viernes, 10 de julio de 2026
domingo, 14 de junio de 2026
Los íberos y la cuestión genética: continuidad biológica y diversidad cultural en la Hispania prerromana (últimos estudios genéticos)
Desde que apareció la genética en la arqueología, son constantes los cambios que observamos en la historia. Tambaleando en muchas ocasiones, los cimientos y conceptos sobre los que habíamos asentado nuestras creencias por décadas e incluso siglos.
Hace poco ví una noticia referida a la genética de los iberos, un estudio bastante interesante, que pone al traste muchas de las cosas que se creían. Y aun cuando bien es cierto, que todos estos conceptos deben de ser tomados con cautela, pues ya de por si el estudio genético realizado, suele estar reducido a poblaciones considerablemente pequeñas de población ( en este caso 54 individuos), si que valen para tener una nueva idea o aproximación sobre cual podría haber sido la genética de las poblaciones ibéricas del noroeste peninsular.
Y es que durante décadas, la historiografía tradicional presentó a los pueblos prerromanos de la Península Ibérica como entidades étnicas claramente diferenciadas. En esa visión clásica, los íberos aparecían como poblaciones autóctonas preindoeuropeas asentadas en la fachada mediterránea, mientras que celtas y celtíberos eran interpretados como pueblos invasores de origen indoeuropeo llegados desde Europa continental. Sin embargo, los avances recientes en arqueogenética están modificando profundamente esta interpretación, mostrando un panorama mucho más complejo y matizado.
Un estudio publicado en 2026 y difundido por medios especializados como La Brújula Verde sostiene que las poblaciones íberas del noreste peninsular mantuvieron una notable continuidad genética durante aproximadamente seis siglos, a pesar de su intenso contacto con fenicios, griegos y posteriormente cartagineses. El análisis de ADN antiguo procedente de diversos yacimientos arqueológicos reveló que la composición biológica de estas comunidades permaneció relativamente estable desde la Primera Edad del Hierro hasta la romanización.
Esta conclusión resulta especialmente significativa porque contradice antiguas hipótesis que interpretaban la aparición de la cultura ibérica como consecuencia de migraciones masivas procedentes del Mediterráneo oriental, incluso planteando que los iberos fueran pueblos del mar, o exiliados de Egipto.
Los datos genéticos actuales indican, por el contrario, que los íberos fueron esencialmente descendientes de poblaciones locales que habían habitado la Península desde épocas anteriores. La influencia fenicia y griega existió, y fue enorme en términos culturales y económicos, pero no implicó un reemplazo demográfico sustancial.
No obstante, uno de los aspectos más interesantes de estos estudios es que muchos de los individuos analizados portaban el haplogrupo paterno R1b, un linaje asociado a las migraciones esteparias de la Edad del Bronce que transformaron genéticamente gran parte de Europa occidental entre el III y II milenio a.C. Este dato tiene implicaciones importantes para comprender la verdadera naturaleza de las poblaciones ibéricas.
Tradicionalmente se había tendido a identificar lo “preindoeuropeo” con una supuesta continuidad genética neolítica o paleolítica, diferenciada de las poblaciones célticas posteriores. Sin embargo, la arqueogenética moderna demuestra que esta asociación resulta simplista. La expansión de poblaciones con ascendencia esteparia y linajes R1b afectó a buena parte de la Península Ibérica, tanto a regiones posteriormente celtizadas como a aquellas que desarrollaron culturas no indoeuropeas.
En consecuencia, íberos y celtíberos probablemente compartían una base genética relativamente similar. Ambos grupos descendían en gran medida de poblaciones mezcladas surgidas tras las migraciones de la Edad del Bronce. Las diferencias entre ellos no eran tanto biológicas como lingüísticas y culturales. Mientras los celtíberos, y poblaciones de las mesetas indoeuropeas (celtas) hablaban lenguas célticas, mantenían cultura celta y tenían dioses celtas, claramente indoeuropeas, los íberos conservaron una lengua no indoeuropea cuya filiación exacta sigue siendo discutida. Del mismo modo, sus estructuras sociales, sus formas urbanas y sus influencias culturales divergieron notablemente, estando el mundo ibero mas influenciado por el mundo mediterraneo y pre indoeuropeo en su aspecto cultural y artistico (no genético)
La cultura ibérica se desarrolló en estrecho contacto con el Mediterráneo colonial. Fenicios y griegos introdujeron sistemas de escritura, redes comerciales, nuevas formas artísticas y modelos urbanos que transformaron profundamente las sociedades indígenas de la costa oriental y meridional de Hispania. Sin embargo, esta mediterraneización cultural no implicó necesariamente una sustitución poblacional. Los íberos adoptaron elementos culturales externos mientras mantenían una continuidad biológica esencialmente local.
Este fenómeno no es excepcional en la historia humana. Numerosos pueblos han cambiado de lengua, religión o cultura sin experimentar grandes alteraciones genéticas. El caso de los íberos demuestra precisamente que genética y cultura no son categorías equivalentes. Compartir determinados linajes biológicos no implica hablar la misma lengua ni poseer la misma identidad colectiva.
De hecho, el propio concepto de “pueblo” en la Antigüedad debe entenderse de manera mucho más flexible de lo que sugerían las interpretaciones nacionalistas del siglo XIX. En parte porque en aquellos tiempos, el pueblo o los estados nación, no estaban tan ligados a la territorialidad de un lugar, como al parentesco étnico y racial que tenían sus gens entre ellos. Así pues, por ejemplo en el tema de los iberos.. hablaríamos de distintas tribus que ocupaban un territorio amplísimo, pero que por su semejanza física, cultural, étnica, linguistica, fueron llamados todos ellos con el nombre de Iberos por cartagineses, griegos y romanos. Pueblos extranjeros todos ellos, que si observaron semejanzas entre los habitantes de una zona que mantenían parentestco étnico y cultural entre si, a pesar de formar parte de tribus distintas.
En este contexto, la Península Ibérica prerromana aparece cada vez menos como un mosaico de razas separadas y más como un espacio de interacción continua entre comunidades emparentadas biológicamente pero diferenciadas por sus tradiciones culturales y lingüísticas. La llegada de Roma sí produjo posteriormente un cambio demográfico mucho más intenso, incorporando poblaciones procedentes de múltiples regiones del Mediterráneo y favoreciendo una integración genética a gran escala dentro del Imperio.
Los nuevos estudios arqueogenéticos no eliminan las diferencias entre íberos y celtas, pero obligan a reinterpretarlas. Más que pueblos radicalmente distintos desde un punto de vista biológico, probablemente fueron sociedades vecinas surgidas de una base poblacional común, que evolucionaron de manera diferente según sus contactos culturales, sus lenguas y sus procesos históricos particulares. Seguramente las poblaciones iberas de las costas mediterraneas no dejaban de ser "hispanos" emparentados con los celtiberos del interior mesetario, desde la propia llegada de las oleadas de yamnayas a Iberia. Momento en el que el mundo pre indoeuropeo desaparece paulatinamente, ante el empuje de los guerreros indoeuropeos llegados de las estepas. Algo que afecto por igual en mayor o menor porcentaje genetico tanto a iberos como a celtas de las mesetas y norte peninsular.
lunes, 7 de julio de 2025
Sobre la exposición y los yelmos celtiberos de Aranda del Moncayo
Recientemente ha tenido lugar la inauguración de una exposición temporal en el museo arqueológico nacional de Madrid. Bajo el titulo de Alas Para la guerra, Aratis y la Celtiberia, se nos muestran desde el 24 de Junio hasta el 5 de Octubre, distintas piezas arqueológicas relacionadas con el yacimiento de Aranda de Moncayo. Siendo sin ninguna duda los restos de los populares yelmos celtiberos, las piezas estrellas de la exposición.
La visita es gratuita, y aun
cuando no es muy extensa en tamaño, si que merece la pena visitarla. Digamos
que la misma se divide en varias salas, siendo la primera de ellas donde se nos
cuenta la historia de Aratis, la ciudad celta en la que se encontraron los
populares cascos. Posteriormente se nos expone algunos datos básicos sobre su
sociedad, territorio, guerra, la violencia, la panoplia militar, y el final del
guerrero visto desde un aspecto religioso.
Sobre los cascos de Aranda de
Moncayo, decir que fueron encontrados en el año 1993, en unas fincas privadas
adyacentes al yacimiento arqueológico. El terreno fue comprado por Ricardo
Granada Pérez, quien al encontrar las piezas las escondió en la localidad de
Utebo, para posteriormente venderlas en subastas arqueológicas. De todo ello
hay numerosa información en redes sociales, por lo que no voy a detenerme
demasiado en la rocambolesca historia.
Decir no obstante, que fueron
encontrados 18 cascos, de los cuales 7 fueron recuperados y devueltos a España.
Encontrándose actualmente expuestos en el museo de Zaragoza. En el año 2020 se
recuperó un octavo casco, habiéndose conseguido por tanto 8 de las 18 piezas
originales.
Resulta extraño que en una zona
tan pequeña, se hallaran 18 yelmos, pues estos elementos no debían de ser
comunes a todos los guerreros. Quedando su utilización casi de forma exclusiva
para elites aristócratas de las tribus o clanes locales. Se sabe que uno de los
rituales celtas peninsulares, consistía en arrojar armas y yelmos a las aguas
tras la muerte del guerrero. Causa que podría explicar la poca cantidad de
material relacionado con estos elementos encontrados en Iberia.
También se ha teorizado sobre el
posible significado de los mismos. Algunos autores apuntan a un uso ceremonial
o simbólico, es decir, no eran cascos utilizados para la guerra como tal. Sino
solo para ceremonias concretas de exaltación de los héroes o de los dioses. Algo
que podría estar relacionado con otros elementos similares en distintos siglos
y puntos del continente, como por ejemplo los cascos de Vikso, en la edad del
bronce danesa. O los yelmos de Sotton Hoo en la alta edad media anglosajona. En
ambos casos, los cascos encontrados están adornados con símbolos como cuernos o
escenas ritualisticas de la mitología escandinava, aceptándose a día de hoy, que serían más propios del mundo ritual germánico
que del mundo bélico practico.
¿Ocurrió lo mismo con los yelmos
celtiberos de Aratis?. ¿Eran ceremoniales y no prácticos?. Me temo que es algo
que no puede demostrarse actualmente, y dicha teoría forma parte de otras
muchas expuestas sobre el tema. Los defensores de la hipótesis ritual, sostienen
lo poco útil que resulta combatir con yelmos tan adornados y decorados. Quedando
por tanto, solo la teoría del uso ceremonial como presumiblemente razonable. De
ese modo, los cascos de Aranda del Moncayo serían piezas “religiosas” ofrecidas
a los dioses, o que intentaban representar a los dioses por medio de la
exageración de atributos heroizantes como cuernos o alas.
Una segunda teoría asociada, nos
plantea la posibilidad de que no fueran de uso ritual, sino representación del
estatus social. En tal caso los yelmos seguirían sin ser prácticos para el
combate, y únicamente mostrarían el poder y prestigio de su propietario.
A este respecto es interesante
recuperar la idea expuesta por el historiador Manuel Bendala, en su libro
“Tartesios, iberos y celtas”. En ella expone una curiosa hipótesis relacionada
con la simbología de la cornamenta en las representaciones de guerreros de las
mal llamadas estelas tartesicas del bronce hispano. El escritor plantea de
manera textual lo siguiente:
(..) La cultura material de la primera época de Tartesos deja traslucir una
sociedad jerarquizada, cuyo más alto nivel lo ocupa el grupo o clase que retratan tan particularmente las estelas
grabadas. Se percibe en ellas una casta superior, cuyos componentes ejercen como
guerreros (..) Se hace constar en la posesión de signos de distinción muy
exclusivos, y en la recepción y ofrecimiento de ceremonias que sirven de
recordatorio colectivo de sus virtudes o privilegios de clase.
(..) El hecho frecuente de que los guerreros de las estelas estén tocados
de cascos de cuernos, en algún caso enormes, como para hacer bien visibles sus
valores y su significado (..) El guerrero de la estela de Fuente de Cantos
(Badajoz) luce uno de estos cascos de cuernos desmesurados. Parece que muestran
aquí un sentido heroizador, que remite a
la vieja tradición mesopotámica en la que aparecen los cascos o tiaras de
cuernos como atributos de los dioses (..)
Es decir, los cuernos como
elemento decorador en los cascos de guerreros de las estelas del bronce hispano,
representarían atributos divinos. A este respecto, no puedo dejar de relacionar
la semejanza de los yelmos de Aranda de Moncayo, con la simbología de los
cuernos tartesicos, y la posibilidad real de que mas allá que fueran elementos
para la guerra, tuvieran un significado ritual o religioso puramente nativo, el
cual perduraría en la antropología cultural hispana desde la edad del bronce
hasta la edad del hierro.
Otra característica de las piezas
de Aratis que ha servido para especular sobre la posible practica de combate y
su utilización, ha sido la falta de una protección facial. Lo cual ha sido
interpretado como prueba de un estilo de combate individual entre soldados.
Dicho de otra forma, los guerreros celtiberos no practicaban el combate de tipo
“falanges” o “muro de escudos”, sino combates individuales de guerreros contra
guerreros. Especulándose nuevamente que dicha práctica podría estar asociada a
combates rituales, como los llevados a cabo durante el funeral de Viriato. En
cuyo caso, estaríamos una vez más ante la suposición de que los cascos de
Aranda de Moncayo, serían ceremoniales y no funcionales.
Respecto a la simbología de los
cascos celtiberos, es destacable que algunos de ellos estaban adornados con
elementos espirales de carácter solar. Como los de la tumba A de la necrópolis
del Val, en Alpaquense, Guadalajara. Lo cual podría ser interpretado como un símbolo
protector, o incluso heroizante de cara al más allá. En una cerámica de
Numancia se aprecian dos figuras que llevan un casco con cuernos, y otro que
asemeja un animal con las fauces abiertas. Según Alberto Lorrio, este tipo de
elementos estarían vinculados con una herencia de la cultura de La Tene
(segundad edad del hierro celta).
Y es que los yelmos de la
celtibería, son propios y originales de Hispania, sin parecido en el mundo
celta. Pero recibieron influencia de distintas poblaciones con las que los
viejos celtas hispanos tuvieron contacto. Algo fácilmente demostrable por la
comparación entre diferentes yelmos calcídicos. Las piezas en cuestión fueron
influenciadas por el mundo greco romano, evolucionando desde los cascos griegos
e itálicos.
Al igual que estos, tienen una
calota lisa, un nasal reforzado que divide las aperturas para los ojos,
guardanucas plano, carrilleras móviles, y adornos tanto orgánicos como
metálicos. Incorporando en el caso celtibero, eso sí, elementos nativos propios
del mundo cultural del hierro peninsular.
Su origen seguramente gira en
torno al siglo 4 en el sur de Italia. Donde los mercenarios celtas de Hispania
los conocerían y traerían a la península. Sufriendo en los sucesivos años y
siglos, algunas variaciones autóctonas, como la incorporación de piezas
simbólicas, tales como alas o “cuernos”. Pudiéndose apreciar en algunos de
ellos igualmente imágenes de serpientes. Animales sagrados para algunas
sociedades celtas europeas.
En relación con lo citado previamente, y hablando nuevamente sobre lo extraño de la cantidad de las piezas encontradas en una zona muy pequeña. Se plantean varias posibilidades. Una de ellas teoriza sobre la existencia de un pequeño ejército financiado por el contexto de la expansión celtibera de esos siglos. Un momento concreto en el que confluyeron varios jefes y caudillos en una misma zona. Otra, quizás más mitológica, relacionaría el lugar con un posible santuario al dios de la guerra celta. Significando la acumulación de cascos una ofrenda puntual a la divinidad, ya que casi todos presentan una homogeneidad que descarta que podamos estar hablando de ofrendas acumuladas a lo largo del tiempo.
Esto supondría un acontecimiento único en un
momento único, que forzó a los celtiberos de Aratis, a ofrecer una gran
cantidad de yelmos con atributos nativos y heroizantes en busca del favor del
Dios. todo ello dentro de un contexto histórico y social que desconocemos.
Alvar Ordoño / la era del hierro blog / 2025
domingo, 5 de junio de 2022
Los guerreros de las estelas funerarias del bronce andaluz y extremeño
(...) Las estelas funerarias de guerreros, una extraordinaria consecuencia de cuanto he comentado en las páginas precedentes: la importancia de la guerra y de los guerreros en las etapas formativas de las sociedades estatales antiguas, de la proyección de su preeminencia social en la ritualidad funeraria, y de la necesidad de dejar constancia de todo ello en creaciones materiales y artísticas tan expresivas y eficaces como fuera posible.
Las estelas tartesicas de guerreros se reparten por un amplia región del suroeste peninsular, desde la baja Andalucía hasta muy tierra adentro, con una alta concentración en Extremadura y bastantes ejemplares hallados en las provincias de Ciudad Real y Toledo. Han aparecido prácticamente siempre removidas de su lugar originario.
Su dispersión geográfica dibuja un interesante mapa del área de acción de Tartessos desde sus etapas formativas, sobre todo la profunda penetración interior, expresión de una acentuada vocación de dominio territorial.
Las estelas consisten en figuras humanas y armas, a menudo acompañadas de un carro junto con algunos otros objetos. Son dibujos de una aparente simpleza, pero de gran significación a poco que se comprendan las claves a que obedecen. Su aparente simpleza no es consecuencia de una también presunta simplicidad social, sino todo lo contrario.
Con dibujos muy abstractos, geometrizantes, las más de las estelas se reducen a la representación de tres armas: un escudo circular, generalmente con una característica escotadura angular, enmarcado arriba y abajo por una lanza y una espada. Éste es el esquema básico que bastantes estelas completan con el añadido de otros elementos, el más importante de los cuales suele ser un carro, y en el que pueden figurar una o más figuras humanas. En todas se destaca la importancia compositiva del escudo, sobre todo en las más complejas, ya que suele seguir ocupando el lugar central y es representado a mucha mayor escala que otras figuras, incluidas las humanas o los carros que resultan especialmente diminutos a su lado (puede comprobarse en las estelas de Solana de Cabañas. en Logrosan, la de Torrejón del Rubio I o la de Zarza de Montanchez.)
De todo ello ha de suponerse para el escudo una especial significación, seguramente por ser un elemento identificativo del grupo o pueblo al que pertenece, aunque quepan otras posibilidades de interpretación.
Desde que se hizo común la guerra entre los pueblos en armas, los escudos cobraron una gran importancia como elementos de protección. Convertidos en algunos casos en verdaderos fetiches en un fenómeno fácilmente entendible en la Antiguedad.
Desde esa época alcanzo los tiempos medievales o modernos con los blasones o escudos de armas familiares, con expresión del simbolismo y peso del apellido o linajes. Bastaría para resumir la idea con decir que las estelas significan algo así como el comienzo de los conceptos y representaciones de los que se ocupa la heráldica.
El esquematismo y el convencionalismo de las formas se hacen patentes de manera muy acusada en la representación de las figuras humanas y de los carros. las primeras obedecen siempre a la reducción sintética de un esquemático monigote geométrico ; los carros por su parte son la mas clara expresión de un esquema convencional de dos ruedas, con caja curva por delante y barandillas para la subida, con un tiro de dos caballos sujetos en su parte delantera.
Estos datos son suficientes como para clasificarlos como carros de guerra típicamente mediterráneos, mas exactamente egeos de finales del segundo milenio o comienzos del primero antes de la era y cercanos a los mundos griegos y micénico.
Ciertos detalles de las ruedas permiten deducir aquí que tienen una significación más ritual que estrictamente guerrera. La de ser expresión de juegos en honor al difunto. Carreras como las que se practicaban en Grecia con sentido funerario, o según creo mas probable, la de servir como vehículo heroizador para el viaje al más allá, al cual llegaría el guerrero caído gloriosamente montado en un carro.
El origen de ambas cosas está, sin duda, en el uso de ese tipo de carros de guerra. Seguramente el carro de guerra como tal nunca llegó a ser usado por los tartesios y las estelas reflejan un lenguaje formal, conceptual y simbólico.
la cultura material de la primera época de Tartesos deja traslucir una sociedad jerarquizada, cuyo más alto nivel lo ocupa el grupo clase que se refleja en las estelas. se percibe en ellas una casta superior, cuyos componentes ejercen como guerreros.
El hecho frecuente de que los guerreros de las estelas estén tocados de cuernos en algún caso enormes, como para hacer bien visibles sus valores y su significado. Pueden evidenciar el uso de cascos emparentados con los pueblos Shardana.
Pero el casco de cuernos, cuando parece un casco de uso guerrero, tiene astas de reducidas dimensiones con las connotaciones que sea, un elemento distintivo, de prestigio o de adorno que no debía resultar pesado o incomodo. Sin embargo cuando se trata de un atributo pueden los cuernos agrandarse hasta lo imposible. El guerrero de la estela de Fuente de Cantos (Badajoz) luce uno de estos cascos de cuernos descomunales. Parece que muestran aquí un sentido heroizante que remite a la vieja tradición mesopotámica en la que aparecen los cascos o tiaras de cuernos como atributos de los dioses. Astas grandes en los yelmos podían significar mucho poder, como el que tenía el dios solar Shamash. (..)
MANUEL BENDALA GALÁN - tartesios, Iberos y celtas
sábado, 3 de agosto de 2019
Indortes, un caudillo ibero contra Amílcar
Antonio Alburquerque Pérez, Indortes e Istolacio, Orisón, Indíbil y Mandonio, 1988.










