sábado, 28 de febrero de 2026

Caballero Castellano de finales del siglo XI y de inicios del siglo XII basado en la ermita de San Miguel de Gormaz

Basado en la iconografía pictórica de la ermita soriana de San Miguel de Gormaz, donde se ve como varios caballeros armados con cotas de malla, caballos, almofar en sus cabezas y yelmos con protección nasal de tipo Olmutz compuestos de una sola pieza de metal, cabalgan al combate enfrentandose entre ellos. 

En la imagen recreada, un caballero vigila en los campos castellanos, como trabajan los campesinos realizando sus tareas diarias en beneficio del noble o señor local. Obligación que en Castilla y el viejo reino leones, recibía el nombre de Corveas o Sernas. Se trataba de trabajos periódicos en los campos bajo regencia de nobleza señorial, en beneficio del alfoz o señorío.  La ermita de San Miguel de Gormaz (en la provincia de Soria, España) es un templo medieval cuya construcción principal se sitúa entre los siglos XI y XII, poco después de que Fernando I conquistase la fortaleza de Gormaz en la década de 1060 y se repoblase la zona bajo dominio cristiano.

Hay indicios de que la ermita pudo tener un origen muy anterior (posiblemente visigodo, siglo VI) en el mismo emplazamiento, aunque la construcción actual corresponde a la época medieval tras la Reconquista cristiana.

Los trabajos señalados de las Corveas, consistían en prestaciones obligatorias que los campesinos debían al señor. Estos trabajos no se pagaban, y solían consistir en labrar las tierras, reparar caminos, cuidar al ganado etc. Normalmente se realizaban durante varios días al año. Su termino procede del latín  corrogata opera y fue común en gran parte de la Europa medieval.

El el termino Sernas, tiene una relación muy similar, si bien fue mas común en los reinos de Castilla, león y Navarra. Igualmente se trataba de trabajos obligatorios para cultivar la tierra del señor, o bien trabajar los campos recogiendo la siega. 


viernes, 27 de febrero de 2026

Gardingo visigodo en el Norte de Hispania

En la siguiente imagen vemos la recreación de un gardingo visigodo del siglo VI, representado durante alguna de sus campañas en el norte de la península ibérica. La escena permite evocar la figura de estos nobles guerreros en su dimensión militar, lejos del palacio pero aún definidos por su condición de hombres de confianza del rey y miembros de su séquito armado.

En el entramado político del reino visigodo de Hispania, el palacio real constituyó mucho más que un espacio residencial: fue el núcleo efectivo del poder. En torno a la figura del monarca se articulaba un círculo de fidelidades personales que garantizaba la defensa, la administración y la proyección de la autoridad regia. Dentro de este ámbito destaca la presencia de los gardingos, cuya propia denominación remite a su función y posición. El término, de origen germánico (garding, vinculado a gard, “casa” o “recinto”), designaba al “hombre de la casa”, es decir, al integrante del séquito palatino unido al rey por lazos de lealtad directa.

La institución de los gardingos hunde sus raíces en la tradición germánica del comitatus, según la cual un jefe militar se rodeaba de guerreros nobles que le debían fidelidad personal a cambio de prestigio, botín y protección. En el contexto visigodo, este modelo se integró en la estructura política heredada del mundo romano, generando una aristocracia palatina que participaba activamente en el gobierno del reino. Los gardingos, por tanto, no fueron meros guardias, sino miembros de una élite cortesana con relevancia militar y política.

Su presencia en el palacio se manifestaba en funciones diversas. Actuaban como custodios de la persona real y del espacio palatino, pero también como consejeros y colaboradores en la toma de decisiones. La cercanía al monarca facilitaba su promoción a cargos administrativos o territoriales, así como el ejercicio de mandos militares en campañas y operaciones defensivas. En este sentido, los gardingos formaban parte de la red de poder que conectaba el centro palatino con el control efectivo del territorio.

La importancia de este grupo radica en que encarnaba el carácter personalista de la monarquía visigoda. En un sistema donde la elección del rey y las tensiones nobiliarias generaban frecuentes conflictos sucesorios, la fidelidad de los gardingos podía resultar decisiva tanto para sostener la estabilidad del trono como para favorecer su sustitución. Su figura ilustra, en definitiva, la centralidad del palacio como espacio político y la persistencia de formas germánicas de organización del poder en la Hispania de época visigoda.

De este modo, los gardingos deben entenderse como una aristocracia de proximidad al monarca: “hombres de la casa” cuya actividad en el ámbito palatino y en los mandos militares contribuyó a articular el funcionamiento y las dinámicas de poder del reino visigodo hasta su desaparición a comienzos del siglo VIII.

lunes, 16 de febrero de 2026

Fiesta de mascaras de la Baixada de Marela.

He hablado muchas veces de las festividades castellanas de las Mascaradas invernales. Unas fiestas de las cuales, incluso hice un video bastante interesante, a pesar de que casi no ha tenido visitas. Aún así, y estando emparentadas directamente, pocas veces he dedicado tiempo para hablar de otras festividades de mascaras carnavalescas españolas. Una de ellas, es la Baixada de Marelam en Galicia. 

Se realiza en el corazón de Redondela, allí donde las rías dibujan una geografía de agua y montes suaves, cada año la Baixada de Marela irrumpe en el calendario como un estallido de color, música y memoria compartida. No es solo una fiesta: es un gesto colectivo, una forma de contarse a sí mismos quiénes son y de dónde vienen.

La celebración suele tener lugar a finales del verano, cuando el calor empieza a aflojar y las noches invitan a quedarse en la calle. En ese momento del año, cuando el ciclo agrícola tradicional ya ha dado sus frutos y la comunidad se permite un respiro, la villa se transforma. Las mascaradas desfilan entre risas y tambores, los disfraces exageran rasgos, caricaturizan personajes y convierten la plaza en un escenario abierto. Todo parece espontáneo, casi improvisado, pero en el fondo late una tradición que hunde sus raíces en formas antiguas de celebración popular.

Porque, aunque la Baixada de Marela tenga una formulación contemporánea, su espíritu conecta con algo mucho más antiguo en Galicia: la cultura de la máscara. Desde el Entroido rural hasta las comparsas satíricas, la máscara en el noroeste peninsular ha sido históricamente un instrumento de inversión simbólica. Quien se cubre el rostro deja de ser individuo para convertirse en personaje; puede decir lo que normalmente callaría, puede exagerar defectos colectivos, puede reírse del poder o de sí mismo. Antropológicamente, estas prácticas han funcionado como válvulas de escape social, momentos ritualizados en los que el orden cotidiano se suspende para reforzarse después con más fuerza.

La “baixada”, esa bajada festiva que da nombre a la celebración, también tiene una dimensión simbólica: descender juntos, ocupar el espacio público, fundirse en una identidad compartida. Es un movimiento físico que representa otro más profundo, el de volver a la comunidad, reconocerse en ella y celebrarla. Así, entre música, ironía y disfraces, la Baixada de Marela se convierte en un espejo alegre donde Redondela se mira cada año y se reafirma, no como postal turística, sino como pueblo vivo que transforma la tradición en presente.








Reino Antiguo. Una cruz en las montañas.

Reino Antiguo es un grupo de temática folk que he creado mezclando música con teclados a la que incorporo Inteligencia Artificial para crear instrumentos medievales. El resultado es un estilo de folk medieval que suelo utilizar como banda sonora de los videos que hago en youtube.
Este nuevo trabajo he decidido llamarlo: Una cruz en las montañas, en honor al renacer de la restauratio hispánica en Covadonga. Un tiempo oscuro, aparentemente sin futuro para el reino godo. Pero todo cambio gracias a un grupo de rebeldes que ofrecieron resistencia al imperio del califato musulmán de Córdoba.

El título de las canciones es:
01 - Una cruz en las montañas
02 - Un juramento en el viejo dolmen
03 - Ad fonsatum Crux Vocat (La cruz llama al fonsado)
04 - El primer sol del reino.

Una cruz en las montañas, intenta representar con acordes musicales la proclamación en Asturias del reino Astur tras la batalla de Covadonga. Momento en el que Pelayo, fue alzado como rey del reino rebelde sobre un escudo, al estilo de los viejos monarca germánicos.

La segunda canción, un juramento en el viejo Dolmen, intenta representar el pacto de los nobles godos exiliados de Toledo con las poblaciones astures aisladas en las montañas, muchas de ellas cristianas, pero aun ancladas en supersticiones pagadas del pasado. En esas brumas, entre la cruz y los pastores de las montañas, nació la alianza que derrotaría al imperio mas poderoso del mundo en aquellos tiempos... el califato.

Ad Fonsatum Cruz Vocat, es una llamada al Fonsado.. obligación militar de todo hombre en edad militar de ofrecerse para combatir en defensa del reino. Y finalmente El primer sol del reino, representa el amanecer tras la batalla de Covadonga.. Muertos, heridos y doloridos.. Madres sin hijos e hijos sin padres... Muchos cayeron en Covadonga, gracias a lo cual otros muchos pudieron ver el primer sol del renacer de una nueva Hispania libre de la espada invasora.

Los interesados en escuchar la música, lo podéis hacer tras activar el modo miembros del Patreon de: Reino Antiguo- Una cruz en las montañas