El siguiente texto fue escrito a inicios del año 2026, formando parte de un estudio mas extenso que publiqué en un fanzine distribuido en PDF llamado: Lobos Hechizados, la licantropía en la Castilla del siglo XIX.
En dicho artículo, el cual podéis encontrar en mi patreon, abordaba de una forma extensa el origen del mito del hombre lobo, y especialmente de la tradición folklórica de dicho mito en su ámbito castellano.
El extracto que os comparto a continuación, se llama: el Loberíco de Albadalejo y el campo de Montiel. En líneas generales, trata de una tradición actual castellano manchega, que ahonda sus raíces folklóricas en creencias propias del siglo XIX, enlazadas con las creencias populares de los Lobos Hechizados de las dos castillas.
Es posible por tanto, que al leer solo este extracto del articulo en cuestión, no se entienda en su totalidad. Pues el mismo fue escrito como complemento de un estudio mas amplio. En cualquier caso espero que os guste, y que sepáis entenderle como parte de un contexto mayor y más amplio que englobaría todo lo que es la tradición del mito del hombre lobo en Castilla a lo largo del siglo XIX.
(..) Me veo obligado a tratar de forma concreta y
personal, la figura del Loberico de Castilla la Nueva, una figura carnavalesca
relacionada con las mascaradas invernales castellanas.
En lo estrictamente folclórico, es un personaje
enmascarado, de aspecto salvaje, Suele vestir pieles de animales, llevar
cencerros, la cara pintada de negro o cubierta con una máscara animal, y a
veces va armado con palos o utensilios para hacer ruido.
Durante el Carnaval recorre las calles
asustando y provocando a la gente, especialmente a niños y jóvenes,
siempre en tono festivo. Se ha teorizado mucho sobre el posible origen del
personaje, relacionándolo normalmente como una representación de lo animal, lo
indómito y lo transgresor. Elementos, por otro lado, típicos de las fiestas y
las mascaradas de invierno castellana que simbolizan el caos antes del orden
primaveral.
El loberico en la actualidad,
está emparentado en las fiestas patronales con otras figuras manchegas y
castellanas como las botargas, los zangarrones o los diablos de
Carnaval. Pero lo que oculta en su transfondo tradicional, es la
creencia en la licantropía de las gentes de Castilla. Hoy en día se mantiene
como seña de identidad cultural de Albadalejo, gracias a la
participación vecinal y a la recuperación de tradiciones.
No obstante, Desde una
perspectiva histórico-antropológica, la figura del Loberico puede interpretarse
como una derivación folclorizada de creencias mucho más antiguas, vinculadas a
la tradición castellana del lobo hechizado o lobo encantado, ampliamente documentada
en la literatura oral del siglo XIX e incluso en fuentes anteriores. Aunque en
la actualidad el Loberico se manifiesta como un personaje festivo integrado en
el ciclo carnavalesco, su trasfondo simbólico remite a un imaginario rural
donde la licantropía era concebida como una posibilidad real, o al menos
verosímil, dentro del sistema de creencias populares.
Julio Caro Baroja, en sus estudios sobre las mascaradas de invierno
y el Carnaval peninsular, señala que muchas de estas figuras rituales proceden
de antiguas representaciones del mal, lo animal y lo marginal,
posteriormente domesticadas por la cultura festiva (Caro Baroja, El carnaval, 1965).
En este sentido, el Loberico participa de un proceso similar: una figura
originalmente temida, asociada a la pérdida de la condición humana,
que es progresivamente absorbida por el ritual colectivo hasta convertirse en
un elemento identitario y lúdico. Tal como recoge Lisón Tolosana en sus análisis sobre
creencias mágicas y marginalidad (Antropología cultural de España,
1971), la transformación en animal suele interpretarse como consecuencia de una
falta, un castigo o una situación liminal, lo que refuerza su carácter de figura
ejemplarizante dentro del relato popular. Esta ambigüedad moral se
refleja en el Loberico, que no es un ser completamente maligno, sino un
personaje que transgrede, asusta y provoca, pero sin romper
definitivamente el marco comunitario.
Desde el punto de vista
simbólico, la hibridación hombre-animal constituye un motivo
recurrente en las culturas europeas, especialmente en aquellas de base
pastoril. Claude Lévi-Strauss subrayó que los animales, en el pensamiento
simbólico, funcionan como operadores conceptuales que permiten
expresar tensiones sociales y contradicciones internas (La pensée sauvage,
1962). El lobo, en particular, ocupa un lugar central en el imaginario
castellano como encarnación de lo salvaje, lo nocturno y lo exterior a la
comunidad, lo que explica su frecuente asociación con relatos de hechicería y
licantropía del siglo XIX.

El Carnaval, como marco
ritual en el que se inscribe actualmente el Loberico, actúa como un espacio de
inversión simbólica del orden social. Siguiendo a Mijaíl Bajtín (La
cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento, 1965), el tiempo
carnavalesco permite la suspensión temporal de normas, la burla del miedo y la
materialización de lo grotesco. En este contexto, la figura del lobo hechizado
deja de ser un motivo de terror para convertirse en una presencia
controlada y ritualizada, integrada en la fiesta.
No obstante, esta
transformación no implica una pérdida total de significado. Como apunta Victor
Turner en su teoría de la liminalidad (The Ritual Process,
1969), los personajes que actúan en los márgenes del orden social cumplen una
función esencial en los rituales de tránsito. En ellos el Loberico encarna
precisamente esa condición liminar: ni completamente humano ni plenamente
animal, ni peligro real ni simple máscara, situándose en un espacio simbólico
intermedio que remite directamente a las antiguas creencias en la licantropía.
Por tanto, puede afirmarse
que el Loberico de Albadalejo constituye un ejemplo paradigmático de
continuidad cultural, en el que una creencia ancestral (la del lobo
hechizado) ha sido reinterpretada y resignificada dentro de un marco festivo
contemporáneo.
Su pervivencia demuestra cómo
las comunidades rurales han sabido canalizar narrativas de miedo y
exclusión a través del ritual, transformando la leyenda en patrimonio
cultural y la superstición en tradición. O lo que es lo mismo, el Loberico
representa en la actualidad, el miedo ancestral a la figura del Lobo Hechizado
en el pasado, mezclado con distintos elementos de corte pagano que vinculan a
los Españoles del siglo presente, con los arcaicos habitantes de la península
ibérica desde la edad de piedra, al menos en su aspecto cultural y tradicional ( algo que ya trate en: los orígenes paganos
del hombre lobo 2025).
Alvar Ordoño - Lobos Hechizados, la licantropía en la Castilla del siglo XIX - El loberico de ALbadalejo y el campo de Montiel - 2026 -