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domingo, 15 de marzo de 2026

El loberíco de Albadalejo y el campo de Montiel

El siguiente texto fue escrito a inicios del año 2026, formando parte de un estudio mas extenso que publiqué en un fanzine distribuido en PDF llamado: Lobos Hechizados, la licantropía en la Castilla del siglo XIX. 

En dicho artículo, el cual podéis encontrar en mi patreon, abordaba de una forma extensa el origen del mito del hombre lobo, y especialmente de la tradición folklórica de dicho mito en su ámbito castellano. 

El extracto que os comparto a continuación, se llama: el Loberíco de Albadalejo y el campo de Montiel. En líneas generales, trata de una tradición actual castellano manchega, que ahonda sus raíces folklóricas en creencias propias del siglo XIX, enlazadas con las creencias populares de los Lobos Hechizados de las dos castillas. 

Es posible por tanto, que al leer solo este extracto del articulo en cuestión, no se entienda en su totalidad. Pues el mismo fue escrito como complemento de un estudio mas amplio. En cualquier caso espero que os guste, y que sepáis entenderle como parte de un contexto mayor y más amplio que englobaría todo lo que es la tradición del mito del hombre lobo en Castilla a lo largo del siglo XIX.

(..) Me veo obligado a tratar de forma concreta y personal, la figura del Loberico de Castilla la Nueva, una figura carnavalesca relacionada con las mascaradas invernales castellanas.

En lo estrictamente folclórico, es un personaje enmascarado, de aspecto salvaje, Suele vestir pieles de animales, llevar cencerros, la cara pintada de negro o cubierta con una máscara animal, y a veces va armado con palos o utensilios para hacer ruido.

Durante el Carnaval recorre las calles asustando y provocando a la gente, especialmente a niños y jóvenes, siempre en tono festivo. Se ha teorizado mucho sobre el posible origen del personaje, relacionándolo normalmente como una representación de lo animal, lo indómito y lo transgresor. Elementos, por otro lado, típicos de las fiestas y las mascaradas de invierno castellana que simbolizan el caos antes del orden primaveral.

El loberico en la actualidad, está emparentado en las fiestas patronales con otras figuras manchegas y castellanas como las botargas, los zangarrones o los diablos de Carnaval. Pero lo que oculta en su transfondo tradicional, es la creencia en la licantropía de las gentes de Castilla. Hoy en día se mantiene como seña de identidad cultural de Albadalejo, gracias a la participación vecinal y a la recuperación de tradiciones.

No obstante, Desde una perspectiva histórico-antropológica, la figura del Loberico puede interpretarse como una derivación folclorizada de creencias mucho más antiguas, vinculadas a la tradición castellana del lobo hechizado o lobo encantado, ampliamente documentada en la literatura oral del siglo XIX e incluso en fuentes anteriores. Aunque en la actualidad el Loberico se manifiesta como un personaje festivo integrado en el ciclo carnavalesco, su trasfondo simbólico remite a un imaginario rural donde la licantropía era concebida como una posibilidad real, o al menos verosímil, dentro del sistema de creencias populares.

Julio Caro Baroja, en sus estudios sobre las mascaradas de invierno y el Carnaval peninsular, señala que muchas de estas figuras rituales proceden de antiguas representaciones del mal, lo animal y lo marginal, posteriormente domesticadas por la cultura festiva (Caro Baroja, El carnaval, 1965).

En este sentido, el Loberico participa de un proceso similar: una figura originalmente temida, asociada a la pérdida de la condición humana, que es progresivamente absorbida por el ritual colectivo hasta convertirse en un elemento identitario y lúdico. Tal como recoge Lisón Tolosana en sus análisis sobre creencias mágicas y marginalidad (Antropología cultural de España, 1971), la transformación en animal suele interpretarse como consecuencia de una falta, un castigo o una situación liminal, lo que refuerza su carácter de figura ejemplarizante dentro del relato popular. Esta ambigüedad moral se refleja en el Loberico, que no es un ser completamente maligno, sino un personaje que transgrede, asusta y provoca, pero sin romper definitivamente el marco comunitario.

Desde el punto de vista simbólico, la hibridación hombre-animal constituye un motivo recurrente en las culturas europeas, especialmente en aquellas de base pastoril. Claude Lévi-Strauss subrayó que los animales, en el pensamiento simbólico, funcionan como operadores conceptuales que permiten expresar tensiones sociales y contradicciones internas (La pensée sauvage, 1962). El lobo, en particular, ocupa un lugar central en el imaginario castellano como encarnación de lo salvaje, lo nocturno y lo exterior a la comunidad, lo que explica su frecuente asociación con relatos de hechicería y licantropía del siglo XIX.

El Carnaval, como marco ritual en el que se inscribe actualmente el Loberico, actúa como un espacio de inversión simbólica del orden social. Siguiendo a Mijaíl Bajtín (La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, 1965), el tiempo carnavalesco permite la suspensión temporal de normas, la burla del miedo y la materialización de lo grotesco. En este contexto, la figura del lobo hechizado deja de ser un motivo de terror para convertirse en una presencia controlada y ritualizada, integrada en la fiesta.

No obstante, esta transformación no implica una pérdida total de significado. Como apunta Victor Turner en su teoría de la liminalidad (The Ritual Process, 1969), los personajes que actúan en los márgenes del orden social cumplen una función esencial en los rituales de tránsito. En ellos el Loberico encarna precisamente esa condición liminar: ni completamente humano ni plenamente animal, ni peligro real ni simple máscara, situándose en un espacio simbólico intermedio que remite directamente a las antiguas creencias en la licantropía.

Por tanto, puede afirmarse que el Loberico de Albadalejo constituye un ejemplo paradigmático de continuidad cultural, en el que una creencia ancestral (la del lobo hechizado) ha sido reinterpretada y resignificada dentro de un marco festivo contemporáneo. 

Su pervivencia demuestra cómo las comunidades rurales han sabido canalizar narrativas de miedo y exclusión a través del ritual, transformando la leyenda en patrimonio cultural y la superstición en tradición. O lo que es lo mismo, el Loberico representa en la actualidad, el miedo ancestral a la figura del Lobo Hechizado en el pasado, mezclado con distintos elementos de corte pagano que vinculan a los Españoles del siglo presente, con los arcaicos habitantes de la península ibérica desde la edad de piedra, al menos en su aspecto cultural y tradicional ( algo que ya trate en: los orígenes paganos del hombre lobo 2025).

Alvar Ordoño - Lobos Hechizados, la licantropía en la Castilla del siglo XIX - El loberico de ALbadalejo y el campo de Montiel - 2026 - 

lunes, 16 de febrero de 2026

Fiesta de mascaras de la Baixada de Marela.

He hablado muchas veces de las festividades castellanas de las Mascaradas invernales. Unas fiestas de las cuales, incluso hice un video bastante interesante, a pesar de que casi no ha tenido visitas. Aún así, y estando emparentadas directamente, pocas veces he dedicado tiempo para hablar de otras festividades de mascaras carnavalescas españolas. Una de ellas, es la Baixada de Marelam en Galicia. 

Se realiza en el corazón de Redondela, allí donde las rías dibujan una geografía de agua y montes suaves, cada año la Baixada de Marela irrumpe en el calendario como un estallido de color, música y memoria compartida. No es solo una fiesta: es un gesto colectivo, una forma de contarse a sí mismos quiénes son y de dónde vienen.

La celebración suele tener lugar a finales del verano, cuando el calor empieza a aflojar y las noches invitan a quedarse en la calle. En ese momento del año, cuando el ciclo agrícola tradicional ya ha dado sus frutos y la comunidad se permite un respiro, la villa se transforma. Las mascaradas desfilan entre risas y tambores, los disfraces exageran rasgos, caricaturizan personajes y convierten la plaza en un escenario abierto. Todo parece espontáneo, casi improvisado, pero en el fondo late una tradición que hunde sus raíces en formas antiguas de celebración popular.

Porque, aunque la Baixada de Marela tenga una formulación contemporánea, su espíritu conecta con algo mucho más antiguo en Galicia: la cultura de la máscara. Desde el Entroido rural hasta las comparsas satíricas, la máscara en el noroeste peninsular ha sido históricamente un instrumento de inversión simbólica. Quien se cubre el rostro deja de ser individuo para convertirse en personaje; puede decir lo que normalmente callaría, puede exagerar defectos colectivos, puede reírse del poder o de sí mismo. Antropológicamente, estas prácticas han funcionado como válvulas de escape social, momentos ritualizados en los que el orden cotidiano se suspende para reforzarse después con más fuerza.

La “baixada”, esa bajada festiva que da nombre a la celebración, también tiene una dimensión simbólica: descender juntos, ocupar el espacio público, fundirse en una identidad compartida. Es un movimiento físico que representa otro más profundo, el de volver a la comunidad, reconocerse en ella y celebrarla. Así, entre música, ironía y disfraces, la Baixada de Marela se convierte en un espejo alegre donde Redondela se mira cada año y se reafirma, no como postal turística, sino como pueblo vivo que transforma la tradición en presente.








sábado, 2 de noviembre de 2024

La noche de honor a los antepasados.. una tradición indoeuropea anterior al Samhain / Halloween.

Una vez mas llega la noche de Samhain, o el día de todos los santos, como se conocía normalmente a dicha festividad antes de la imposición cultural de Halloween. Y como viene siendo tradición desde que estamos bajo influencia norteamericana, el debate surge de nuevo. ¿Es Halloween una fiesta pagana?, ¿tiene más sentido celebrar Halloween que el día de los difuntos?. 

En realidad es un debate estéril, pues ni Halloween es a día de hoy la festividad de Samhain, ni sabemos realmente como se celebraba, y bajo que rituales se hacía el Samhain de los celtas. Por no entrar a debatir, si realmente esa fecha fue igual para todo el mundo celta, o solo para unas demarcaciones geográficas concretas. Especialmente porque los arqueólogos actualmente, no han podido demostrar que la festividad de Samhain, se celebrara mas allá del mundo Galo, donde se la conocía como Samonius, o del mundo británico / Irlandés, donde se la conocía como Samhain. 

No obstante, si que parece claro que en el mundo indoeuropeo se rendía honores a los antepasados en una fecha concreta del calendario. Una fecha que coincidía con el fin de las cosechas, y el comienzo de la etapa invernal de la tierra antes de la llegada del solsticio. Es decir, lo que popularmente se conoce como Samhain, tiene reminiscencias de una tradición ancestral cultural común a todos los pueblos indoeuropeos, y no solo a los celtas. 

En España se suele pecar de querer ser mas celtas que los celtas, tomando normalmente como ejemplo el mundo de las poblaciones británicas e irlandesas, haciéndolo extensible a nuestra idiosincrasia cultural celta. Es decir, si lo hacían los celtas de Irlanda, y nosotros fuimos celtas, ¿ como no íbamos a hacerlo ?.  Está de más que diga, que este razonamiento simple, es irreal. Pues incluso dentro del mundo celta europeo, existieron diferencias culturales según tribus y naciones. 

Sin ir mas lejos en la península ibérica, no puede demostrarse arqueológicamente que se celebrara ningún ritual o festividad similar al Samhain irlandés. Dejando claro, como ya apunté anteriormente, que la fiesta en honor a los antepasados parece ser común a la tradición de los indoeuropeos. O lo que es lo mismo, en España se celebró una noche de los muertos en la edad del bronce y del hierro, introducida en la edad de piedra por las poblaciones Yamnaya.

Una tradición que fue tomando forma según fueron pasando los siglos, y que por supuesto, posiblemente sufrió una "celtización" en la edad del hierro. Pero que como ya hemos comentado en distintos videos subidos al canal, esta "celtización" fue realizada sobre unas bases proto celticas indoeuropeas diferentes a las que tenían galos o britanos. Lo que se materializaría a la hora de la verdad,  en unas costumbres distintas, con rituales distintos, y con divinidades bajo nombres diferentes.  

Resumiendo el razonamiento.. ¿En Hispania se celebró una fiesta en honor a los antepasados muertos el 1 de Noviembre?.. Seguramente sí. ¿Era como el Samhain britano?. Posiblemente no. Lo cual no debe causarnos desazón, pues son muchas las poblaciones indoeuropeas que actualmente celebran la noche de todos los santos, bajo nombres y tradiciones distintas. Sin ir más lejos, los pueblos eslavos celebran su Dziady.

Un ritual en plena noche de transito entre el 31 de Octubre y el 1 de Noviembre, donde las familias enteras se reunían en los bosques y granjas a la luz de una gigantesca hoguera, para rendir honores a los familiares que habían partido al más allá. 

La palabra significa literalmente "los abuelos", en el sentido de "antepasados". Se celebraba dos veces al año, en primavera y en otoño, siendo el Dziady de otoño el principal. Durante la fiesta los antiguos eslavos organizaban libaciones y comidas rituales en las que los alimentos y el alcohol se ofrendaban a los difuntos. Con el objetivo de permitir que las almas de los muertos encontraran su camino al mundo de los vivos. Para lo cual se encendían fuegos y velas; así mismo, eran tradicionales las máscaras de madera con rostros grotescos, similares a los tallados en las calabazas de difuntos. En las mitologías locales tales banquetes eran organizados tanto por los vivos como por las almas de los antepasados que comparten el dziady en las tinieblas. En polaco esta tradición prevaleció en la forma de banquete cristiano de Zaduszki (el 2 de noviembre, Día de los Difuntos).

Otros pueblos bálticos como los lituanos, celebran el Ilges, fiesta igualmente en honor a los antepasados, siendo estas celebraciones comunes en distintas formas entre los Rumanos, ex Yugoslavos, Polacos, Bielorusos, y Rusos. Como es evidente, todas estas poblaciones no son celtas, ni tienen aportaciones celtas, pero si son Indoeuropeas. Por lo cual, el nexo en común con la tradición europea del día de los difuntos que compartimos todos los habitantes del viejo continente, no es el Samhain celta, sino la primitiva tradición de los pueblos esteparios de finales de la edad de piedra.  



En la Hispania romana se festejo la Feralia, donde igualmente los hispanos, ya romanizados, rindieron culto a los familiares ausentes, en rituales perdidos de las noches invernales de aldeas, ciudades y granjas. La Feralia romana consistía en un antiguo festival público ofrecido a los Manes, los espíritus de las personas fallecidas. Se realizaba durante el mes de Febrero, como bien describió Ovidio en el libro II de su Fausti. Esta fiesta, ponía a su vez fin a la Parentalia, festividad de nueve días en honor a los antepasados muertos. 

En el tiempo de la Feralia, los ciudadanos romanos eran llamados a llevar ofrendas a las tumbas de sus antepasados muertos, que consistían en al menos, "un arreglo" de coronas, una pizca de grano y un poco de sal, pan empapado en vino y violetas esparcidas".​ Se permitían ofrendas adicionales, aun cuando según la tradición, los muertos solo se apaciguaban con lo mencionado. 

Ovidio habla de una época en la que los romanos, en medio de la guerra, descuidaron la Feralia, lo que provocó que los espíritus de los difuntos se levantaran de sus tumbas enfurecidos, aullando y vagando por las calles.​ Después de este evento, se rindió homenaje a las tumbas y cesaron las apariciones espantosas. Para indicar el duelo público, los matrimonios de cualquier tipo estaban prohibidos durante la Feralia, y Ovidio instó a las madres, novias y viudas a que se abstuvieran de encender las antorchas de su boda. Los magistrados dejaron de llevar sus insignias,​ y se prohibió cualquier culto a los dioses.

Esta costumbre se practicó en Hispania bajo dominio romano, y es la única muestra pagana que tenemos demostrable, de culto a los difuntos en la antiguedad. Aun cuando es previsible, que dicha tradición imperial, conviviera, cuando no se fusionara, con tradiciones proto celticas semejantes ya existentes en España. La mezcla de ambos mundos, al que desde el siglo VIII se uniría el cristianismo, dio poco a poco forma a lo que hoy día conocemos como noche de difuntos, o Halloween para los mas posmodernos. 



A lo largo del ya mencionado siglo VIII, el Papa Gregorio III decidió imponer una nueva fecha en el calendario cristiano. El 1 de Noviembre sería desde entonces para los cristianos, el día de los Santos mártires, tomando oficialidad y forma bajo el papado de Bonifacio IV. Es importante no confundir la fiesta con la de los "muertos". Pues en su origen cristiano, la noche de los difuntos, era la noche donde se rendía honor a los Santos y Martines que habían accedido al cielo. No a todos los difuntos en general,  como sí hacían los paganos. 

Sea como fuere, durante la edad media hispana, ya se rendía culto a los difuntos mártires en la noche del 1 de Noviembre. Adoptando la tradición pagana romana de llevar flores y ofrendas al cementerio en el que descansaban los ausentes durante la festividad de la Feralia. Y acoplando a su vez, la creencia popular indoeuropea de honrar a los ancestros y antepasados. Teníamos ya por tanto una tradición "moderna" compuesta por la mezcla de tres culturas a lo largo de varios siglos, o cientos de años. Se había conformado una nueva costumbre en el día de los Difuntos bajo la tradición católica apostólica romana. No por influencia del Samhain, sino por la mezcla del mundo indoeuropeo (proto celta) el mundo romano, y el cristiano.  

Esta es la principal razón, por la cual aun siendo "celtas", los hispanos nunca hemos tenido costumbre de celebrar el Samhain o Halloween como lo celebran los anglosajones. Pues en realidad nunca se ha mantenido una tradición semejante, más allá de algunas costumbres puntuales de caracter antropológico, que pudieran tener una conexión simbólica o iconográfica. La cuales a buen seguro, tendrían mas de raigambre en el mundo indoeuropeo, que en el británico. 

No obstante si que tenemos algunas ideas sobre el mundo de los muertos en el mundo primitivo hispano antes de la llegada de los romanos. Por ejemplo, sabemos gracias al historiador y arqueólogo Manuel Bendala. Que las poblaciones del bronce hispano, rendían honor a sus difuntos levantando estelas funerarias, en las cuales tallaban las pertenencias del caído, y le representaban con atributos heroizantes de poder y aristocracia, como podían ser los cuernos de ciervo o toro. 

Para los viejos pobladores del bronce peninsular, el alma de los familiares difuntos, vivía en las piedras de las estelas. Sabemos igualmente, que los hispanos de la edad de piedra, y posiblemente hasta la edad del hierro. Acudían a los dólmenes para ofrecer respeto a los muertos. Los cuales por cierto eran enterrados en sus cavidades, siendo los dólmenes realmente, cementerios de la edad de piedra. Y conocemos igualmente, que uno de los posibles significados de los menhires, era el funerario. Representando una vez mas el alma de los difuntos caídos.

Por tanto, y siempre fantaseando al respecto. Es posible que las viejas poblaciones proto celticas de la Hispania del bronce y hierro. Rindieran culto a los antepasados acudiendo a dólmenes, o lugares donde habían levantado estelas o menhires en su honor. Ofreciendo livaciones de sangre o vino, incluso puede que sacrificios de animales en su memoria. Siendo después degustados en banquetes celebrados en respeto a los hombres del clan que ya no estaban entre ellos. Pero que acudían a la tierra en la noche de los difuntos, durante la festividad de la Feralia, para visitarles y compartir tiempo con ellos. Incluso puede que astas de ciervos, corzos, cabras o gamos, estuvieran presentes en los altares como atributos heroizantes de los fallecidos. O bien honrando a dios de los bosques en su faceta de animal psicopompo entre el mundo de los vivos y de los muertos, Cernunnos.      

Puede que posteriormente, y bajo dominación romana, estos cultos se mezclaran con los romanos, acudiendo igualmente a dólmenes o lugares sagrados en los campos, para ofrecer flores a los muertos, al tiempo que grano, sal, y pan empapado en vino, como decía la costumbre latina. Y que poco a poco según fue avanzando la romanización, las poblaciones hispanas, fueran sustituyendo los dólmenes por cementerios hispano romanos, o hispano visigodos. 

Llegando así tras dos mil años, a la noche de difuntos que hoy conocemos, o más bien, que conocieron nuestros abuelos y bisabuelos. Un legado que tristemente hoy estamos perdiendo bajo el desarraigo hacia nuestras costumbres, potenciado por el desarraigo y perdida de identidad en un mundo globalizado. Donde la tradición de nuestros padres y antepasados, va dejando paso a la tradición consumista del Halloween americano, en sociedades multiculturales, donde las culturas nativas son borradas o criminalizadas hasta el olvido. 

Alvar Ordoño 29 del 11 del año 2024

martes, 4 de abril de 2023

Los orígenes paganos del mito del hombre lobo. Desde los cazadores del paleolítico y las cofradías guerreras indoeuropeas, hasta las leyendas de nuestros días.

Desde épocas inmemoriales, el ser humano ha intentado por medio de la magia y la mística, adquirir el poder de los animales salvajes que tenía a su alrededor. No en vano los primeros dioses de la humanidad no fueron antropomorfos, sino zoomorfos. En su libro: Historia de las creencias y de las ideas religiosas, el filosofo e historiador rumano Mircea Eliade, experto en el mundo antiguo y las religiones prehistóricas, nos cuenta como ya entre los paleantrópidos era frecuente recurrir a elementos propios de los animales para representar a sus dioses o espíritus de la caza.

Por ejemplo en la caverna francesa de Trois-Freres se puede apreciar una escena que ha sido interpretada como un hombre danzante disfrazado de bisonte, el cual, toca una flauta a modo de instrumento musical que ayudaba a los participantes en su viaje espiritual dentro de la supuesta ceremonia ritual representada en las paredes de la caverna del paleolítico.

La interpretación parece convincente, pues en el arte rupestre se conocen otras 55 figuras de seres humanos cubiertos de pieles, recreando posibles ceremonias religiosas, dentro de las cuales los danzantes, magos o sacerdotes, intentaban asimilar atributos de los animales mágicos a través del uso de sus pieles, cornamentas o garras.   

De ellos, posiblemente el más conocido sea el “Gran Mago” de Trois-Freres. Figura grabada sobre una pared, que mide unos 75 cm de alto. El dibujo de Breuil lo representa con cabeza de ciervo provista de amplia cornamenta, pero con rostro de búho, orejas de lobo y barba de rebeco. Los brazos parecen terminar en zarpas de oso, y ostenta una larga cola de caballo. Tan solo los miembros inferiores de la figura, el sexo y su posición de danzante, nos indican que se trata de una figura humana.

Los primeros dioses que tuvo la humanidad, fueron dioses relacionados con la caza y la supervivencia en la naturaleza

Tradicionalmente este elemento ha sido interpretado por los arqueólogos y antropólogos como un “señor” de los animales, o un hechicero de las poblaciones europeas del paleolítico. El elemento animal, estaba presente en la espiritualidad humana ancestral, pero no solo en su aspecto religioso, sino también en su condición de cazador.

Los cazadores de las tribus paleolíticas y mesolíticas, recurrían con frecuencia a ceremonias chamanicas mediante las cuales pretendían adquirir la fuerza, fiereza o efectividad de los depredadores que admiraban y con los que convivían, tales como osos, lobos, leones…

Respecto a esto, nuevamente Mircea  Eliade nos cuenta en referencia a los rituales religiosos chamánicos del paleolítico. 

(..) Como ya hemos observado, parece atestiguado en el paleolítico el éxtasis de tipo chamanico. Ello implica, por una parte, la creencia en un “alma” capaz de abandonar el cuerpo y de viajar libremente por el mundo. Y por otra parte la convicción de que durante ese viaje se puede reconocer el alma de ciertos seres sobrehumanos, antepasados, y animales a los que pedirles ayuda o bendiciones. El éxtasis chamánico implica además la posibilidad de “poseer” los cuerpos de los seres humanos, es decir, de penetrar en ellos, así como la de “ser poseídos” por el alma de un muerto o de un animal, por un espíritu o por un dios (..) 

En el peleolitico era común la creencia animista de la trasmutación de las almas. En dichas tradiciones el brujo podía contactar en el mas allá con el alma de los animales, y hacer que estos poseyeran el cuerpo de los hombres transformandolos en cazadores sobrenaturales. 

Para facilitar este tránsito entre el mundo de los vivos y el de los espíritus, el chaman, o el cazador, se vestían con atributos propios de los seres invocados; cornamenta, plumas, huesos, o pieles.

Tras ello, y acompañados por el brujo de la tribu, se iniciaba una ceremonia ritual al compas de tambores tantricos, donde el chaman acompañaba a los cazadores en el viaje espiritual. Este llamaba a los espíritus de los animales para que poseyeran el alma de los hombres con la finalidad de ayudarles en la caza. 

En dichas ceremonias conocidas como “danzas  circulares” (Mircea Eliade / Historia de las creencias y de las ideas religiosas / ritos, símbolos y creencias entre los cazadores paleolíticos). Los cazadores entraban en trance ayudados por los sonidos rítmicos del tambor. Y vestidos con pieles de lobos, osos o leones, se ponían a cuatro patas, olisqueaban el suelo, rugían, gruñían, enseñaban los dientes y aullaban.

Ya no eran humanos, eran una manada de lobos, y se comportaban como una manada de lobos, copiando sus técnicas de caza y su valentía frente a animales potencialmente superiores en fuerza a los hombres, como ciervos, bisontes o jabalíes. 

Las pieles utilizadas en dicho ritual, ya no eran más que un elemento mágico mediante el cual, el cazador adquiría la fuerza de su espíritu protector. Eran su amuleto para entrar en el mundo de los espíritus.

Con el paso del tiempo el mundo de los cazadores dio paso al mundo de los hombres modernos que basaban sus sociedades en la agricultura. Las sociedades de cazadores dejaron de tener peso en el mesolítico, comenzando a tener más importancia las ciudades fortificadas que defendían sus zonas agrícolas de los ataques de animales o de otros humanos.

Posiblemente ese fue el punto en el que nacieron los guerreros, al transformarse los viejos cazadores en defensores de sus territorios, a la par que asaltantes y ladrones de los recursos de pueblos foráneos en caso de necesidad.

No obstante, a pesar de que el mundo había cambiado en el mesolítico, las tradiciones religiosas no cambiaron, simplemente se adaptaron y modificaron a los nuevos tiempos. Así pues desde la edad del bronce, pasando por la era del hierro, y continuando en la edad media, muchas creencias primitivas se mantuvieron bajo nuevas perspectivas contextualizadas a los tiempos que corrían.

Los dioses o espíritus de la caza fueron dejando de tener peso en las ceremonias humanas según los hombres fueron siendo sedentarios. Al trabajar y esperar frutos de la tierra, la necesidad hizo que los humanos incorporaran una divinidad de la fertilidad, una diosa madre. Fue en ese momento cuando la Diosa tierra y el matriarcado comenzaron a ganar importancia frente a los dioses de la caza de la primera edad de piedra. 

Tradicionalmente se ha interpretado esta época, como un tiempo de paz entre los humanos. Cosa que desmiente el historiador Yuval Noah en su libro Sapiens: De animales a dioses. Un maravilloso libro que recomiendo a todo el mundo, en el que Yuval nos describe distintos episodios de violencia propios del mundo paleolítico.  

Igualmente Yuval nos cuenta el proceso en el que el hombre comenzó a ser “avaricioso” con la llegada de las ciudades, la agricultura, la ganadería y el aprovechamiento de los recursos previos a la fabricación y producción de elementos. 

(..) Una de las pocas leyes rigurosas de la historia, es que los lujos tienden a convertirse en necesidades  y a generar nuevas obligaciones. Una vez que la gente se acostumbra a un nuevo lujo, lo da por sentado. Después empiezan a contar con él. Finalmente llegan a un punto en el que no pueden vivir sin él (..)

la primera vez que se crea un culto religioso a la fertilidad de la tierra, naciendo en consecuencia las diosas madres propias del matriarcado previo a los indoeuropeos. Fue cuando el hombre primitivo dejó de cazar y recolectar para pasar a ser sedentario y agricultor. 

El lujo y la vida lujosa, fue el germen de la evolución humana hasta nuestros días. Por un lado nos facilitó la vida, pero por otro nos encadeno para siempre a un estilo de vida basado en la depredación de los recursos naturales, llegando incluso a crear guerras para anexionar tribus de cara a aumentar nuestras posesiones, con el objetivo de tener mayor poder y lujo que el pueblo vecino. 

Igualmente el hombre agricultor del mesolítico, domesticó a los animales salvajes que antes pastaban en grandes rebaños para no tener la necesidad de cazarlos. Nuevamente Yuval nos cuenta como fue este proceso. Los humanos amansaron a las fieras cazándolas y permitiendo durante generaciones que solo los más mansos se reprodujeran. De esa forma los genes de los más dóciles se perpetuaban en detrimento de los genes más salvajes aptos para la supervivencia en un entorno natural.  

El mundo había cambiado, pero el espíritu de los cazadores paleolíticos ahora convertidos en guerreros, no… Los ritos iniciáticos mediante los cuales los hombres pretendían adquirir cualidades animales se mantuvieron. Ciertamente no ya destinados a cazar presas para comer, sino a “cazar territorios” que incorporar a sus reinos, o tribus, que dieran más poder (lujo) a los señores y reyes junto a sus cofradías guerreras.

En todo ello jugó un papel fundamental un nuevo concepto cultural humano introducido por los pueblos indoeuropeos y turco mongoles… el culto a la guerra y al heroísmo solar.
Eliade nos dice sobre este proceso…

(..) Muchos milenios después del triunfo de la agricultura se hará sentir todavía en la historia el ideario del cazador primitivo. En efecto, las invasiones y las conquistas de los indoeuropeos y los turco-mongoles se emprenderán bajo el signo del cazador por excelencia, el animal de presa. Los miembros de las cofradías militares (Mänerbünde) indoeuropeas, y los jinetes nómadas de Asia central se comportan con respecto a las poblaciones sedentarias, a las que atacan, como animales de presa, que cazan, dan muerte y devoran a los herbívoros de la estepa o al ganado de los establos. Numerosas tribus indoeuropeas y turco mongoles tenían como epónimos a los animales de presa, especialmente al lobo, y se consideraban descendientes de un antepasado mítico teriomorfo. Las iniciaciones militares  de los indoeuropeos implicaban una transformación ritual en lobo: el guerrero ejemplar se apropiaba del comportamiento del animal de presa. (..) 

(..) Por otra parte, la persecución y la muerte de una fiera se convierte en el modelo mítico de la conquista de un territorio (Landnáma) y de la fundación de un estado. Entre los asirios, iranios y turco-mongoles, las técnicas de caza y las de la guerra se parecen tanto que llegan a confundirse (..)

Mircea Eliade (Historia de las creencias y de las ideas religiosas CAP – El descubrimiento de la agricultura – mesolítico y neolítico - La herencia de los cazadores paleolíticos)

Vemos pues, como desde finales de la edad de piedra, con la llegada de pueblos indoeuropeos a Europa, y turco-mongoles a Asia, el concepto ritual del cazador y su creencia ancestral basada en la idea de poder ser poseído por el alma de los grandes depredadores, se adaptó a los nuevos tiempos, incorporando el ideario de la caza a la guerra. Este sería uno de los comienzos del mito del hombre lobo, cuyo máximo exponente en la edad media serían los ulfhednar escandinavos, y los berserk nórdicos. 

El historiador Gonzalo Rodríguez García, nos intenta explicar la admiración que desde el presente se tiene por la cultura “vikinga” o más bien escandinava, de la siguiente forma. Para él, tal admiración se debe a lo ancestral de dicha cultura. Lo “vikingo”, lo escandinavo, no es más que el último exponente en Europa de la supervivencia arcaica de la cultura indoeuropea y de los pueblos de la edad del hierro. Es nuestro yo más primitivo que sobrevivió al mundo moderno medieval representado por el cristianismo. El hombre moderno de nuestros días, encuentra inconscientemente en lo “vikingo”, un referente cultural que nos une con ese pasado ritual, mitológico e identitario que todos tuvimos en la edad del hierro.

En la edad media ya no había celtas, ni celtiberos, ni iberos, ni griegos ni romanos.. Sus culturas originales y puras habían desaparecido. Pero en el norte y Este de Europa, aun se mantenían pueblos ajenos al desarrollo del mundo moderno. Pueblos que vivían anclados en ese periodo cultural que todos compartidos en la edad de piedra, basado en mitologías, tradiciones y rituales inmemoriales. 

En la era de Vendel, y dentro del mundo proto vikingo. Son comunes las representaciones de guerreros transformdos en hombres lobo, como parte de una proto creencia en los ulfhednar alto medievales de escandinavia

Y precisamente fue en ese entorno, donde el culto a las pieles, y a la trasmutación de las almas como elemento mágico y sagrado, se perpetuó por medio de los ulfhednar y Berserker. 

Muy posiblemente el origen del mito escandinavo se encuentre en una descripción que hace Tacito sobre el pueblo de los Harios en su Germania. De ellos nos resalta su aspecto salvaje y tenebroso. Destacando por su fuerza física sobre los demás pueblos de la Germania. Portan escudos negros, lanzas, y pintan sus cuerpos de piel blanca con pintura negra para combatir por la noche como un ejército de muertos.

Las tribus atacadas eran fruto del pánico al ver a estos guerreros asaltar sus aldeas en total oscuridad. Consiguiendo un aspecto aterrador y místico sobrenatural, aderezado por la pintura negra que cubría sus cuerpos en contraste con sus cabellos, barbas rubias y sus ojos azules. 

Los Harios de Tacito, son un ejemplo de guerreros sobrenaturales de la edad del hierro, cuya tradición mística seguramente se encuentra en los viejos rituales cazadores de los hombres del paleolítico y mesolítico. Si bien, incorporando ya una influencia del culto a la guerra propio de los indoeuropeos. Siendo seguramente un precedente de la edad del hierro de los Ulfhednar y berserk alto medievales. 

Según el escritor romano Tacito, en su libro la Germania.. los guerreros Harios pintaban sus cuerpos de negro para aterrorizar a sus enemigos. Atacando poblaciones durante la noche entre gritos y ruido ensordecedor. 

De los Ulfhednar sabemos que eran guerreros lobo. Guerreros nórdicos que utilizaban las pieles de esos animales salvajes para entrar en un trance guerrero, pensándose poseídos por el espíritu de la bestia. Con ello pensaban combatir mejor, ignorando incluso los cortes de las armas enemigas. Por el contrario los berserk, eran básicamente lo mismo pero con el elemento oso como vinculo mágico. 

En ambos caso el uso de pieles era determinante como amuleto que les otorgaba una condición sagrada. Ni el ulfhednar, ni el Berserk, podían entrar en el trance sin la piel del animal invocado. 

En la saga de los Volsungos, tenemos un episodio relevante para el contexto, dentro de  la historia de Sinfljotli, quien junto a su padre roba unas pieles de lobo a unos viajeros. Las pieles estaban malditas, y al ponérselas, estos, adquieren  la cualidad de hombres lobo. Como vemos las tradiciones alto medievales escandinavas, están aun estrechamente ligadas con las creencias de los pueblos germánicos de la edad del hierro. 

En las sagas nórdicas tenemos cientos de ejemplos de “hombres lobo”. Otro ejemplo lo encontramos en la saga de Egil Skallagrimsson, donde se nos habla de un guerrero llamado Ulf, que siendo un poderoso señor de tierras, por las noches se volvía irritable y temible, diciéndose de él que podía cambiar de forma a voluntad. Recibiendo entonces el apodo de Kveld-Ulf, que significa “lobo nocturno”.

Para Gonzalo García Rodriguez (LOS CELTAS HEROES Y MAGIA. La cultura guerrera de la Hispania celtica) Estos “hombres lobo” alto medievales, serán el origen del mito de los hombres lobo del folclore moderno. Un mito que se extiende por todo el viejo continente, de norte a sur, y de este a oeste.

En la península ibérica tenemos ejemplos múltiples recogidos en la obra de Pablo Ruiz bajo el titulo de Hombres lobo y otros depredadores de la mitología. De ello hablaremos más adelante. Ahora vamos a centrarnos en los mitos religiosos relacionados con el lobo que hay en la península, y que nuevamente deberíamos de contextualizar como creencias religiosas arcaicas en la edad del hierro, procedentes del mundo paleolítico y del chamanismo del guerrero / cazador.

Lo cierto es que tanto en la Hispania celta como Ibera, tenemos numerosos ejemplos mitológicos girando en torno al lobo como figura sobrenatural. Apiano nos habla de heraldos celtiberos vestidos con pieles de lobo, sin ninguna duda como un atributo mágico religioso. En la estela cántabra de Zurita, se puede apreciar un ritual funerario relacionado con el más allá. Donde dos guerreros vestidos con pieles de lobo, velan a un cadáver caído en batalla que es devorado por buitres. Aquí nos encontramos con el caballo como símbolo de las elites guerreras, y a los “guerreros lobo” como símbolo de la hermandad sagrada, la männerbünde, la cofradía de soldados hermanados en la mística del más allá.

Los vetones de Segovia y Avila tenían a los Lupercum, los celtiberos a los Vailicon, del celta Vailos (lobo).  Silio Italico nos habla sobre los jinetes celtiberos de Uxama, descritos con “caras y fauces de fieras”. Plinio nos describe un ritual celtibérico que consistía en beberse el cerebro del oso cazado o sacrificado para obtener la fiereza de este. En Cubillas de Cerrato hay una estatuilla donde se aprecia un jinete hispano portando en sus manos una cabeza de oso con la que posiblemente se cubriría su cabeza. Los lusitanos de Viriato entraban en combate agitando sus cabellos largos, a la par que aullaban y gritaban, según la descripción de Apiano. Y el clan cántabro de los Orgonomescos, parece recibir el nombre de un “frenesí guerrero” similar al espasmo de furia de los Berserker vikingos. 

El culto a las cofradías guerreras indoeuropeas en la península, se extendió durante la edad del bronce hasta la edad del hierro. Como puede apreciarse en esta idealización de la estela de Zurita. Donde dos guerreros celtiberos portan pieles de lobo como símbolo de su condición de guerreros sagrados o consagrados al lobo.

Para Gonzalo García, estas referencias simbólicas a los lobos de las tribus celtiberas, tienen una relación directa y mística con el dios celta hispano Vaelico.

(..) Este nombre (Vaelico) derivará del radical celta Valios que significa “lobo” y “aullador”, lo que indudablemente nos pone frente a un dios del que podemos decir que estaría íntimamente relacionado con la figura del lobo . (..) 

Teniendo presente todo lo que ya hemos señalado respecto a ritos de iniciación y magia guerrera, y respecto a la figura del lobo y la licantropía, resultará sugerente pensar que este dios Vaelico sería precisamente una divinidad de las männerbünde, un tipo de dios relacionado directamente con el mundo de las fratrías  guerreras y sus ritos y creencias.

Gonzalo García Rodríguez (LOS CELTAS HEROES Y MAGIA – pag252 – Vaelico, el dios lobo de las männerbünde – CAP Magia guerrera y la figura del lobo).

Igualmente el escritor vincula el culto al dios lobo celtibero Vaelico, con el dios Galo Sucelus. Divinidad nocturna de los celtas franceses, que cubre su cabeza con una piel de lobo, y del cual algunas tribus galas se consideraban descendientes.

Sobre Vaelico, hay algunas curiosidades relacionadas con la geografía y la toponimia de los lugares donde se han encontrado algunas de las más importantes aras dedicadas al dios. Una de ellas por ejemplo, se encuentra en una ermita situada en un paraje llamado Postoloboso (Avila), haciendo referencia a la figura del lobo. Y como segunda curiosidad tenemos, que la ermita está consagrada al santo apócrifo San Bernardo de Candela. Un santo al que se le invoca para curar el mal de la rabia. Enfermedad que estaba estrechamente relacionada con los perros y lobos en la edad media. 

Todos sabemos que el proceso habitual de los lugares cristianizados, se basa en asentamientos donde previamente había un santuario pagano. Por lo cual es muy posible pensar que la ermita fuera levantada donde previamente existió un santuario a Vaelico. Puede incluso que un lugar relacionado con rituales de hermanamiento guerrero en la edad del hierro. Y que la santificación posterior dedicada a San Bernando de Candela, fuera una forma de “proteger” el lugar, que antaño fue centro de culto a  los “hombres lobo” de las “männerbünde” celtibéricas, a Vaelico, convertido en diablo con la llegada del cristianismo a la zona

Coincidencias como estas, o simples curiosidades, nos hacen pensar realmente que Vaelico pudiera ser realmente la divinidad de las cofradías guerreras celtibéras, las cuales se vinculaban espiritualmente al lobo en los tiempos de la edad del hierro hispánica. Unas hermandades guerreras que tendrían un aspecto sobrenatural al vincularse con divinidades del más allá. Haciendo de sus integrantes guerreros “sagrados” o “místicos” a los ojos del resto de habitantes de la tribu, incluso a ojos de otros guerreros. Siendo similar a la tradición alto medieval vikinga de los Berserker. De quienes se pensaba que eran guerreros seleccionados por el propio Odin. 

Si esta teoría fuera real,  tendríamos nuevamente dos culturas alejadas geográficamente, que tendrían una raíz común. No solo por su ascendencia indoeuropea, sino por su tradición paleolítica cazadora. Por raro que parezca, la tradición sagrada de vincularse a un dios de la guerra o dios lobo, por medio de rituales sagrados entre escandinavos, germanos y celtiberos, tendría un origen común en los albores de la edad de piedra.  

Tras la cristianización de Europa, gran parte de los mitos, leyendas y tradiciones paganas, no desaparecieron, sino que fueron asimiladas por la religión monoteísta bajo una nueva cosmovisión. Así pues los “hombres lobo” de las cofradías guerreras, pasaron a ser criaturas fruto de la brujería y de los pecados de los hombres.

Seguramente el culto al "hombre lobo" entre las sociedades de la edad del hierro indoeuropea hispana, se vinculaba con el dios celtibero Vaelio, de la raíz celta europea Valios, cuyo significado era lobo. 

En el ya mencionado libro de: Hombres lobo y otros depredadores de la mitología, su autor o autores, nos desarrollan un estudio sobre el mito desde la edad de piedra hasta nuestros días. Transcribiendo distintas leyendas hispanas del siglo 19 que tienen como protagonistas hombres o mujeres lobo.

El mito del que mana todo el romanticismo gótico, se centra en el llamado “renacimiento del hombre lobo” procedente del siglo XII. Un estudio de Gerald de Gales de Tubiry y Willian de Auvergne. El primer ejemplo de Licantropía romantizada lo encontramos en el poema de Bisclavret de Marie (1160 – 1215). Un cuento bretón en el que un noble se transforma en hombre lobo, y no puede regresar a su forma humana al robarle las ropas su amante. En el cuento, el lobo necesita su atuendo de humano para regresar a su forma original.

Cabe destacar que el mito de la transformación en un lobo antropomorfo, es moderno, pues en origen, y basándonos en las leyendas antiguas, el hombre lobo, o los guerreros lobo de la edad del hierro, no se transformaban en lobos humanos. Simplemente adquirían cualidades de estos, o se transformaban en lobos directamente.

Sea como fuere, lo cierto es que los mitos modernos del cine y la literatura gótica, inevitablemente tomaron influencia de las leyendas populares del siglo XVIII y XIX. Las cuales a su vez eran una herencia adaptada a los nuevos tiempos de cuentos medievales y renacentistas, que a su vez procedían de tiempos anteriores que se remontaban a los ya mencionados rituales chamánicos del paleolítico. 

En España existen numerosos casos de hombres lobo dentro del folklore cultural del siglo 19. Tenemos por ejemplo el caso de Juan Soriano “el lobero”. De quien las actas del santo oficio nos dicen que tenía el poder de dirigir a voluntad las manadas de lobos. Pudiéndose transformar él mismo en hombre lobo por medio de un pacto con el diablo. 

O las mujeres de Lastra (sierra del Guadarrama), de quien se decía que eran muy robustas, poco atractivas, y velludas. De allí en concreto existe una leyenda sobre una mujer lobo que se recoge en el libro de: Hombres lobo de Ion Ander Ramirez. Cuentan que vagaba por los bosques de la sierra carpeto-vetonica solitaria y empobrecida. Aullando como poseída en las noches de luna llena,  aterrorizando a las gentes de las aldeas.

Pullman sugiera sobre esta leyenda, que podría tratarse de una variación popular de “la serrana”. Cuento que nos habla de una mujer diabólica que seducía viajeros a los que devoraba y mataba.

En la propia Galicia tenemos una leyenda recogida por el profesor de antropología Mariño Ferrero llamada “la maldita comedora de carne”. Lo curioso de esta leyenda, es que la mujer lobo en cuestión, es castellana, o al menos reside en Castilla. La leyenda nos cuenta como una chica es muy aficionada a comer carne, y su padre la lanza una maldición a causa de la cual se convierte en mujer lobo. Al final del cuento, de regreso en Castilla, cuenta su aventura a sus amigas de siega, diciéndoles no haber tenido pena de los estragos que hizo en Galicia. Tan solo de un niño al que devoró, sintiendo que mientras lo despedazaba, este la miraba con inocencia.

A este respecto decir que en la tradición española el encantamiento del hombre lobo, puede producirse por hechizo, o por casualidad de nacimiento o herencia. Por ejemplo comer carne en cuaresma, rompiendo un tabú cristiano. También por ser el séptimo hijo varón ininterrumpido. O por dormir en una madriguera de lobo una noche de luna llena, comiendo donde comen los lobos, y bebiendo de los ríos en los que beben los lobos.

En cualquier caso, una característica hispánica, o creencia folklorica para romper la maldición, era eliminar o quemar la piel del lobo que causaba él hechizo. Así lo vemos, entre otros ejemplos, en la leyenda de Ahigal de Caceres. 

Nuevamente nos topamos con el simbolismo de la piel del que ya hemos hablado en los rituales paleolíticos y alto medievales de los berserk. La piel como el elemento mágico, o el amuleto que servía de conexión sobrenatural entre el hombre y el espíritu del animal que tomaba posesión del hombre. Y cuya creencia supersticiosa sobrevivió de alguna u otra forma hasta el siglo 19 en España y resto de Europa. 

Desde la edad media, y bajo la condición de la cristianización de Europa. El mito del hombre lobo siguió vinculado a las creencias populares, pero ya mas dentro del ámbito de la demonología y la brujería. Aun cuando su raíz seguía estando en las sociedades cazadoras peleoliticas, y cofradías guerreras indoeuropeas. 

En nuestra península son muy conocidos los Lobisomes gallegos, o el Llubu home asturiano, quizás menos conocido es el Lobo hechizado castellano. Algunas de sus leyendas han sido recogidas por Carlos Villar en su artículo para la revista folklórica de la fundación Joaquin Diaz. De ellos los más destacados serían el del lobo hechizado de Villamanrique, o el de Almeida. En ambos casos los lobos hechizados no perdían la conciencia de serlo, ni se transformaban en lobos o bestias.. Simplemente desarrollaban algunas características sobrenaturales en su anatomía, como garras, exceso de pelo en manos o cara, colmillos, y otras cosas por el estilo. 

A lo largo de este articulo, hemos visto como la línea de la creencia del mito del licántropo se remonta hasta la edad de piedra. Teniendo su origen en las sociedades animistas cazadoras del paleolítico. Las cuales se transformaron en cofradías guerreras con la llegada de los indoeuropeos, y posteriormente en brujería o leyendas aterradoras bajo la influencia del cristianismo.

Igualmente hemos teorizado sobre el posible motor espiritual religioso vinculado a las mänerbünde celtiberas relacionado con el culto al lobo celta hispano, el dios Vaelico. Aceptando como muy posible, que entre los pueblos indoeuropeos de la península, existieran cofradías guerreras entregadas al espíritu del lobo, igual que existían en la alta edad media nórdica.

Sin ninguna duda cada vez que hacemos referencia al mito del hombre lobo en un libro, o película de terror. Debemos de contextualizar el fenómeno, sabiendo que en realidad nos estamos remontando a una tradición antiquísima, que ahonda sus raíces en nuestro pasado más atávico. Un tiempo en el que  todos nosotros no éramos más que cazadores en busca de presas. Buscando en la magia, la religión y la espiritualidad, esa ayuda del mundo animal, que necesitábamos para comer y sobrevivir en una naturaleza hostil. 

ALVAR ORDOÑO (investigador histórico, y editor de los blogs: LA ERA DEL HIERRO, HISPANIA DE LOS VIKINGOS E HISPANIA BARBARORUM)

jueves, 15 de febrero de 2018

Adornos para camisas tradicionales castellanas semejantes a los adornos rusos

Dibujos sacados de fotografías de dechados del libro de María Paz Alfaya y López Los bordados populares en Segovia, Madrid, 1930, del catálogo del Museo Pedagógico textil, llamado Colección Pedagógico Textil de la Universidad Complutense de Madrid. Estudio e Inventario por María Angeles González Mena, Consejo Social de la Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 1994, y del Catálogo de bordados Instituto Valencia de Don Juan, Madrid, 1974, hecho también por María Angeles González Mena

jueves, 7 de diciembre de 2017

Las botargas de Navidad en Fuencemillán de Guadalajara

Una tradición castellana que camina a mitad entre lo terrorifico y lo fiestero, son las Botargas de Fuencemillan. Los orígenes de la creencia no están claros, y se remontan al siglo 19, aun cuando con todas luces seguramente sus orígenes habría que buscarlos muchísimo tiempo antes. Puede que en la edad media como proceder incluso de creencias populares anteriores. 

En Fuencemillan, un pueblecito de Guadalajara, existe la tradición de ceder las calles en víspera del día 25, a unos seres burlescos vestidos de arlequín, que toman las calles persiguiendo viejas, niños y jóvenes entre saltos grotescos y risotadas como si de una horda de demonios se tratara. Su objetivo era recoger comida por todas las casas hasta que el sol del día 24 se ocultaba, momento en el que desaparecen. Las viandas recolectadas por las "botargas" servían obviamente para merendar en la plaza del pueblo la tarde del día 25, en lo que podríamos definir como: un "aguinaldo" anticipado.

No queda claro su significado ni sus orígenes, pero como en otros muchos casos ocurre, muy posiblemente se trate de una alegoría a los espíritus del invierno anteriores al nacimiento de Cristo. Serían en realidad divinidades paganas convertidas en criaturas burlescas y demoníacas, bajo el cristianismo, quienes muestran su aceptación y pleitesía al nuevo Díos recogiendo el "aguinaldo" en forma de comida como ofrenda a la comunidad cristiana a la que previamente ha perseguido y atacado cuando acuden con las primeras luces del día a la Iglesia. Lugar en el que por cierto, la Botarga de Fuencemillan no puede entrar. Una vez mas un claro símbolo pagano frente al Dios vencedor y protector de los fieles frente a los ataques de los diablos procedentes de las creencias ancestrales.

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sábado, 22 de julio de 2017

El Colacho: la ceremonia «bautismal» en la que el demonio salta sobre bebés

Una vez al año a mediados de junio, el demonio corre libre en la aldea española de Castrillo de Murcia, en Burgos.

El festival de El Colacho, que mezcla ritos paganos y católicos y representa el triunfo del bien sobre el mal, se remonta a 1620 y tiene lugar en el domingo después de la festividad del Corpus Christi. Sus orígenes no están del todo claros, pero algunos historiadores creen que podría haber comenzado como ritual de la fertilidad.

Durante el festival, los «demonios» de máscaras rojas y amarillas corren por las calles profiriendo insultos contra los aldeanos y dándoles latigazos con una cola de caballo atada a una vara. Cuando los tambores anuncian la llegada del atabalero vestido de negro y con él aparecen los hombres devotos para expulsar al mal, da comienzo el salto del Colacho.

En una exhibición de infarto, los bebés que han nacido durante el año anterior se colocan sobre un colchón en la calle mientras los hombres disfrazados saltan sobre ellos. Como si fuera una especie de bautismo, se cree que el demonio absorbe los pecados de los bebés y les proporciona protección frente a las enfermedades y las desgracias. Los espectadores que llenan las calles también regañan al Colacho para evitar su propia mala suerte el año siguiente. Después, se echa sobre los bebés unos pétalos de rosa y sus padres los recogen de inmediato.

Tradicionalmente, la fiesta solo incluía a bebés de la aldea, pero en los últimos años gente de todo el mundo ha viajado a este pueblo del norte de España para participar. Hasta la fecha, no ha habido informes de lesiones, sin embargo, la práctica es todavía motivo de debate dentro de la Iglesia católica.

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domingo, 28 de mayo de 2017

Camisa tradicional bordada del Barraco (Ávila)

Camiseta de traje regional con bordados rojos del siglo 19 de la zona de Barraco en Ávila. Los elementos decorativos recuerdan muchísimo a los empleados por los trajes regionales ucranianos y rusos del mismo siglo. 


viernes, 16 de diciembre de 2016

Los espiritus del otoño llegan a Castilla

En Hoyocasualos, Avila, todos los años por estas fechas los viejos espírítus del otoño son representados en una fiesta popular. Como gran parte de las fiestas y tradiciones actuales, se remonta a épocas antiquísimas en las que el paganismo y el cristianismo se fusionaban en una difícil formula de entendimiento para la mentalidad del siglo XXI. 

Afortunadamente son muchos los pueblos de la geografía castellana que aun conservan sus tradiciones mas ancestrales, su seña de identidad como parte de un patrimonio cultural propio que hay que mantener.




sábado, 23 de febrero de 2013

Alta Sierra Pelendona propone la IV NOCHE DE MARZAS, en Revenga

Sábado, 2 de Marzo de 2013, 20 horas

Puedes participar como:
- Músico de instrumento tradicional (incluida botella de anís)
- Cantor (“marcero”), representando a tu localidad
- Pinche de hoguera (para brasas y choricillos)
- Ambientación de escena e indumentaria tradicional (no olvidar el disfraz de árbol)
- Público y amigo con ganas de disfrutar del año nuevo celtíbero.

Contamos con la presencia, a título personal, de la Coral de Pinares, para compartir las Marzas de:

-
SALAS
- BARBADILLO DEL MERCADO
- ... (¿?)

Puedes visitar el enlace donde se exponen la argumentación, letras, y diversas muestras:


Confirma tu participación y/o reserva tu cena en este remite, o en el 619148275
Por favor, ayúdanos a publicitar el Encuentro. Reenvía.

Gracias,
Alta Sierra Pelendona