En esta ocasión os voy a hablar del denominado spangenhelm con protección nasal, el cual constituye uno de los tipos de casco más difundidos en la Europa altomedieval, siendo ampliamente reconocido tanto en contextos cristianos como escandinavos. Su uso se documenta, al menos, desde el siglo IX, momento en el cual se consolida como una pieza fundamental del equipo defensivo de las élites guerreras.
Durante el siglo IX, este tipo de casco se caracterizaba por una construcción segmentada: varias placas metálicas se ensamblaban mediante remaches sobre una estructura, generalmente reforzada por bandas (los spangen), que convergían en la parte superior. Este sistema permitía una fabricación relativamente eficiente y adaptable, lo que favoreció su amplia difusión por Europa occidental.
A lo largo del siglo X se observa una fase de transición en su desarrollo técnico. Progresivamente, el modelo segmentado fue dando paso a cascos forjados en una sola pieza de metal, eliminando la necesidad de remaches estructurales. Este proceso culmina en el siglo XI con la aparición de formas más evolucionadas, como el denominado tipo “Olmutz”, en el que tanto la calota como el nasal se integran en una única estructura metálica.
Desde el punto de vista tipológico, el casco mantiene una notable continuidad: un capacete de forma semiesférica o cónica provisto de protección nasal. No obstante, el cambio en las técnicas de fabricación supone una mejora significativa en términos de resistencia y durabilidad.
En el ámbito de la Península Ibérica, este tipo de casco tuvo una notable presencia entre los siglos IX y XI, siendo probablemente uno de los más utilizados por las élites militares y los caballeros. Su difusión en este territorio se inscribe dentro de un contexto más amplio de intercambios culturales y tecnológicos en la Europa medieval.
Resulta particularmente significativo que este modelo terminara por imponerse también en el mundo escandinavo. Mientras que los cascos de los siglos IX y comienzos del X en Escandinavia presentan características propias, en el siglo XI se observa una clara convergencia hacia formas más comunes en Europa occidental. En consecuencia, la imagen del guerrero escandinavo de este periodo se aproxima más a la de sus contemporáneos francos o hispanos que a la de los vikingos de épocas anteriores.






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