañas en el norte de la península ibérica. La escena permite evocar la figura de estos nobles guerreros en su dimensión militar, lejos del palacio pero aún definidos por su condición de hombres de confianza del rey y miembros de su séquito armado.
En el entramado político del reino visigodo de Hispania, el palacio real constituyó mucho más que un espacio residencial: fue el núcleo efectivo del poder. En torno a la figura del monarca se articulaba un círculo de fidelidades personales que garantizaba la defensa, la administración y la proyección de la autoridad regia. Dentro de este ámbito destaca la presencia de los gardingos, cuya propia denominación remite a su función y posición. El término, de origen germánico (garding, vinculado a gard, “casa” o “recinto”), designaba al “hombre de la casa”, es decir, al integrante del séquito palatino unido al rey por lazos de lealtad directa.
La institución de los gardingos hunde sus raíces en la tradición germánica del comitatus, según la cual un jefe militar se rodeaba de guerreros nobles que le debían fidelidad personal a cambio de prestigio, botín y protección. En el contexto visigodo, este modelo se integró en la estructura política heredada del mundo romano, generando una aristocracia palatina que participaba activamente en el gobierno del reino. Los gardingos, por tanto, no fueron meros guardias, sino miembros de una élite cortesana con relevancia militar y política.
Su presencia en el palacio se manifestaba en funciones diversas. Actuaban como custodios de la persona real y del espacio palatino, pero también como consejeros y colaboradores en la toma de decisiones. La cercanía al monarca facilitaba su promoción a cargos administrativos o territoriales, así como el ejercicio de mandos militares en campañas y operaciones defensivas. En este sentido, los gardingos formaban parte de la red de poder que conectaba el centro palatino con el control efectivo del territorio.
La importancia de este grupo radica en que encarnaba el carácter personalista de la monarquía visigoda. En un sistema donde la elección del rey y las tensiones nobiliarias generaban frecuentes conflictos sucesorios, la fidelidad de los gardingos podía resultar decisiva tanto para sostener la estabilidad del trono como para favorecer su sustitución. Su figura ilustra, en definitiva, la centralidad del palacio como espacio político y la persistencia de formas germánicas de organización del poder en la Hispania de época visigoda.
De este modo, los gardingos deben entenderse como una aristocracia de proximidad al monarca: “hombres de la casa” cuya actividad en el ámbito palatino y en los mandos militares contribuyó a articular el funcionamiento y las dinámicas de poder del reino visigodo hasta su desaparición a comienzos del siglo VIII.
lunes, 16 de febrero de 2026
Fiesta de mascaras de la Baixada de Marela.
He hablado muchas veces de las festividades castellanas de las Mascaradas invernales. Unas fiestas de las cuales, incluso hice un video bastante interesante, a pesar de que casi no ha tenido visitas. Aún así, y estando emparentadas directamente, pocas veces he dedicado tiempo para hablar de otras festividades de mascaras carnavalescas españolas. Una de ellas, es la Baixada de Marelam en Galicia.
Se realiza en el corazón de Redondela, allí donde las rías dibujan una geografía de agua y montes suaves, cada año la Baixada de Marela irrumpe en el calendario como un estallido de color, música y memoria compartida. No es solo una fiesta: es un gesto colectivo, una forma de contarse a sí mismos quiénes son y de dónde vienen.
La celebración suele tener lugar a finales del verano, cuando el calor empieza a aflojar y las noches invitan a quedarse en la calle. En ese momento del año, cuando el ciclo agrícola tradicional ya ha dado sus frutos y la comunidad se permite un respiro, la villa se transforma. Las mascaradas desfilan entre risas y tambores, los disfraces exageran rasgos, caricaturizan personajes y convierten la plaza en un escenario abierto. Todo parece espontáneo, casi improvisado, pero en el fondo late una tradición que hunde sus raíces en formas antiguas de celebración popular.
Porque, aunque la Baixada de Marela tenga una formulación contemporánea, su espíritu conecta con algo mucho más antiguo en Galicia: la cultura de la máscara. Desde el Entroido rural hasta las comparsas satíricas, la máscara en el noroeste peninsular ha sido históricamente un instrumento de inversión simbólica. Quien se cubre el rostro deja de ser individuo para convertirse en personaje; puede decir lo que normalmente callaría, puede exagerar defectos colectivos, puede reírse del poder o de sí mismo. Antropológicamente, estas prácticas han funcionado como válvulas de escape social, momentos ritualizados en los que el orden cotidiano se suspende para reforzarse después con más fuerza.
La “baixada”, esa bajada festiva que da nombre a la celebración, también tiene una dimensión simbólica: descender juntos, ocupar el espacio público, fundirse en una identidad compartida. Es un movimiento físico que representa otro más profundo, el de volver a la comunidad, reconocerse en ella y celebrarla. Así, entre música, ironía y disfraces, la Baixada de Marela se convierte en un espejo alegre donde Redondela se mira cada año y se reafirma, no como postal turística, sino como pueblo vivo que transforma la tradición en presente.
Reino Antiguo. Una cruz en las montañas.
Reino Antiguo es un grupo de temática folk que he creado mezclando música con teclados a la que incorporo Inteligencia Artificial para crear instrumentos medievales. El resultado es un estilo de folk medieval que suelo utilizar como banda sonora de los videos que hago en youtube.
Este nuevo trabajo he decidido llamarlo: Una cruz en las montañas, en honor al renacer de la restauratio hispánica en Covadonga. Un tiempo oscuro, aparentemente sin futuro para el reino godo. Pero todo cambio gracias a un grupo de rebeldes que ofrecieron resistencia al imperio del califato musulmán de Córdoba.
El título de las canciones es:
01 - Una cruz en las montañas
02 - Un juramento en el viejo dolmen
03 - Ad fonsatum Crux Vocat (La cruz llama al fonsado)
04 - El primer sol del reino.
Una cruz en las montañas, intenta representar con acordes musicales la proclamación en Asturias del reino Astur tras la batalla de Covadonga. Momento en el que Pelayo, fue alzado como rey del reino rebelde sobre un escudo, al estilo de los viejos monarca germánicos.
La segunda canción, un juramento en el viejo Dolmen, intenta representar el pacto de los nobles godos exiliados de Toledo con las poblaciones astures aisladas en las montañas, muchas de ellas cristianas, pero aun ancladas en supersticiones pagadas del pasado. En esas brumas, entre la cruz y los pastores de las montañas, nació la alianza que derrotaría al imperio mas poderoso del mundo en aquellos tiempos... el califato.
Ad Fonsatum Cruz Vocat, es una llamada al Fonsado.. obligación militar de todo hombre en edad militar de ofrecerse para combatir en defensa del reino. Y finalmente El primer sol del reino, representa el amanecer tras la batalla de Covadonga.. Muertos, heridos y doloridos.. Madres sin hijos e hijos sin padres... Muchos cayeron en Covadonga, gracias a lo cual otros muchos pudieron ver el primer sol del renacer de una nueva Hispania libre de la espada invasora.
Los interesados en escuchar la música, lo podéis hacer tras activar el modo miembros del Patreon de: Reino Antiguo- Una cruz en las montañas
viernes, 26 de diciembre de 2025
El ciervo de las calendas: Tradición y mito en el umbral del Año Nuevo medieval
Entre las festividades de invierno del calendario tardo-romano y altomedieval, pocas resultan tan sugerentes —y, al mismo tiempo, tan problemáticas para la Iglesia— como la Hênula Cervula, también documentada como Hennula, Henula, Cervula o Cervulus. Este ritual, celebrado en torno a las calendas de enero, es decir, durante el Año Nuevo, constituye un ejemplo privilegiado de cómo las comunidades europeas conservaron prácticas simbólicas de raíz pagana mientras estas se hibridaban con el emergente marco cristiano del medievo.
Las referencias conservadas sitúan la Hênula Cervula entre los siglos IV y VIII, con especial presencia en la Galia, Hispania y el norte de Italia. El término procede del latín cervus (“ciervo”), acompañado del diminutivo popular -ula, de modo que cervula significaría literalmente “pequeño ciervo”.
Las fuentes altomedievales describen la Cervula como una práctica festiva en la que hombres —con frecuencia jóvenes— se disfrazaban con máscaras, cornamentas, pieles o atuendos zoomorfos semejantes a los de las bestias del bosque. Recorriendo aldeas y ciudades, cantaban, danzaban y solicitaban comida o presentes. Este carácter procesional y comunitario la convirtió en una de las mascaradas de invierno mejor documentadas del período, aunque, con el paso de los siglos, fue cayendo progresivamente en el olvido.
La amplitud de la práctica se revela, paradójicamente, a través de su reiterada condena eclesiástica. Diversos autores y concilios la mencionan explícitamente como una supervivencia pagana incompatible con la disciplina cristiana. San Agustín alude a los disfraces de animales durante las calendas; San Cesáreo de Arlés, en el siglo VI, critica a quienes “se visten como ciervos o animales” en Año Nuevo; el Concilio de Auxerre, hacia el año 578, prohíbe las cervula y las kalendae paganorum; y el Concilio de Braga, en Hispania, censura igualmente las celebraciones con máscaras zoomorfas. La insistencia normativa sugiere que la práctica no era marginal, sino que se hallaba profundamente arraigada en la cultura popular de la Europa occidental medieval.
El protagonismo del ciervo dentro de la festividad no es en absoluto casual. En la religiosidad precristiana europea este animal poseía un rico y denso valor simbólico: representaba la renovación cíclica derivada de la muda anual de las astas, la fertilidad y la abundancia, así como una condición liminal entre el bosque y el espacio humano. En los ámbitos célticos y germánicos se asociaba, además, al invierno y al retorno de la luz. En este sentido, la Hênula Cervula se integra de manera coherente en el imaginario de fin de ciclo e inicio de año, donde el ciervo actúa como mediador entre la muerte simbólica y el renacimiento, encarnando también un simbolismo de la fertilidad invocada con la entrada del nuevo año, el “año de Jano”, del que deriva el mes de enero.
En sus fases tardías, la tradición probablemente había perdido gran parte de su contenido religioso explícito. Más que un culto organizado, parece haber funcionado como una mascarada de invierno, una fiesta de inversión social o incluso un precedente de ciertos carnavales medievales. En este sentido, no puede decirse que la Hênula Cervula fuese simplemente olvidada, sino que, como tantos otros rituales paganos europeos, fue mutando y adaptándose a los tiempos y contextos que fueron sucediéndose.
Con todo, la Iglesia continuó percibiendo en ella elementos inquietantes: el uso de máscaras y disfraces animales, la risa ritual, el desorden festivo o la persistencia de símbolos no cristianos que evocaban, en clave medieval, la figura demoníaca, especialmente en lo relativo a las cornamentas de antiguos animales totémicos. Estas tensiones explican los intentos reiterados de suprimir la práctica o “cristianizarla”. Aunque la Hênula Cervula desapareció como festividad específica, su imaginario no se extinguió por completo. Numerosos estudiosos han señalado posibles continuidades en las mascaradas alpinas y pirenaicas, en figuras de “hombres-ciervo” del folclore europeo y en diversas tradiciones rurales invernales y procesionales. De igual modo, ciertos rasgos pueden rastrearse de forma lejana en algunas tradiciones navideñas con animales o en festividades solsticiales transformadas por la influencia cristiana.
En el caso hispano, quizá la referencia más detallada proceda del obispo barcelonés Paciano, fallecido en el año 391. Este religioso escribió un tratado titulado Cervus o Cervulum, en el que intenta desprestigiar y alertar a los habitantes del ámbito rural sobre lo pecaminoso de participar en las celebraciones de Año Nuevo. Tal como recoge Alberto del Campo Tejedor en su obra Historia de la Navidad, donde el autor nos detalla sobre la costumbre de disfrazarse de ciervos y cabras en la celebración del año nuevo —facere o exercere cervulum—. La fiesta llamada Hebula cervula fue censurada igualmente por San Esterio, puesto que tradiciones semejantes se documentaban también en la Iglesia oriental.
Lamentablemente, al haberse perdido cualquier documento descriptivo directo de la tradición, desconocemos si quienes se disfrazaban de ciervo en Hispania durante el Año Nuevo actuaban bajo la influencia del dios celta Cernunnos o de alguna divinidad similar. Podemos, no obstante, conjeturar que la práctica estaba vinculada a un simbolismo animal que expresaba las fuerzas de la naturaleza, fuerzas que se manifestaban especialmente en el cambio de ciclo, cuando el ser humano aspiraba, mediante gestos rituales, a incidir mágicamente en el futuro por venir. El Año Nuevo simbolizaba así una regeneración cósmica, que subrayaba simultáneamente el deseo de fecundidad y el temor al espíritu del invierno. El estudioso José María Blázquez afirma con convicción que ciertas mascaradas poseen origen prerromano y vincula algunos de sus ecos con los vasos de Numancia, donde se representan extrañas escenas de hombres con cabezas de animales, como caballos o ciervos.
A pesar de todo ello, y muy a pesar nuestro. seguimos sin conocer con certeza cuál era el proceder ritual de la Hênula Cervula; tan solo sabemos de su existencia a través de algunos sermones que advertían a los lugareños del peligro espiritual de su práctica. Todo documento medieval relacionado con la descripción del ritual anual y sus costumbres se han perdido.
Lo que sí parece claro es que debió de tratarse de una tradición relevante en la Francia, España e Italia altomedievales: posiblemente un ritual relacionado con la fecundidad del Año Nuevo, una celebración de raigambre pagana en la que las gentes se vestían de ciervos y de animales del bosque, danzando y solicitando comida por las casas de las ciudades y aldeas, en el umbral simbólico entre el invierno y el renacer del tiempo. Siendo uno de los muchos rituales tradicionales que se realizaban los días previos a la llegada del año nuevo en la Europa medieval.
Alvar Ordoño (2025)
lunes, 22 de diciembre de 2025
domingo, 21 de diciembre de 2025
sábado, 29 de noviembre de 2025
lunes, 7 de julio de 2025
Sobre la exposición y los yelmos celtiberos de Aranda del Moncayo
Recientemente ha tenido lugar la inauguración de una exposición temporal en el museo arqueológico nacional de Madrid. Bajo el titulo de Alas Para la guerra, Aratis y la Celtiberia, se nos muestran desde el 24 de Junio hasta el 5 de Octubre, distintas piezas arqueológicas relacionadas con el yacimiento de Aranda de Moncayo. Siendo sin ninguna duda los restos de los populares yelmos celtiberos, las piezas estrellas de la exposición.
La visita es gratuita, y aun
cuando no es muy extensa en tamaño, si que merece la pena visitarla. Digamos
que la misma se divide en varias salas, siendo la primera de ellas donde se nos
cuenta la historia de Aratis, la ciudad celta en la que se encontraron los
populares cascos. Posteriormente se nos expone algunos datos básicos sobre su
sociedad, territorio, guerra, la violencia, la panoplia militar, y el final del
guerrero visto desde un aspecto religioso.
Sobre los cascos de Aranda de
Moncayo, decir que fueron encontrados en el año 1993, en unas fincas privadas
adyacentes al yacimiento arqueológico. El terreno fue comprado por Ricardo
Granada Pérez, quien al encontrar las piezas las escondió en la localidad de
Utebo, para posteriormente venderlas en subastas arqueológicas. De todo ello
hay numerosa información en redes sociales, por lo que no voy a detenerme
demasiado en la rocambolesca historia.
Decir no obstante, que fueron
encontrados 18 cascos, de los cuales 7 fueron recuperados y devueltos a España.
Encontrándose actualmente expuestos en el museo de Zaragoza. En el año 2020 se
recuperó un octavo casco, habiéndose conseguido por tanto 8 de las 18 piezas
originales.
Resulta extraño que en una zona
tan pequeña, se hallaran 18 yelmos, pues estos elementos no debían de ser
comunes a todos los guerreros. Quedando su utilización casi de forma exclusiva
para elites aristócratas de las tribus o clanes locales. Se sabe que uno de los
rituales celtas peninsulares, consistía en arrojar armas y yelmos a las aguas
tras la muerte del guerrero. Causa que podría explicar la poca cantidad de
material relacionado con estos elementos encontrados en Iberia.
También se ha teorizado sobre el
posible significado de los mismos. Algunos autores apuntan a un uso ceremonial
o simbólico, es decir, no eran cascos utilizados para la guerra como tal. Sino
solo para ceremonias concretas de exaltación de los héroes o de los dioses. Algo
que podría estar relacionado con otros elementos similares en distintos siglos
y puntos del continente, como por ejemplo los cascos de Vikso, en la edad del
bronce danesa. O los yelmos de Sotton Hoo en la alta edad media anglosajona. En
ambos casos, los cascos encontrados están adornados con símbolos como cuernos o
escenas ritualisticas de la mitología escandinava, aceptándose a día de hoy, que serían más propios del mundo ritual germánico
que del mundo bélico practico.
¿Ocurrió lo mismo con los yelmos
celtiberos de Aratis?. ¿Eran ceremoniales y no prácticos?. Me temo que es algo
que no puede demostrarse actualmente, y dicha teoría forma parte de otras
muchas expuestas sobre el tema. Los defensores de la hipótesis ritual, sostienen
lo poco útil que resulta combatir con yelmos tan adornados y decorados. Quedando
por tanto, solo la teoría del uso ceremonial como presumiblemente razonable. De
ese modo, los cascos de Aranda del Moncayo serían piezas “religiosas” ofrecidas
a los dioses, o que intentaban representar a los dioses por medio de la
exageración de atributos heroizantes como cuernos o alas.
Una segunda teoría asociada, nos
plantea la posibilidad de que no fueran de uso ritual, sino representación del
estatus social. En tal caso los yelmos seguirían sin ser prácticos para el
combate, y únicamente mostrarían el poder y prestigio de su propietario.
A este respecto es interesante
recuperar la idea expuesta por el historiador Manuel Bendala, en su libro
“Tartesios, iberos y celtas”. En ella expone una curiosa hipótesis relacionada
con la simbología de la cornamenta en las representaciones de guerreros de las
mal llamadas estelas tartesicas del bronce hispano. El escritor plantea de
manera textual lo siguiente:
(..) La cultura material de la primera época de Tartesos deja traslucir una
sociedad jerarquizada, cuyo más alto nivel lo ocupa el grupo o clase que retratan tan particularmente las estelas
grabadas. Se percibe en ellas una casta superior, cuyos componentes ejercen como
guerreros (..) Se hace constar en la posesión de signos de distinción muy
exclusivos, y en la recepción y ofrecimiento de ceremonias que sirven de
recordatorio colectivo de sus virtudes o privilegios de clase.
(..) El hecho frecuente de que los guerreros de las estelas estén tocados
de cascos de cuernos, en algún caso enormes, como para hacer bien visibles sus
valores y su significado (..) El guerrero de la estela de Fuente de Cantos
(Badajoz) luce uno de estos cascos de cuernos desmesurados. Parece que muestran
aquí un sentido heroizador, que remite a
la vieja tradición mesopotámica en la que aparecen los cascos o tiaras de
cuernos como atributos de los dioses (..)
Es decir, los cuernos como
elemento decorador en los cascos de guerreros de las estelas del bronce hispano,
representarían atributos divinos. A este respecto, no puedo dejar de relacionar
la semejanza de los yelmos de Aranda de Moncayo, con la simbología de los
cuernos tartesicos, y la posibilidad real de que mas allá que fueran elementos
para la guerra, tuvieran un significado ritual o religioso puramente nativo, el
cual perduraría en la antropología cultural hispana desde la edad del bronce
hasta la edad del hierro.
Otra característica de las piezas
de Aratis que ha servido para especular sobre la posible practica de combate y
su utilización, ha sido la falta de una protección facial. Lo cual ha sido
interpretado como prueba de un estilo de combate individual entre soldados.
Dicho de otra forma, los guerreros celtiberos no practicaban el combate de tipo
“falanges” o “muro de escudos”, sino combates individuales de guerreros contra
guerreros. Especulándose nuevamente que dicha práctica podría estar asociada a
combates rituales, como los llevados a cabo durante el funeral de Viriato. En
cuyo caso, estaríamos una vez más ante la suposición de que los cascos de
Aranda de Moncayo, serían ceremoniales y no funcionales.
Respecto a la simbología de los
cascos celtiberos, es destacable que algunos de ellos estaban adornados con
elementos espirales de carácter solar. Como los de la tumba A de la necrópolis
del Val, en Alpaquense, Guadalajara. Lo cual podría ser interpretado como un símbolo
protector, o incluso heroizante de cara al más allá. En una cerámica de
Numancia se aprecian dos figuras que llevan un casco con cuernos, y otro que
asemeja un animal con las fauces abiertas. Según Alberto Lorrio, este tipo de
elementos estarían vinculados con una herencia de la cultura de La Tene
(segundad edad del hierro celta).
Y es que los yelmos de la
celtibería, son propios y originales de Hispania, sin parecido en el mundo
celta. Pero recibieron influencia de distintas poblaciones con las que los
viejos celtas hispanos tuvieron contacto. Algo fácilmente demostrable por la
comparación entre diferentes yelmos calcídicos. Las piezas en cuestión fueron
influenciadas por el mundo greco romano, evolucionando desde los cascos griegos
e itálicos.
Al igual que estos, tienen una
calota lisa, un nasal reforzado que divide las aperturas para los ojos,
guardanucas plano, carrilleras móviles, y adornos tanto orgánicos como
metálicos. Incorporando en el caso celtibero, eso sí, elementos nativos propios
del mundo cultural del hierro peninsular.
Su origen seguramente gira en
torno al siglo 4 en el sur de Italia. Donde los mercenarios celtas de Hispania
los conocerían y traerían a la península. Sufriendo en los sucesivos años y
siglos, algunas variaciones autóctonas, como la incorporación de piezas
simbólicas, tales como alas o “cuernos”. Pudiéndose apreciar en algunos de
ellos igualmente imágenes de serpientes. Animales sagrados para algunas
sociedades celtas europeas.
En relación con lo citado previamente, y hablando nuevamente sobre lo extraño de la cantidad de las piezas encontradas en una zona muy pequeña. Se plantean varias posibilidades. Una de ellas teoriza sobre la existencia de un pequeño ejército financiado por el contexto de la expansión celtibera de esos siglos. Un momento concreto en el que confluyeron varios jefes y caudillos en una misma zona. Otra, quizás más mitológica, relacionaría el lugar con un posible santuario al dios de la guerra celta. Significando la acumulación de cascos una ofrenda puntual a la divinidad, ya que casi todos presentan una homogeneidad que descarta que podamos estar hablando de ofrendas acumuladas a lo largo del tiempo.
Esto supondría un acontecimiento único en un
momento único, que forzó a los celtiberos de Aratis, a ofrecer una gran
cantidad de yelmos con atributos nativos y heroizantes en busca del favor del
Dios. todo ello dentro de un contexto histórico y social que desconocemos.
Alvar Ordoño / la era del hierro blog / 2025
lunes, 12 de mayo de 2025
Representación de una escena del reino de Castilla en el siglo XI
Una escena cotidiana durante la época medieval en cualquier de las partes norteñas cristianas de la península ibérica durante el siglo XI. Una cabaña aislada construida de piedras con techo de paja, aislada en un bosque, donde un hombre y una mujer subsisten las inclemencias del tiempo invernal.
jueves, 17 de abril de 2025
Los rubios reyes nazaries de Granada
Los reyes Nazaries de granada, son representados como hombres de piel blanca, rasgos caucásicos, ojos claros, y cabello rubio, moreno y pelirrojo. Así al menos se puede ver en el conocido como salón de los reyes de la Alhambra.
Es posible que se trate de una idealización de los propios nazaries, o bien, que se trate de una realidad social de aquellos tiempos. Y es que aun cuando los orígenes de los reyes de Granada pretendían remontarse a los orígenes del propio islam. La realidad es que el substrato europeo islamizado, es posible que se mantuviera entre muchos de ellos. Siendo así, gran parte de los andalusies de Granada no fueran mas que hispano godos convertidos al islam. Razón por la cual, los rasgos germánicos permanecían entre ellos, como parecen evidenciar en las ilustraciones pictóricas del ya mencionado salón de los reyes.
En cualquier de los dos casos, lo que si es cierto, es que Granada fue el único punto de España que permaneció 800 años bajo dominación musulmana. Un error que suele ser muy habitual, pues con normalidad, se suele señalar como España permaneció bajo el dominio moro por 800 años. Algo erróneo, ya que grandes partes de la mitad norte peninsular, tan solo estuvieron bajo un control político islamico 200 o 300 años.
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